RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS | La política de «paz por la fuerza» de Trump provoca el declive de la diplomacia global
Las dos guerras que han lanzado Israel y Estados Unidos contra Irán comenzaron justo en medio de sendas rondas de negociación. La llamada «Guerra de los 12 días» arrancó el 13 de junio de 2025, justo tres días antes de una reunión programada en Omán entre las delegaciones diplomáticas de Washington y Teherán para revisar la propuesta del régimen de los ayatolás sobre su programa nuclear. La nueva guerra que está en marcha ahora comenzó el 28 de febrero, solo dos días después de que los enviados del presidente estadounidense, Donald Trump, se reunieran en Ginebra y proclamaran que había habido progresos «significativos» y se emplazaran para la siguiente ronda.
[–>[–>[–>La diplomacia se basa en una cierta confianza mutua. Pero, si un país decide bombardear a otro y matar a su jefe del Estado, como hicieron con el líder supremo iraní, Alí Jameneí, y parte de su familia, tan solo unas horas después de intercambiar conversaciones y documentos, ¿qué esperanza queda de las negociaciones sirvan para algo?
[–> [–>[–>«Estamos en una crisis de diplomacia a nivel global, pero no porque la diplomacia no funcione, sino porque se está haciendo todo lo posible para que no lo haga. Es la castración de la diplomacia», opina para EL PERIÓDICO Arancha González Laya, exministra de Exteriores y ahora decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París. «La diplomacia requiere diálogo, compromisos y tiempo. Lo que tenemos ahora con esta Administración estadounidense es la necesidad de buscar resultados rápidos y de imponer esos resultados también rápidamente».
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En la misma idea abunda el también exministro de Exteriores José Manuel García Margallo: «La diplomacia, el consenso y el diálogo son sustituidos por la fuerza». El político español recuerda el discurso emblemático que dio el nuevo papa León XIV ante el cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede. «No estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época. La paz ya no es un bien público en sí mismo, sino algo que se conquista por las armas», subraya Margallo. En este contexto, las técnicas y procesos de la diplomacia parecen pólvora mojada.
[–>[–>[–>Dinamitando el Departamento de Estado
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Al poco de llegar a la Casa Blanca, Trump ordenó desmantelar algunos de los instrumentos de diplomacia y poder blando que habían ayudado a hacer de Estados Unidos el hegemón global. Acabó con el grueso de los programas de cooperación y desarrollo de la agencia estatal USAID, que había sido durante décadas fuente de influencia en medio mundo (algunos sugieren que también de manantial de información de inteligencia y espionaje). Más del 80% de sus proyectos han sido cancelados.
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Luego, su entonces escudero, el magnate Elon Musk, se dedicó a realizar recortes y despidos en toda la estructura del Estado. La «motosierra» de Musk también llegó al Departamento de Estado, su ministerio de Exteriores. Se redujo la plantilla en 3.500 puestos y se cerraron más de un centenar de oficinas, como las que seguían crímenes de guerra y conflictos, las crisis de refugiados o las de política climática.
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[–>El que fue el epicentro de la diplomacia internacional más sofisticada y avanzada del mundo, con miles de diplomáticos y expertos asesores en los dosieres más complicados, un cúmulo de sabiduría geopolítica, está siendo desmantelado. El lugar cerca del río Potomac y de la Casa Blanca donde se encuentra el edificio del Departamento de Estado, conocido como Foggy Bottom (fondo brumoso) debido a la niebla histórica del área, es ahora un lugar si cabe más inhóspito.
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«A media tarde, los pasillos grises y sin ventanas del edificio Harry S. Truman, sede del Departamento de Estado, se sienten menos como el centro neurálgico de la institución de política exterior más trascendental del mundo y más como unas catacumbas para la diplomacia», escribe Vivian Salama en ‘The Atlantic’. «Se ha instalado un silencio desconcertante y desalentador tras los drásticos recortes del año pasado en el Departamento de Estado y en su agencia hermana, la USAID. Hoy, decisiones que antes pasaban por reuniones interagenciales, equipos de planificación política y burós regionales parecen caer ya hechas desde un pequeño círculo de asesores en torno al presidente Trump. El proceso tradicional –y célebremente burocrático–, paso a paso, ha sido sustituido por sesiones informativas a posteriori para el cuerpo diplomático del país, e incluso esas son esporádicas». La política exterior de Estados Unidos ahora no se piensa; se ejecuta.
[–>[–>[–>Trump ha sustituido el engranaje diplomático estadounidense por un club de hombres afines al presidente sin experiencia en el sector. Los dosieres más importantes del mundo (como las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania o el alto el fuego entre Israel y Hamás) los resuelve una extraña pareja: su yerno, Jared Kushner, y un empresario multimillonario amigo, Steve Witkoff. Ninguno está formado en diplomacia internacional o geopolítica y, sin embargo, son la punta de lanza de la política exterior trumpista, junto con el secretario de Estado, Marco Rubio.
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En las grandes reuniones bilaterales, en ocasiones no hay un solo diplomático presente en la sala. Es lo que ocurrió en los encuentros de Trump con los presidentes de China, Xi Jinping, y de Corea del Sur, Lee Jae-myung, en el foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico.
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La alternativa a la diplomacia de Trump
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Donald Trump ha aderezado su nuevo enfoque hacia la política exterior con un desprecio total hacia las Naciones Unidas, el foro multilateral por excelencia impulsado por Washington y sus aliados tras la victoria en la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos se ha salido de varias de sus principales agencias, y Trump ha presentado como alternativa su nueva Junta de Paz, un conciliábulo que él preside y que de momento incluye solo a los jefes de Estado o de Gobierno de países de segunda fila.
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Donald Trump en la Casa Blanca / Europa Press/Contacto/Aaron Schwartz – Pool via CN
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Trump da muestras de creer más en la coerción que en la diplomacia. Amenaza con aranceles o con bombas para conseguir sus objetivos políticos, evitando cumbres, reuniones y negociaciones largas y meditadas. Es un frenesí en el que lo que más importa es el resultado inmediato, el gran titular frente al acuerdo estable y eficaz. Y ha conseguido varios: la decapitación de los regímenes de Venezuela e Irán, la aquiescencia del primero, y un inestable alto el fuego en Gaza.
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Orden en el nuevo desorden global
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El resto del mundo, mientras, trata de de buscar su hueco en este nuevo desorden global.
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En un celebrado discurso, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, propuso que las potencias medias buscaran foros alternativos. Invitaba el liberal canadiense a una suerte de alianza de los que aún confían en el diálogo, el libre comercio, las normas y la diplomacia.
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«La diplomacia internacional ha alumbrado acuerdos sin Estados Unidos. Por ejemplo, el año pasado, en la Organización Mundial de la Salud cerró el Tratado de Pandemias, una especie de compromiso internacional para cooperar cuando tengamos que hacer frente a la próxima pandemia. Estados Unidos intentó castrar la negociación y finalmente se salió del acuerdo, pero los demás decidieron no levantarse de la mesa», recuerda Arancha González Laya. «Otro ejemplo es el tratado para proteger los océanos, liderado por Francia y Costa Rica el año pasado, que designa determinadas áreas marítimas como espacios protegidos».
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Hay muchos más ejemplos. La Unión Europea ha cerrado el acuerdo con los países del Mercosur, tras años de estancamiento, y otro con la India, el país más poblado del mundo. Japón lidera a un conjunto de países como Corea, Canadá, México o Reino Unido en el acuerdo de libre comercio transpacífico CPTPP que salió adelante a pesar de la marcha de Estados Unidos.
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La solución europea
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«La solución tiene que ser ganar fuerza con una coalición de países europeos, y con la complicidad de otros países, como Brasil, India o China, que pueden tener interés en abrir vías de negociación», concluye Laya.
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En la misma idea insiste José Manuel García Margallo, que trabaja ahora en un libro respecto a cómo hacer frente a la nueva situación global, titulado ‘Carnívoros y herbívoros, un orden mundial nuevo’. Europa vendría a ser el herbívoro y Estados Unidos, China o Rusia, los carnívoros.
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El exministro describe un deterioro del orden internacional en el que las normas admitidas por todos y administradas por las instituciones internacionales son sustituidas por lo que el presidente ruso, Vladímir Putin, llama los «estados civilizacionales», un equivalente a los antiguos imperios con sus zonas de influencia. «Y entre bomberos no se pisan la manguera. Por ejemplo, Rusia y China no intervienen más que formalmente en el conflicto de Irán, a pesar de que tienen convenios bilaterales y uno trilateral», describe Margallo. «Se está redefiniendo el mapa del mundo sin nosotros. Si la UE no quiere caer en la irrelevancia, debe pasar a ser una unión política, los Estados Unidos de Europa», sugiere. ¿Cuánto nos queda? ¿Un año, cinco años? «Hay que hacerlo antes. No tenemos tiempo».
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