¿Avanzamos o retrocedemos en salud pública global?
Una pregunta recurrente en salud pública es si la salud de las poblaciones ha mejorado o empeorado en los últimos veinte años. Lo cierto es que de 2006 a 2026, la salud global ha sufrido cambios significativos impulsados por avances médicos, cambios demográficos, crisis sanitarias y desigualdades socioeconómicas. Esta mezcla de circunstancias ha hecho que la respuesta a esa pregunta sea una imagen con claroscuros.
[–>[–>[–>Aunque el panorama general indica una mejora sustancial en varios indicadores clave, como la esperanza de vida y las tasas de mortalidad infantil, también ha habido grandes retrocesos, particularmente causados por la pandemia de covid-19 y el aumento de las enfermedades no transmisibles (como la diabetes, obesidad, las cardiovasculares o los problemas de salud mental).
[–> [–>[–>Uno de los indicadores más reveladores que usamos en salud pública es la esperanza de vida al nacer. En 2006, la esperanza de vida global rondaba los 71 años (OMS y del Banco Mundial). En 2019, antes de la pandemia, la cifra había aumentado a 73.1 años, reflejando un progreso constante gracias a mejoras en la nutrición, el acceso a vacunas y el control de enfermedades infecciosas. Sin embargo, la irrupción del covid-19 en 2020 provocó un retroceso dramático: la esperanza de vida global cayó a 72.5 años en 2020 y a 71.4 años en 2021, borrando una década de avances. Aunque se ha observado una recuperación gradual (73.3 años en 2023 y 73.4 en 2025) hay fluctuaciones importantes que muestran la vulnerabilidad de los sistemas de salud de los diferentes países. En regiones como África subsahariana, el aumento ha sido mayor por la reducción de la mortalidad por VIH/SIDA y malaria, mientras que en países desarrollados como Estados Unidos, la esperanza de vida se ha estancado o incluso ha disminuido en algunos grupos debido a las sobredosis de opioides y las enfermedades crónicas no tratadas.
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Otro avance notable ha sido la reducción de la mortalidad infantil y neonatal. En 2006, la tasa de mortalidad infantil global (muertes por cada 1.000 nacidos vivos) era de 42, y el número de muertes en menores de cinco años cayó por debajo de los 10 millones por primera vez en la historia reciente. En 2025, esta tasa se ha reducido a 24.99, un 40% aproximadamente. La mortalidad neonatal (muertes en los primeros 28 días) también ha disminuido de 25-30 por 1.000 en 2006 a 17 en 2023. Estos logros se deben a campañas de vacunación masivas, mejoras en el saneamiento y el acceso a atención prenatal. Por ejemplo, la mortalidad por diarrea en menores de cinco años pasó de 4.6 millones en 1980 a menos de 365.000 en 2019, un patrón mantenido en las últimas décadas. No obstante, en algunas regiones, la pandemia de COVID-19 interrumpió estos avances y en 2021-2022 las interrupciones en la vacunación llevaron a un aumento de la mortalidad infantil, revirtiendo tendencias por primera vez en este siglo.
[–>[–>[–>En cuanto a la carga de enfermedades sobre las poblaciones ha habido un cambio epidemiológico profundo. En 2006, las enfermedades transmisibles (como VIH, tuberculosis y malaria) eran una parte significativa de la carga global, contribuyendo al 30-40% de los años de vida perdidos ajustados por discapacidad (AVAD). Entre 2019 y 2023, este porcentaje ha disminuido al 20-25%, gracias a intervenciones como el tratamiento antirretroviral para el VIH, que ha salvado millones de vidas, y la erradicación progresiva de enfermedades como la polio. Brasil, por ejemplo, eliminó la transmisión materno-infantil del VIH en 2025. Sin embargo, las enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares, el cáncer o la diabetes, han aumentado su participación al 60-70% de los AVAD debido al envejecimiento poblacional. El número de personas mayores de 70 años ha crecido un 50% desde 2006, y esas enfermedades generan más años vividos con discapacidad. También la obesidad y las enfermedades mentales han empeorado, estas últimas han aumentado un 20-30% tras el covid, costando billones de euros en productividad perdida.
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La pandemia de covid-19 ha sido el mayor retroceso en la salud pública global de las últimas décadas. Causó más de 7 millones de muertes directas y otros 8.7 millones más por colapso en servicios de salud, como detección de cáncer o vacunación rutinaria. En 2020-2021, la esperanza de vida saludable retrocedió a niveles de 2012, y la mortalidad por causas no covid aumentó debido a sistemas sanitarios sobrecargados. Aunque la recuperación ha sido evidente en 2023-2025, con un 37% de muertes menos por covid en 2024, el impacto persiste en forma de covid de larga duración y desigualdades de salud ampliadas. Los países de bajos ingresos sufrieron más y han tenido tasas de mortalidad cuatro veces superiores a las de los de altos ingresos.
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[–>Las desigualdades socioeconómicas han sido un factor persistente de empeoramiento relativo. Mientras que en países con alto Índice de Desarrollo Humano (IDH) la incidencia de cáncer infantil es mayor pero la mortalidad menor debido a mejores tratamientos, en regiones de bajo IDH, la mortalidad por cáncer infantil es 4.4 por 100.000 frente a 2.8 en alto IDH. El acceso a atención médica ha mejorado globalmente, con coberturas de vacunación alcanzando el 85-90% para enfermedades como el sarampión, pero con deficiencias graves persistentes en África y Asia del Sur. Además, el cambio climático ha surgido como una nueva amenaza creciente para la salud pública global y desastres como las inundaciones y olas de calor han aumentado las enfermedades vectoriales (como el dengue) en un 15-20% desde 2006. La OMS proyecta que para 2030, solo el cambio climático podría causar unas 250.000 muertes adicionales al año.
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En el ámbito de los costes y los sistemas de salud, hay señales mixtas. Los costes médicos globales han aumentado un 10.3% en 2026, impulsados por medicamentos caros como los GLP-1 para obesidad y diabetes. Pero hay un retroceso en la accesibilidad, especialmente en países en desarrollo. La falta de personal sanitario, agrava los problemas en numerosos países, y no solo en los de bajos ingresos.
[–>[–>[–>En resumen, la salud pública global ha mejorado netamente en las dos últimas décadas, con reducciones drásticas en mortalidad infantil, control de enfermedades infecciosas y aumento en esperanza de vida. Estos avances se deben a inversiones en salud global, tecnología y cooperación internacional. Sin embargo, ha empeorado en aspectos como el auge de las no transmisibles, la salud mental, las desigualdades y las vulnerabilidades expuestas por covid-19 y cambio climático. Para 2026, las proyecciones indican una continuación de la recuperación, pero con riesgo de estancamiento si no se abordan los cortes en financiación (como los anunciados por EE UU en 2025). La clave está en priorizar la equidad, la prevención y la resiliencia. Si se logra, el progreso podría acelerarse; de lo contrario, las brechas se ampliarán.
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