Seguridad y confianza
Las cuestiones relacionadas con la seguridad ciudadana son un asunto recurrente por la preocupación que genera a los vecinos del concejo cuando se producen oleadas delictivas, especialmente con los robos en viviendas. Encuentros como el impulsado esta semana por la Federación de asociaciones vecinales de la zona rural, «Les Caseríes», en su sede de Leorio, con mandos policiales para analizar esta problemática revela, por un lado, la profesionalidad y compromiso de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y su cercanía con la población por otro. Que los vecinos sepan que hay un interlocutor, que se les escucha y que sus demandas no caen en saco roto sirve también para ganar confianza. Buena es la instalación de las cámaras de videovigilancia para disuadir el delito, pero mejor aún es saber que hay agentes que, llegado el caso, trabajan para perseguirlos. Cuanto menos, por otro lado, resulta llamativo que los primeros consejos dados por los agentes fuesen cerrar puertas y ventanas, dejar alguna luz encendida e instalar alarmas.
[–>[–>[–>En Gijón, a pesar de que el pasado año se superó por primera vez el umbral de los diez mil hechos delictivos, según los datos del Ministerio del Interior, no existe sensación de inseguridad. Esa estadística revela, en comparación con ciudades del mismo tamaño y población, que la capital marítima del Principado, tiene una de las tasa de criminalidad es de las más bajas de España. Una tasa que, por otra parte, sube cada año en todo el país, impulsada principalmente por los ciberdelitos, algo que, por sus particularidades, merecería un análisis aparte. A sabiendas de que la «delincuencia cero» resulta una utopía, los gijoneses deben ser conscientes de que disfrutan de unas calles seguras gracias al trabajo coordinado de los tres cuerpos policiales.
[–> [–>[–>La ciudad, precisamente, sirvió de modelo para muchas otras localidades por las reuniones de coordinación que semanalmente mantienen Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Local. Algo que comenzó para hacer frente a los conflictos en el ocio nocturno se ha mantenido en el tiempo con notable resultado. Y más allá de ese control también hay que poner en valor la alta tasa de resolución de casos que existe en Gijón, especialmente en aquellos hechos graves como pueden ser las agresiones sexuales, homicidios y asesinatos. La labor de los agentes que integran la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (Udev) de la comisaría de El Natahoyo o la labor de la Policía Judicial de la antigua comandancia de Contrueces –ahora cuartel tras la inexplicable fusión– merece un reconocimiento que no siempre llega.
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Cuando hay problemas se exige a los cuerpos policiales una solución inmediata de los casos. Las miradas de la ciudadanía y la presión mediática siempre apunta hacia ellos, que tiran de profesionalidad para mantenerse abstraídos del ruido a sabiendas de que las investigaciones son lentas para ir sobre seguro y no cometer errores. Quizás haya que preocuparse más, para ser justos, de las necesidades que tienen en su día a día. Hacen falta más medios humanos y materiales para combatir la delincuencia. A pie de calle se ve a diario la paciencia con la que actúan en situaciones de conflicto, aún a riesgo de su propia integridad como ocurre muchas veces. Ya no son solo las faltas de respeto, las agresiones a la autoridad son constantes y casi siempre se solventan con multas o penas irrisorias. Está bien exigir mayor presencia policial en nuestros barrios y parroquias, que se persigan los delitos y que se garantice la seguridad, pero también hay que ser conscientes y reconocer el esfuerzo de quienes visten el uniforme y se enfrentan a los delincuentes en inferioridad de condiciones en muchos casos. Y ahí las voces no siempre son tan altas.
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