Nuria Garriga cuenta que "tocó fondo" debido a su alopecia: "Tapaba con el pañuelo, con drogas, con alcohol…"
La mayoría de las mujeres están expuestas a comentarios sobre tu físico en las redes socialessegún un estudio del Instituto de la Mujer. Esa presión puede resultar insoportable, algo que bien saben quienes padecen un problema muy concreto y además invisible: la alopecia. Esa realidad se refleja en el documental’mujeres calvas‘, dirigida y escrita por Sandra Románque da voz a siete mujeres que se han atrevido a contar todo lo que sufren a causa de este problema. Una de estas mujeres es Nuria Garriga. Ambos charlan con [[LINK:TAG|||tag|||5f52336fa03f7f12ced4dcf0|||Andrea Ropero]].
Román dice que decidió empezar con este proyecto»por un asunto personal» ya que su madre sufre de alopecia. «Un día encontré una foto en Instagram con cuatro mujeres calvas, felices, radiantes, mostrando su calvicie», explica. «Comencé a entrevistarlas, es decir, más de sus historias y vi que se repitió el mismo patrón«, dice: «Son mujeres desconectadas unas de otras que siempre han creído que estaban solas».
Garriga, según le cuenta a Andrea, Empezó a perder el pelo cuando tenía 19 o 20 años.. Nuria acudió al endocrinólogo, quien le dijo que la única opción era tomar medicación, que son hormonas. «Ella fue muy sincera y siempre lo agradeceré.«, explica, «me dijo ‘si fueras mi hija no lo tomarías'». «Hay algunos tratamientos que pueden frenar un poco tu caída, pero lo que tengas que caer, caerá», añade.
Cuando su médico le dijo que se le iba a caer el pelo, Permaneció encerrada en su casa durante unos meses.. «Luego me cubría cuando me caía, durante años y años, con un pañuelo», explica, «fue mi mayor secreto«. La alopecia incluso me hizo tocar fondo. «En esto de taparme, me cubrí con un pañuelo, con drogas, con alcohol… toqué fondo de vivir en la calle como una mujer de 28 años, en el Raval, en Barcelona, con todo lo que eso conlleva», afirma.
Nuria sufrió una sobredosis. En la ambulancia le dieron medicamentos y volvió en sí. Garriga recuerda que lo primero que quiso comprobar al recuperar el conocimiento fue si estuviera usando su bufanda. «Es muy fuerte», dice.
Cuando pasó ese tiempo, decidió, como llaman a quitarse el pañuelo, salir del armario. Para Nuria, tras años de «mucho sufrimiento», decidió bañarse en la playa sin bufanda. «Entro a la playa y disfruto y siento el agua en la cabeza y llego al extremo de la felicidad», recuerda. Después decidió afeitarse el pelo, un momento muy liberador.
Ropero cuenta que, en el documental, una de sus protagonistas explica que cuando dio a luz a su hija no quería quitarse la peluca ya que se sentía protegida con él puesto. «La peluca se convierte en prisión.«, dice Sandra, «el hecho de llevar peluca no está mal, pero no dejes que eso te limite en tu vida».
Román indica que cuando vemos a un hombre calvo «ni siquiera lo vemos«, no llama la atención y no pensamos que, por ejemplo, pueda estar enfermo. «Pero a ellos les pasa, Los responsabilizan de lo que les está pasando«, señala.
Nuria no entiende por qué, cuando una persona está perdiendo una parte de su cuerpo»no hay opcion de ir a un psicologoy si te dan cita es cada dos meses cuando se te cae el pelo en 15 días». Garriga explica que, en los tratamientos de quimioterapia, hay subsidios y ayuda con las pelucas, pero no cuando se sufre de alopecia.
«Escúchanos un poco, de verdad», pide, «seamos verdaderamente críticos como sociedad«No hay visibilidad, no se ven. Muchas personas que nos vean hoy serán la primera mujer calva que van a ver en su vida», añade.
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