así es el Transcantábrico, el tren de lujo (con catorce suites) que viaja al trantrán entre montañas, acantilados y pueblos marineros
Este lunes 16 de marzo, cuando el reloj marque las doce en punto en la estación de Oviedo, un tren distinto a todos los demás hará su entrada silenciosa entre las vías. No llega con prisas ni con la rutina de los cercanías.
[–>[–>[–>Sus vagones, de madera brillante y salones de la estética Belle Époque, parecen sacados de otra época. Se trata del Transcantábrico Gran Lujo, un tren que desde hace más de cuarenta años recorre el norte de España como si fuera un hotel de cinco estrellas sobre raíles.
[–> [–>[–>Pero hay algo en su historia que siempre invita a imaginar más de lo que se llega a ver. Subir a este tren no es simplemente viajar: es entrar en una novela ferroviaria.
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Un tren nacido de vagones olvidados
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La idea de este tren surge a raíz de una novela homónima de Juan Pedro Aparicio. Además, muchos lo llaman el «Orient Express del Cantábrico», una comparación inevitable con el legendario tren que inmortalizó la escritora Agatha Christie en su célebre novela «Asesinato en el Orient Express». Sin embargo, en el Transcantábrico el escenario no es la nieve de los Balcanes, sino los acantilados, las montañas verdes y los pueblos marineros del norte de España.
[–>[–>[–>La historia del Transcantábrico comienza casi como una resurrección ferroviaria. En 1983, la antigua compañía FEVE (Ferrocarriles de Vía Estrecha) decidió rescatar antiguos coches Pullman de 1923, que dormían olvidados en talleres y hangares, esperados a ser transformados en este caso, en un tren turístico de lujo.
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El primer viaje se realizó ese mismo verano entre León y Matallana de Toría, inspirado en la vieja línea de Ferrocarril de La Robla, que durante décadas había transportado el carbón desde las cuencas mineras hasta la industria vasca.
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[–>Así surgió el primer tren turístico de lujo de España y uno de los pioneros en Europa. Con el tiempo, aquel experimento se convirtió en uno de los trenes turísticos más exclusivos del mundo.
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El Transcantábrico Gran Lujo, la magia de viajar en uno de los trenes turísticos con más clase del mundo / Irma Collín
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Un viaje donde el tiempo se mueve más despacio
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El tren apenas transporta a una treintena de pasajeros en catorce suites privadas. De día atraviesa montañas, ríos y pueblos costeros; de noche, suele permanecer detenido para que los viajeros duerman sin el traqueteo del movimiento del medio de transporte.
[–>[–>[–>A bordo hay salones históricos, un coche bar, música en directo y cenas que combinan la gastronomía del Cantábrico con el ambiente de los grandes trenes clásicos. Todo diseñado para recrear el glamour de los grandes trenes europeos de principios del siglo XX.
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En una época dominada por los vuelos baratos y trenes de alta velocidad, el Transcantábrico propone algo totalmente diferente: viajar despacio. El tren avanza a ritmo del paisaje. Quizás ese sea su gran secreto. Sus pasajeros al final del viaje siempre recuerdan más las conversaciones nocturnas, el sonido del tren detenido junto al mar o el sabor de una auténtica fabada asturiana, que cualquier tipo de monumento visto.
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El Transcantábrico, a través del puente ferroviario de Luarca; arriba, dentro de sus autos. / | / JAO / Mariola Riera oviedo
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El misterio de los trenes nocturnos
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Cuando el Transcantábrico aparece en una estación, siempre hay quien lo mira con curiosidad. Los trenes nocturnos de lujo tienen algo de escenario literario: viajeros desconocidos e historias que se cruzan durante unos pocos días.
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Parte esencial del viaje es el propio servicio de guía turístico, para que puedan los pasajeros conocer los aspectos históricos y culturales de las diferentes ciudades. Mientras se viaja de forma relajada se puede ir contemplando los diferentes paisajes y cuando cae la noche, divertirse con el ocio.
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No hay crímenes famosos en sus vagones pero el ambiente es el mismo que hizo célebres a los trenes legendarios del mundo. Mientras los viajeros descienden para recorrer Oviedo, el tren seguirá esperando en silencio sobre las vías. Como si guardara historias que solamente conocen quienes alguna vez han pasado la noche en él.
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Algunos de los escritores, en la sala del restaurante Transcantábrico. En primer lugar, Javier Sierra. / F
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La gastronomía, el lujo principal
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Aunque el tren presume de suites elegantes, muchos de los viajeros coinciden que el verdadero lujo reside en la mesa del restaurante. El tren convierte la gastronomía del norte en la parte esencial y central del viaje. Cada parada incluye comidas en diversos restaurantes locales o menús a bordo con productos característicos de cada zona.
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Además, los vinos también son regionales y seleccionados por los chefs de manera exhaustiva. Durante el trayecto, los pasajeros podrán degustar cocochas en salsa verde, bacalao al pilpil o fabada entre otras muchas otras delicias, dependiendo del punto en el que se encuentren.
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Un plato de fabada / Un plato de fabada.
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Hoy en día, recorre durante 8 días la cornisa entre San Sebastián y Santiago de Compostela, con paradas en lugares como Llanes, Luarca, Gijón y Oviedo, donde este lunes volverá a detenerse. No hay territorio donde sus pasajeros se sientan más en casa que en Asturias.
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