«La inmigración está cambiando los hábitos de consumo entre españoles»
En el año 2000, los extranjeros empadronados en España apenas representaban algo más del 2% de la población. Un cuarto de siglo después, el país tiene casi 50 millones de habitantes y este grupo representa ya el 20% del total. Este cambio demográfico trae consigo una … Una serie de consecuencias sobre el tipo de productos que se venden en los supermercados, algo que estaría provocando, en opinión de los expertos, un cambio en los hábitos de compra incluso entre la población local.
“Venimos de una tradición muy marcada por la cocina propia y quizás por una menor apertura al resto de productos”. Así lo resume José María Bonmatí, director general de AECOC y vicepresidente de Alimentaria, la gran feria del sector celebrada esta semana en Barcelona, donde acudió a ABC para analizar las principales tendencias del gran consumo, los cambios que está atravesando la industria alimentaria y la forma en que la nueva realidad demográfica está reordenando el mercado.
«Hoy lo que se está viendo es que tanto en las estanterías de las tiendas como en los restaurantes, el país se ha abierto mucho más a otro tipo de cocina», explica Bonmatí, quien subraya que los nuevos hábitos acaban calando y modificando también las preferencias de los propios españoles. “En algunos casos, como en la cocina japonesa o peruana, también les ha influido la calidad de su cocina y el trabajo de los chefs”, explica.
La gente quiere productos saludables.
Además de la demografía, el sector alimentario tiene que adaptarse a otras tendencias subyacentes que también están cambiando la forma en que los consumidores compran. “La salud es hoy un eje fundamental”, resume Bonmatí, quien sitúa allí a uno de los grandes motores del cambio. Según explica, cada vez son más los clientes que asocian directamente alimentación y bienestar, aunque esta preocupación se traduce de diferentes formas según el perfil. «Para algunos, salud significa más proteínas; Para otros, puede significar algo más”, señala.
A esta búsqueda de productos más saludables se suma otra exigencia creciente, la de saber qué estás comprando exactamente. «La gente quiere saber cómo se elabora el producto, de dónde viene y qué prácticas se han utilizado desde el cultivo hasta la producción», explica el director de AECOC. En ese sentido, cuestiones como la sostenibilidad o el bienestar animal cada vez pesan más en la decisión de compra.
Veganismo y se detiene
Sin embargo, no todas las tendencias recientes han acabado consolidándose con tanta fuerza como parecían. Bonmatí aprecia un cierto frenazo en el ‘boom’ inicial que experimentó el veganismo. «Se ha producido un estancamiento en cuanto a la sustitución de la proteína animal por proteína vegetal en productos equivalentes», apunta sobre el universo vegetal, que no ha terminado de explotar como preveían algunas previsiones, aunque sigue teniendo presencia en nichos concretos.
El consumo de alcohol en descenso
También detecta cambios claros en otros hábitos, como el consumo de alcohol. «En algunos segmentos, especialmente en el de bebidas espirituosas, se observa un menor consumo», afirma, en una tendencia que vincula tanto la salud como las nuevas formas de socialización. En su opinión, el mercado ya está reaccionando con referencias más ligeras o de menor calidad, en un momento en el que el ocio nocturno también pierde peso respecto a otros momentos de consumo.
La posición de España en el mundo
Todo esto ocurre además en un entorno mucho más inestable para la industria. “Las cadenas de suministro han demostrado ser muy eficientes, pero también más vulnerables”, advierte Bonmatí, que recuerda cómo la pandemia y luego diversos conflictos internacionales han disparado la volatilidad. En este escenario, sostiene, el gran desafío es construir un sistema más resiliente sin perder de vista al consumidor, que sigue marcando el ritmo del sector.
Pese a ello, el diagnóstico general sobre la posición de España sigue siendo favorable. Bonmatí destaca la fortaleza de la industria agroalimentaria nacional, apoyada tanto en la calidad del producto como en su músculo exportador. «Somos el cuarto país exportador de Europa y el séptimo del mundo», subraya, antes de reivindicar también el papel de la hostelería y la restauración como escaparate exterior de esta potencia alimentaria.
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