Con Puente, menos trenes
En Asturias ya no medimos el tiempo por estaciones, lo hacemos por puentes. Puentes que se anuncian, se levantan y se cierran. Puentes que no llevan a ninguna parte. El responsable es un tal Puente, con mayúscula, apellido con mando en plaza, un señor de Valladolid que luce por mollera un adoquín. Este Puente no cruza ríos: los convierte en fosos.
[–>[–>[–>La anunciada reorganización ferroviaria entre Asturias y Madrid, con menos trenes los fines de semana hasta el verano por culpa de unas obras en Palencia, se antoja la enésima tomadura de pelo del ministro de marras, que va de puente en puente hasta que se lo arrastre la corriente, por muy seguros que tenga amarrados los pilares a los cimientos del sanchismo, que empieza a resquebrajarse. Renfe coloca el cartel de “disculpen las molestias” y el ministro pone el cemento retórico. Resultado: Asturias, otra vez aislada, aunque sea a horas sueltas.
[–> [–>[–>El Principado pide refuerzos. Madrid responde con eco. El puente del diálogo está en estado permanente de mantenimiento, no es más que una maqueta, un trampantojo. A la vista de esta escaramuza y la de las minas, parece que Barbón pierde peso, en el dietista y en Madrid.
[–>[–>[–>
Los fines de semana, el puente levadizo se alzará y el tráfico ferroviario hacia Madrid quedará colgando sobre el vacío. El resultado es un embotellamiento de indignación que crece a ambos lados de la Variante. El titular de Transportes parece convencido de que la cohesión territorial se logra cerrando accesos. Que la movilidad es un lujo estacional. Que viajar en tren sábados y domingos es una excentricidad asturiana que merece reprimenda.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí