Esta sí es nuestra guerra
Aquí estoy, observando atónita el mundo desde esta inmovilidad forzada que me trae loca. Apantallada, porque no me queda otra: entre el ebook, la televisión y la tablet, contemplo, por primera vez en muchos años, una realidad circundante que ya no me asusta; a estas alturas, estoy curada de espantos.
[–>[–>[–>La televisión es la ventana abierta a la que me asomo para, desgraciadamente, ver cómo los locos, los psicópatas, organizan el mundo a su antojo, rodeados de muertes sin sentido, mientras los demás nos agobiamos por ese otro mundo que, sin guerra , aún, se enfrenta a un descontrol absoluto, a una crisis más que se suma a años de angustia y desasosiego.
[–> [–>[–>Mientras observamos esa película bélica, nuestro pequeño universo, el de andar por casa, también se siente bombardeado. Los misiles se lanzan en forma de un antigobierno que nos va sumiendo cada día más en el caos: bombas de racimo que se dispersan en el miedo ante la destrucción de puestos de trabajo, en la subida de los productos básicos, en la inacción de quienes no son capaces de proteger a los ciudadanos que les han votado, en la espera desesperante de unas medidas que, como los presupuestos, no llegan, o lo hacen tarde, mal y nunca.
[–>[–>[–>
Esta guerra, la nuestra, también tiene bajas. Muchas. Todas esas familias que ya no llegaban a fin de mes y que ahora se preguntan qué va a pasar, qué defensa tienen, quién va a rescatarlas de la trinchera de la desesperación. Todos esos jóvenes, cada día más agobiados ante la certeza de que quizá nunca podrán alcanzar la independencia ni el futuro que entre todos les prometimos y que ahora les arrebatan quienes juegan a los soldaditos.
[–>[–>[–>No es fácil asistir a este drama sin saber cómo va a terminar la película, sin identificar claramente a los protagonistas, porque, de alguna forma, todos lo somos. Nos han incluido en el reparto sin saberlo, sin posibilidad de cambiar el guion, ese que llevan años escribiendo para alcanzar lo único que les importa: el poder, el beneficio económico, el trono del emperador del mundo, sin importar el precio.
[–>[–>[–>
Y una asiste a esta tragedia preguntándose qué se puede hacer para que todo el elenco despierte, para que alguien tome el mando, para que esta locura termine. Para que todos seamos conscientes de que esta es la película de nuestra vida, la de nuestros hijos y nietos, y que el final depende de nosotros, los verdaderos protagonistas.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí