negocios y lujo a la sombra de los drones
En las dos últimas semanas ha visto volar misiles y cazas sobre su cabeza, ha tenido que trabajar varios días confinado en casa por orden gubernamental y se ha enfrentado a una angustiosa yincana de vuelos cancelados, compra de nuevos billetes y sucesivas escalas aéreas para regresar a España. Sin embargo, Eric Fauró, alicantino de 28 años, transmite una desconcertante sensación de tranquilidad y confianza cuando habla de Dubái, la lujosa ciudad de Emiratos Árabes Unidos (EUA) donde ha vivido el último año.
[–>[–>[–>Su tono de voz contrasta con los mensajes de pánico que compartieron por las redes sociales los turistas que se vieron atrapados los aeropuertos del golfo Pérsico el pasado 28 de febrero cuando estalló la guerra de Irán, y con las llamadas de auxilio que lanzaron los ‘influencers’, muchos de ellos recién llegados a la ciudad, pidiendo que los rescataran.
[–> [–>[–>«En los grupos de Whatsapp de residentes en la zona hay intranquilidad porque nadie sabe cómo va a evolucionar la guerra, pero no existe la sensación de que el conflicto pueda amenazar este modelo de vida. Hay demasiado dinero invertido, demasiados intereses creados, a nadie le conviene que esto se vaya a pique», analizaba Fauró este pasado miércoles a las pocas horas de aterrizar en Madrid.
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Su reflexión es compartida por muchos de los 30.000 españoles que viven en los países del golfo Pérsico, donde se instalaron en los últimos años atraídos por las suculentas oportunidades de negocio y el exquisito nivel de vida que ofrecen ciudades como Dubái o Abu Dabi en EUA, o Doha en Catar.
[–>[–>[–>También por la sensación de seguridad que transmiten sus regímenes y se respira en sus calles, pero que ha saltado por los aires después de que Irán respondiera a los ataques de EEUU e Israel lanzando miles de misiles y drones sobre los países cercanos que albergan bases militares norteamericanas o que colaboran con Washington en su empeño de derrocar el régimen de los ayatolás.
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Columnas de humo en Bahréin tras ataque iraní / EFE
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Ataques
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En las dos primeras semanas de guerra, EUA ha reportado cuatro muertos y más de un centenar de heridos tras recibir 1.500 ataques iraníes con misiles y drones, algunos impactados contra bloques de viviendas o sobre el mismo aeropuerto. Las autoridades de Baréin llevan registrados nueve heridos y un fallecido desde el comienzo de la guerra, tras destruir 95 misiles y 165 drones iraníes, y la cifra de heridos en Catar asciende ya una veintena, la mayoría por caída de cascotes de edificios tras sufrir la colisión de drones.
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La amenaza ha ido aumentando con el paso de los días. Después de que Irán apuntara a los centros de datos de multinacionales tecnológicas norteamericanas instaladas en la zona, Nvidia y Amazon cerraron temporalmente sus oficinas en Dubái y este miércoles, a pocas horas de que EEUU bombardeara una sede bancaria en Teherán, el mando militar iraní declaró «objetivo militar» las oficinas de bancos estadounidenses situadas en países vecinos y recomendó a sus habitantes no acercarse a ellas «a menos de un kilómetro».
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Este panorama contrasta con la idea que tenían en sus cabezas los millones de profesionales de alto nivel que en los últimos años eligieron los países del golfo Pérsico como lugar de residencia y trabajo.
[–>[–>[–>Financieros, ingenieros, ejecutivos, desarrolladores de producto, influencers, nómadas digitales… Es la meca de los ‘expats’ de la economía global, hasta el punto de que en países como Emiratos y Catar, alrededor del 90% de la población es extranjera.
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Costeados por el dinero del petróleo y con el esfuerzo de la mano de obra barata llegada de Asia, ellos y sus faraónicos diseños han hecho realidad un delirio urbano de lujo y poderío en mitad del desierto que cada año se supera a sí mismo. Aquí está el edificio más alto del mundo –el Burj Khalifa de Dubái-, la isla artificial más extensa del planeta –la Palm Jebel Alí, con forma de palmera, ubicada en la costa dubaití-, y en enero se presentó Dubái Gold District, un proyecto para destinar al negocio del oro un barrio entero de la ciudad más populosa de EUA, de cuatro millones de habitantes. El enclave contará con una calle completamente forrada por el preciado metal.
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Hub logístico
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Pero no todo es fachada y fulgor en las apabullantes ciudades del golfo. Aquí se encuentra uno de los principales centros logísticos del planeta –en los aeropuertos de Doha, Dubái y Abu Dabi hacen escala cada año 350 millones de viajeros en ruta entre Asia y Occidente- y la zona se ha convertido en un ‘hub’ financiero y comercial único en el mundo.
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«Si te dedicas a los negocios a escala global, este es el lugar donde debes estar. Ningún otro sitio ofrece tantas facilidades para encontrar socios, cerrar acuerdos y poner en marcha proyectos», reconoce Ángel Gómez de Ágreda, militar en la reserva que vive y trabaja desde hace un año y medio en Doha como representante de una empresa española de logística con usos militares.
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No es el único: hasta 230 grandes compañías españolas, ellas entre algunas de las más cotizadas del Ibex, tienen oficinas con personal propio en Emiratos, desde donde ponen en marcha importantes inversiones en la zona y en todo el mundo en sectores como las infraestructuras, la logística, los servicios o la gastronomía.
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Atraído por su potencial económico, Eric Fauró se instaló en la primavera de 2025 en Dubái. En España trabajaba como consultor de software financiero para una multinacional, pero en la ciudad emiratí ha ejercido de agente inmobiliario, un sector en plena efervescencia hoy en la zona.
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«Hay muchos extranjeros, entre ellos muchos españoles, comprando casas en Emiratos como inversión porque el retorno es muy elevado», señala, aunque reconoce que el gran atractivo del modelo de negocio de los países del Golfo son «los impuestos», o más bien su ausencia. En Emiratos no existe el IRPF ni el impuesto de sociedades –solo se paga un 9% cuando los beneficios netos superan los 95.000 euros– y el consumo está tasado con un IVA básico del 5%. Todo lo demás son ganancias.
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Eric Fauró (agente inmobiliario en Dubai) / EPC
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No existe la sensación de que el conflicto pueda amenazar este modelo de vida. Hay demasiado dinero invertido, a nadie le conviene que esto se vaya a pique
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¿La guerra de Irán puede acabar con esta gallina de los huevos de oro? Fauró lo pone en duda: «Aquí la gente tiene una fe ciega en las autoridades y en su capacidad de influencia internacional para que este modelo de negocio siga funcionando y generando dinero», afirma, y pone como prueba la evolución del sector inmobiliario desde empezó la guerra: en la primera semana de marzo se cerraron 3.500 operaciones de compra-venta de viviendas por valor de casi 3.000 millones de euros, según el Departamento de Tierras de Dubai. Entre ellas, el 6 de marzo se cerró una de las operaciones más suculentas de la temporada: un exclusivo apartamento situado en el ático del complejo Aman Residence vendido por 100 millones de euros.
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La vuelta a casa del joven consultor español no responde a la guerra, sino a motivos personales, y estaba programada desde semanas atrás -regresa «contento de haber conocido los dos Dubáis, el del lujo y el de los trabajadores asiáticos», afirma-, pero el Ministerio de Asuntos Exteriores español asegura haber sacado de la zona a 6.000 compatriotas en vuelos especiales desde que empezaron a caer drones y misiles iraníes.
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Regresos
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«La mayoría de esos viajeros son familiares de los profesionales que hay aquí afincados, pero no hay noticias de empresas que hayan decidido desmontar el negocio y marcharse, al menos de momento», advierte Gómez de Ágreda. En opinión de este antiguo militar, que acaba de publicar el ensayo ‘Un mundo global’ sobre el nuevo orden mundial, el conflicto puede tener un efecto positivo a largo plazo: «Si el resultado de la guerra es un Irán sin capacidad agresiva, la región se beneficiará como lugar de negocios», pronostica. Pero avisa: «Si el país de los ayatolás se convierte en un estado fallido, la zona se volverá muy peligrosa».
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Ángel Gómez de Ágreda / José Luis Roca
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«Si el resultado de la guerra es un Irán sin capacidad agresiva, la región se beneficiará como lugar de negocios, pero si se convierte en un estado fallido, la zona se volverá muy peligrosa».
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En el corto plazo, lo que estas ciudades hoy no tienen es el atractivo turístico que atesoraban. Los vuelos intercontinentales ya no hacen escala en sus aeropuertos y las habitaciones de sus lujosos hoteles se ofertan por la décima parte de su precio habitual.
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Nadie es capaz de aventurar cuánto durará la guerra ni cuál será su desenlace, pero Jesús Navarro Alberola, consejero delegado de la empresa alicantina de especias Carmencita, cree que lo ocurrido en estas dos semanas es suficiente para que la zona haya perdido uno de sus encantos, «la sensación de seguridad».
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Habla con conocimiento de causa: lleva viajando a Oriente Medio desde los años 80 y ha asistido en primera persona a su evolución. «Empecé tratando con comerciantes árabes que ofrecían sus productos en alfombras sobre la arena y hoy lo hacen en lujosas oficinas», compara.
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Jesús Navarro, propietario de Carmencita / Fernando Bustamante
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Pase lo que pase con la guerra, el paradigma del golfo Pérsico como refugio de ensueño para ricos y potentados de todo el mundo se ha quebrado. Aquí ya nada volverá a ser igual
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Aparte de comprar 3.000 kilos de azafrán a los iraníes cada año, las infusiones que Navarro comercializa son las más consumidas en las teteras de todo el golfo. Hoy tiene un corresponsal en Riad, la capital de Arabia Saudí, que no se plantea mover porque, al fin y al cabo, «comer y tomar té es algo que se sigue haciendo durante las guerras». De hecho, sus ventas han crecido en las dos últimas semanas «por el efecto acopio de alimentos».
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Sin embargo, el empresario tiene claro que hay un antes y un después del 28 de febrero en este lugar: «Pase lo que pase con la guerra, el paradigma del golfo Pérsico como refugio de ensueño para ricos y potentados de todo el mundo se ha quebrado. Aquí ya nada volverá a ser igual», pronostica.
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