No a la guerra
«Mi grito de guerra: ¡Paz!»
[–>[–>[–>Masip, Aida, «Aún por navegar, pag. 43
[–> [–>[–>Cuánto me alegra leer el razonado «No a la guerra» de mi antiguo compañero de escaño europarlamentario, Willy Meyer, del que conservo gratísimo recuerdo. Sería año y pico antes de mi acceso a la Eurocámara alsaciana cuando, en tarde sabatina, Mariví Monteserín, gran compañera, me citó en la madrileña Alcalá antes de la intersección o cruce con Gran Vía para incorporarme a la manifestación antibelicista en la que sobresalía, segunda fila, un colega leonés destinado luego a grandes responsabilidades políticas, José Luis Rodríguez Zapatero. El grito contra la guerra era atronador. Al paso, desde la acera me saludó un antiguo compañero deustotarra, Juan Urrutia, más luego catedrático y consejero del BBVA, que sabedor de nuestra común afición a la Historia al acercarme a saludarle tras más de treinta años me dijo unas frases que aún retengo: «Ese ‘no a la guerra’ y la ovación que profieren a tu (¿) Zapatero desde esa terraza eclesial de enfrente es más que significativa pues esa iglesia es la primera que ardió el 11 de Mayo de 1931, en que empezó a naufragar la República más que en vuestro 34 (¡?!)». Luego, subiendo por Alcalá hacia Sol, José Luis me contó los puntos unitarios del discurso que iba a leer Pepe Saramago que él ya conocía y que siguen vigentes hogaño.
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Willy me deja punto de emoción aunque sea desde los matices de la evidente discrepancia ideológica, en instantes, sin embargo, ante los que todos los demócratas y simples pacifistas deberíamos unirnos frente a la amenaza de esta corrosiva guerra, renovada en crueles matones. Da pánico la bomba nuclear que, tras la «Little boy» de Nagasaki e Hiroshima, la Humanidad parecía convencida de que no se volvería a repetir, aunque sigue lejos, muy lejos, el exigible desarme, ahora pendiente de las sucias decisiones de la estirpe dictatorial de los Trump, Putin, Netanyahu etc, etc…
[–>[–>[–>Fallecidos Íñigo Vigón, Salazar, Luis Fuente, Luis Villa, Alfredo Álvarez, Antonio Beristain, Manolo Pérez «Vulcano», Jaimón López Acha y Francisco Segura, y careciendo de noticias recientes de Eduardo Allen, soy de los escasos sino el único vivo del Deusto de aquellos entonces que permanece en estos lares astures. Por cierto, el Padre Pedro Arrupe S.J., Secretario General, o Prepósito, de la Compañía de Jesús era, en mis tiempos bilbaínos, superviviente a las nucleares genocidas del Japón Agosto 1945, desplazado al suelo legendaria y violentamente mientras oficiaba misa.
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Gracias Pedro Sánchez por alejar un poco, aunque sea apenas un poco, a España, nuestra patria, del peligro; lo escribo sin ambages, consciente del momento y de varias erradas medidas caseras, nimias ante temible globalidad.
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[–>¡¡No a la guerra!!
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