Lección de arquitectura en Castilla y León
El edificio de la derecha tiene los cimientos firmes en Castilla y León, a prueba de movimientos telúricos y seísmos. Mañueco se ha instalado en el ático y no hay quien lo apee de las mejores vistas. Desde las alturas se controla la escalera de incendios. Pero sobre todo el ascensor, en el que no cabe la izquierda, o lo que queda de ella, que es el PSOE y tierra quemada.
[–>[–>[–>En la vieja Castilla, Vox ha aprendido que no todas las casas se empiezan por el tejado, y que la ambición de rascacielos se topa a veces con un techo de cristal. Esperaban subir escalones de dos en dos y colonizar la azotea; el resultado es que siguen en la misma planta, con gesto de frustración, preguntándose si la estrategia consiste en negociar o simplemente mirar cómo otros refuerzan los cimientos mientras ellos se empeñan en esconder los ladrillos al capataz de la obra.
[–> [–>[–>La caseta de Podemos hace tiempo que perdió las vigas maestras: su espacio se reduce a un sótano incómodo. El PSOE absorbe el hormigón de toda la izquierda, reorganiza los pisos de los okupas y se aferra a la nostalgia zapaterista y al “No a la guerra”, su cemento más seguro. Su crecimiento se debe a inmuebles en alquiler.
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El mapa político de Castilla y León es un plano de estudio arquitectónico: el PP refuerza la cimentación, Vox aprende que no se llega a capataz sin haber puesto antes ladrillos, y a la izquierda radical se le derrumba a soplidos la cabaña y no ha sido culpa del lobo. Si acaso conviene destacar que el PSOE mantiene en pie los palos del sombrajo frente al viento y la lluvia con un alcalde de Gabinete Caligari.
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