CUBANOS EN ESPAÑA | Marlen, cubana en Barcelona: «Nos es indiferente si Cuba se tiene que anexionar a EEUU»
Para Abraham Jiménez Enoa este es un momento «surrealista». Los grandes episodios de la historia reciente de Cuba los había vivido siempre desde dentro y como periodista, en primera línea, hasta que tuvo que marcharse. Ahora los observa desde Barcelona, con la sensación extraña de estar asistiendo al posible desenlace de un sistema que conoce demasiado bien. «Estamos a las puertas de que Trump entre en Cuba», afirma a EL PERIÓDICO.
[–>[–>[–>La sacudida llega después de que esta semana trascendiera que el presidente estadounidense, Donald Trump, quiere apartar del poder a su homólogo cubano, Miguel Díaz-Canel. Trump dijo públicamente que quiere «tomar Cuba», una declaración que ha disparado las expectativas de quienes desean la caída del régimen, pero también el miedo a una intervención de consecuencias imprevisibles.
[–> [–>[–>Jiménez Enoa, de 38 años, describe una isla exhausta, atrapada en una crisis que ya no deja casi ningún resquicio. Los cortes de electricidad son cada vez más prolongados, no llega el agua corriente, hay escasez de alimentos y un transporte colapsado impide a muchos llegar al trabajo o a la escuela, que permanecen en su mayoría cerradas. «El Gobierno cubano está contra las cuerdas porque no puede proveer para el pueblo y ahora tiene a un matón apuntándole a la sien», dice en referencia a Trump. Y va más allá: cree que este puede ser «el último pasillo del castrismo».
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Aun así, marca una línea clara entre el deseo de que caiga el régimen y el apoyo a una entrada de EEUU. «Me alegraría de que cayera el régimen pero eso no significa que quiera una intervención de EEUU», dice. Reconoce, sin embargo, que su postura no es la dominante. «Impera el ‘no nos importa que sea Trump, lo importante es que caiga el régimen'», explica. Y, aunque no lo comparte, entiende de dónde sale ese sentimiento: «Es lo que tiene la miseria de tener que cocinar con leña, de no tener acceso a agua, acabas sin aspiraciones».
[–>[–>[–>También advierte de que desde Europa resulta difícil comprender «la complejidad de Cuba y de lo que implica ser cubano en las últimas décadas», una realidad que no se puede explicar con las categorías políticas de ‘izquierda’ o ‘derecha’. En la diáspora, se sienten entre dos aguas: «Cuesta mucho seguir siendo progresista de izquierdas cuando vienes de Cuba: te vuelves un apestado», advierte.
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Manifestación este lunes, frente a la Universidad de La Habana / Ernesto Mastrascusa / EFE
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Ser una colonia como Puerto Rico
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Marlen Castellano forma parte de esa mayoría que desea que caiga el régimen cubano a toda costa. Cuando dice su edad, 64 años, añade la cuenta: «Viví 38 de dictadura y llevo 26 aquí», puntualiza. Siempre se sintió acogida en Barcelona, donde rehizo su vida, pero esta semana, por primera vez, siente unas ganas irreprimibles de regresar a la isla para presenciar este momento y abrazar a sus dos hermanos que viven allí.
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[–>Para ella, la caída del régimen pesa incluso más que la soberanía nacional. «Si Cuba se tiene que anexionar a EEUU, nos es indiferente», asegura, y establece sus prioridades: «poder expresarse, tener libertad y poder pensar más allá de cómo conseguir un plato de comida”. Admite que nunca fue partidaria de la revolución y dice estar «a favor de que Cuba se convierta en colonia americana, al estilo de Puerto Rico».
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Sus hermanos viven entre apagones constantes y, cuando hablan por teléfono, son ellos los que le piden que les cuente qué pasa en la isla. Marlen salió de Cuba cuando su hija tenía 14 años y logró traerla antes de que cumpliera la mayoría de edad. Casada con un catalán, ha regresado en varias ocasiones para visitar a la familia y ha sido testigo de un deterioro constante desde su marcha. Pero ahora se siente esperanzada: «Siento la plenitud de ser la generación que vamos a ver a Cuba libre», afirma.
[–>[–>[–>Cambio con dudas
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RG, de 47 años, prefiere no identificarse con su nombre completo ya que, como muchos cubanos, sienten que podrían poner en peligro a su familia allí con declaraciones demasiado políticas. Él se muestra menos convencido de que lo que viene pueda traducirse en una salida positiva para la isla. «Cuba necesita un cambio, pero no creo que lo que necesita sea Trump o Estados Unidos», afirma, y añade: «No creo que el benefactor que se está brindando o imponiendo sea el más indicado».
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«Cuba ya pasó por esto con Batista y por eso hubo una revolución», recuerda. Cree que si EEUU o Trump quieren algo, acaban consiguiéndolo, y precisamente por eso le desconcierta que estén tardando tanto en dar un paso definitivo. Teme «que Trump esté jugando con el pueblo para hacerlo sufrir» porque, asegura, las medidas de presión y castigo no las sienten las élites sino los más vulnerables.
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RG cree además que el desgaste interno facilita la rendición. «Si consiguió que vendieran a Chávez, más barato le van a vender a Canel», señala, convencido de que el presidente cubano carece del respaldo popular, militar y político suficiente para resistir. La escasez generalizada, añade, hace aún más frágil al sistema.
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Pero su escepticismo también se apoya en un precedente reciente. A pesar de que EEUU ha repetido durante décadas que estaría al lado del pueblo cubano si este se decidía a derribar el socialismo, recuerda que, cuando se produjeron las protestas masivas en las calles de La Habana en 2022, el entonces presidente Joe Biden no hizo nada. «El pueblo pidió ayuda entonces y EEUU no se la dio«, lamenta. Y si bien sabe que a Trump no le tiembla la mano, dice saber que este actúa por interés y ahí es donde surgen sus dudas: no ve un incentivo económico claro en una isla sin petróleo ni minerales raros que justifique ese movimiento.
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Aun así, su conclusión no es inmovilista. «Lo mejor que le puede pasar a Cuba es un cambio», sostiene. Aunque añade una condición decisiva: ese cambio, dice, pasa también por el levantamiento del bloqueo de EEUU, porque nadie se atreverá a llevarle la contraria. Su petición final es simple y contundente: «si EEUU interviene, no haga daño al pueblo».
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