El Gobierno cubano advierte que no tolerará «actos de vandalismo» tras una protesta que terminó con la quema de una sede partidaria
«Para el vandalismo y la violencia no habrá impunidad», advirtió el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, después de una serie de incidentes que tuvieron su pico de tensión en un alejado pueblo de Ciego de Ávila, Morón, a 420 kilómetros de La Habana, donde parte del vecindario salió a la calle para protestar por la falta de energía y quemó la sede del Partido Comunista (PCC). Fueron arrestadas cinco personas. El episodio no tiene precedentes en la historia de la isla desde que Fidel Castro tomó el poder en 1959 y, seis años más tarde, en 1965, se constituyó el partido que la gobierna. Los analistas se preguntan si se trató de un «micro estallido social» que comienza a expandirse por el territorio en momentos de colapso casi total de la economía o se trata de hechos esporádicos de furia.
[–>[–>[–>Las imágenes de lo acontecido en la noche del viernes son por lo pronto inéditas, pero viene precedidas por jornadas de «cacerolazos» en distintas partes de la mayor de las Antillas por los prolongados cortes de luz. «Es comprensible el malestar que provocan en nuestro pueblo los prolongados apagones, como consecuencia del bloqueo energético de EEUU, cruelmente recrudecido en los últimos meses», dijo Díaz-Canel. «Son legítimas las quejas y reclamos, siempre que se actúe con civismo y respeto al orden público». Sin embargo, el presidente puso un límite. «Lo que nunca será comprensible, justificado, ni admitido es la violencia que atente contra la tranquilidad ciudadana y la seguridad de nuestras instituciones».
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Sus palabras en la red social X no frenaron las espontaneas expresiones de malestar posteriores. Varios barrios habaneros y de las provincias de Holguín y Santiago de Cuba fueron escenarios de protestas en la noche del sábado, dando continuidad a los «cacerolazos» que habían comenzado nueve días atrás y que ni siquiera se silenciaron cuando Díaz-Canel anuncio el inicio de conversaciones con Estados Unidos para encauzar una situación que pone a prueba como nunca la capacidad del post castrismo de evitar el colapso total.
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Escenario muy delicado
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Los cortes de luz de hasta 36 horas, la falta de gas para cocinar, la ausencia de transporte público, han llevado a la población al borde del abismo. Los apagones y la escasez precedente no admiten comparación con lo que comenzó a suceder a partir de que la administración de Donald Trump impuso un «cerco energético». El desastre económico preexistente, con tres años de caída del PIB que han ubicado a Cuba por debajo de Haití, se ha acelerado a una velocidad desbocada. En un contexto de debilidad, el Gobierno terminó por reconocer sus negociaciones con Washington. A la par, ha abierto la puerta a reformas económicas que permiten la entrada de capitalistas de origen cubano residentes en Estados Unidos y comenzó a liberar presos políticos. El Vaticano ha mediado secretamente para que recuperen la libertad personas que habían protestado y, también, con el propósito de tender puentes entre La Habana y Washington. Había sido el propio Trump el que dio a conocer los primeros y secretos contactos mientras amenazaba con una «toma amistosa» de la isla. Los ritmos de las complejas negociaciones y las calles no son sincrónicos. En caso de aumentar la protesta, que tuvo su pico en 2021 y fue reprimida sin contemplaciones, sería la primera vez que Cuba intenta llegar a un acuerdo con la Casa Blanca en medio de actos reiterados de desobediencia civil.
[–>[–>[–>El exministro de Cultura y presidente de Casa de las Américas, Abel Prieto, uno de los intelectuales ligados al PCC, instó a los cubanos a no reincidir por el camino del estallido social. «Tenemos que mantenernos unidos junto a Díaz-Canel, a nuestro Partido Comunista, a nuestro Gobierno»
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