Álex Salu, el gijonés ganador de un premio Goya al mejor corto de animación
El popular «cabezón» del cine español, esa siempre deseada estatuilla de Goya que el gijonés Alex Salu se llevó hace unos días por haber dirigido el mejor cortometraje de animación, va a sentirse en la repisa de la casa de Salu como en familia. En el sentido más literal. Porque por las venas del premiado, de nombre completo Alejandro Salueña García (Gijón, 1987), corre un buen torrente de sangre aragonesa y quien sabe si emparentada con el genio.
[–>[–>[–>Salueña García, que aún debe andar pellizcándose para comprobar lo lejos que ha llegado el corto «Gilbert» –que pergeñaron tres «outsiders» del cine que se conocieron en un curso para parados–, es nieto de Nicanor Salueña, natural de Fuendetodos. El pueblo en el que nació en 1746 el genial pintor maño. Y en una comarca plagada de vecinos que comparten árbol genealógico hay alguna rama familiar del gijonés que completa el círculo siendo Salueña y Lucientes. Así que lo que durante años fue una broma familiar -la de soñar con que igual hasta compartían alguna hélice de la cadena genética con el pintor- ha dado paso al orgullo de ratificar lo que ya es impepinable: que tienen un Goya en la familia.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>A ese abuelo de Fuendetodos hay que agradecerle, además, el acercamiento de los Salueña al Cantábrico. Trabajador de la firma de material eléctrico Giesa, donde se fabricaban ascensores bajo la licencia de Schindler, se trasladó a Gijón con su mujer, Elena Benito, y su hija -aquí nacieron tres más- cuando la empresa quiso expandirse. En Asturias llegó a ser jefe de sucursal de Giesa y, luego, delegado de Schindler hasta su jubilación.
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El nieto de Nicanor que se subió al escenario del Auditori del CCIB en Barcelona (este año la gala de la Academia del cine se vivió en la ciudad condal) es hijo de Alejandro Salueña Benito y de la gijonesa Susana García González. Criado en el barrio de Pumarín (en la calle Cataluña), fue alumno del Urgisa, del colegio Elisburu y del IES Rosario Acuña. Ya era mayorín cuando la familia, que incluye a su hermana Elena y le acompañó a la gala de los Goya , se trasladó a Nuevo Gijón.
[–>[–>[–>Pero hace poco más de un lustro que la sede vital de Salu está en Barcelona. Trabaja en la empresa de videojuegos Abylight Studios y «Gilbert» es su primer trabajo de cine. Una locura genial que salió adelante con un «crowfunding» y que fue el empeño de tres amigos por disfrutar al máximo de la técnica de animación «stop motion», que los tres aprendieron en un cursillo para desempleados. El gerundés Jordi Jiménez, de profesión cocinero, y el valenciano Arturo Lacal, profesor de español, son los compañeros de viaje que Salu se echó en este Goya. Que antes que un premio físico fue una experiencia artesanal, de trabajo manual y de reivindicación de la creatividad y las cosas hechas con tiempo y consciencia.
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Tres años para tener listo el corto
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De hecho, tardaron tres años en tener listo un corto que empezaron a grabar en octubre del 2019 y que dura poco más de 12 minutos. Un trabajo delicado que parte de una historia aparentemente simple, en la que –como dicen ellos– «parecería que no ocurre nada». Pero donde se tratan temas tan existenciales como «la ambición, el egoísmo, la honestidad, la amistad, la soledad del creador y la capacidad empática del arte (en este caso, la música)».
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[–>En ese trabajo la mano del gijonés estuvo volcada en todo lo que tenía que ver con la parte artística. Deliciosa. El fuerte de alguien que desde niño asistió a clases de dibujo en la academia Yuste y que creció inmerso en una familia con predisposición para el arte y la cultura, en todos sus formatos.
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Quizá hubiera sido más fácil ver como protagonista en la gala de los Goya a su hermana Elena, técnica superior en producción y realización de proyectos audiovisuales por el Cislan, y autora de algunos videoclips musicales y videografías para festivales como el Euro-Yeyé. Para seguirla, ella es Élaine Visuals.
[–>[–>[–>A Alex Salu le costó algo más llegar a lo suyo. Cursó informática, acabó en Periodismo en Valladolid, pero a muchos les parecía que el diseño y cualquier faceta artística –y más si tenía que ver con la animación- era donde mejor se movía. Es autor de las portadas de dos libros de su primo, el musicólogo Eduardo G. Salueña:»Música para la libertad» y «Rock en progresión». Algo que ya hacía de muy joven, cuando sin que nadie supiera de sus dotes diseñaba portadas exclusivas ilustradas de los casetes de música que le grababan.
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De natural tímido, tranquilo y con un punto introvertido, también es muy responsable y tiene la cabeza y los pies muy en la tierra. De ahí que cuando algunas televisiones empezaron a llamarle al saberse su nominación a los Goya, él evitara las entrevistas porque «tenía mucho trabajo». Eso sí, se comprometió a atender a todos si, llegado el caso y no lo creía, ganaba el galardón. Por supuesto, cumplió su promesa.
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En un cóctel previo a la gala catalana los tres directores supieron que «Gilbert» había logrado un nuevo premio (y van varios). El del mejor cortometraje en la 13ª edición del Festival Play (de cine infantil y juvenil) de Lisboa. Eso supone que pasan a ser candidatos al premio anual de la European Children’s Film Association. Es posible que Salu tenga que seguir reservando tiempo para entrevistas.
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