El arte del cuidado imaginero de la cofradías de Gijón, un «trabajo invisible» que «no para» en todo el año
La limpieza minuciosa del polvo en las coronas, el cambio de túnicas según el tiempo litúrgico y la vigilancia constante ante cualquier pequeño desconchón en la policromía. Y, por supuesto, su reparación. Estas, entre otras, corresponden a las labores de mantenimiento que, realizadas de forma discreta y devota en el seno de las iglesias gijonesas, constituyen una de las piezas clave en la «labor en la sombra» de las cofradías religiosas de la ciudad para mantener en el mejor estado de forma a las efigies que veneran. Su actividad, lejos de limitarse a las jornadas de incienso y tambores que están en ciernes y que tendrán su pistoletazo de salida este sábado, se extiende durante los doce meses del año, porque la Semana Santa no es más que la «guinda» o el «punto culminante» de un esfuerzo constante por preservar todo este patrimonio.
[–>[–>[–>«Es un trabajo invisible que no para», coincidieron este martes el maestre de la Cofradía del Santo Sepulcro, Alejandro Vallaure, y hermano mayor de la Hermandad de la Vera Cruz, Juan Antonio Rodríguez-Pládano, en compañía de una de sus camareras, Flor Muñoz. Ambos colectivos, de forma paralela, seguían en la tarde con la intensa actividad en la que están imbuidos estos días: el Santo Sepulcro, con el traslado de su Cristo Yacente desde San Pedro a su sede para darle lustre y añadido al habitual, y la Vera Cruz custodiando y relatando el mimo entregado de continuo al Nazareno, el Cirineo y la Verónica que presidirán la que es su gran novedad este año, el trono de 6,4 metros de largo.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>En torno a las 17.30 horas de la tarde, el movimiento delante de la iglesia de San Pedro y una gran camioneta pick-up a sus puertas llamó la atención de los viandantes. Y es que cuatro hermanos del Santo Sepulcro, se disponían al traslado del Cristo Yacente, escultura que procesionará el Viernes Santo, en el Santo Entierro. Los cuatro hombres, con cuidado, pero con la fuerza que requería el trabajo, transportaron por etapas la urna de cristal, que sobrevivió a la Guerra Civil porque sirvió para exponer el cuerpo del difunto Jefe de Policía, y la figura del hijo de Dios para los cristianos desde el interior del templo al vehículo.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>
«La Semana Santa no es solo lo que ves procesionando; es todo lo que hay detrás, muchísimo trabajo de mucha gente», explicaba Vallaure, que dirigió la operación con la mirada del que conoce cada milímetro de la talla. Por lo menos esta, hasta el último de ellos, ya que el maestre, que además es pintor, ha asumido personalmente labores de restauración en el pasado como la que realizó hace dos años, cuando tuvo que intervenir el Yacente debido a los golpes y el desgaste. «Estaba escarchado, la pintura se había saltado en algunos puntos. Usé acuarelas, que es una pintura no agresiva y reversible, para retocar los daños del uso y los porteos», explicó el jefe de la agrupación religiosa, que realiza igual labor sobre el brazo partido del Cristo Resucitado que desfilará este año por las calles de Gijón, de talla más pequeña y ligera que el de la última década.
[–>[–>[–>Tras una rápida inspección visual, Vallaure afirma que, en principio, no hay que preocuparse. «El Yacente está impoluto, aunque la urna necesita una buena limpieza», aseveró justo antes de que uno de los compañeros de la cuadrilla de cofrades completada por Fernando Pacheco, José Rubio y Javier Fernández tapasen el cuerpo con una sábana para transportar al Cristo de la forma más respetuosa posible. Ya a la luz del sol, no pasó inadvertido a los cuatro caballeros, antes de perderse por la cuesta camino del corazón de Cimavilla hacia su local, que algunas de las filigranas que describen los marcos de madera del contenedor de vidrio estaban partidas y habría que restaurarlas.
[–>[–>[–>
La Vera Cruz supervisa en San José
[–>[–>[–>
En San José, el ambiente era más calmado. Rodríguez-Pládano y Muñoz, camarera de la hermandad, supervisaban las imágenes que quedan en el templo, tras la partida de la Virgen de la Piedad, que reposa en San Pedro desde el domingo, donde el decorador Ignacio Fernández la puso de punta en blanco para su procesión el Viernes Santo: son las figuras del Nazareno, el Cirineo y la Verónica, que procesionarán juntas en un enorme trono y que ya están acicaladas por el mismo artesano.
[–>[–>
[–>Para Pládano, el mantenimiento, más que limpiar, que se debe hacer con el «máximo cuidado» es una cuestión de «velar de que no haya ningún desperfecto». Para muestra, un botón: los dedos rotos de La Piedad. «La piedad popular nos entra por los ojos y por las manos», comentaba anecdóticamente el hermano mayor en referencia a los daños que detectaron hace un par de años en la efigie y que sucedieron mientras esta se encontraba expuesta para el culto.
[–>[–>[–>
La imagen fue restaurada por Juan Luis Bascarán, miembro de la cofradía, bajo las directrices del autor original, Darío Martín Nieto, dentro del minucioso protocolo de cuidados con el que colectivo católico vela por el bienestar de sus santos. Sin embargo, Pládano tomó una decisión simbólica: «Pedí que la llaga del pie no se tocase. Está desgastada de tanto que la gente la toca, pero eso es el símbolo de la cercanía de la imagen con el pueblo».
[–>[–>[–>En estos trabajo de cuidado muchos de los méritos recaen en Flor Muñoz, encargada junto a Begoña Roces, de que las vestiduras y las tallas luzcan impecables, destacaba la importancia del cambio de ropa según las fechas: «Antes se cambiaban una vez al año, ahora lo hacemos dos o tres veces. Hay que lavar, limpiar y planchar, porque aunque parezca que no, el polvo siempre llega». La mujer incluso se ha encargado personalmente de confeccionar mantos para ahorrar costes a la hermandad: «Te cobran una barbaridad por estas cosas y hay que saber cuidar los recursos», asegura, también con una media sonrisa de autosatisfacción.
[–>[–>[–>
La hermandad ha intensificado su labor de investigación, rescatando documentos de 1651 que demuestran la antigüedad de su culto en la ciudad. «Teníamos una vieja aspiración de recuperar el calvario que la hermandad tenía antes de la invasión francesa», explicaba el hermano mayor. Fruto de ese anhelo es la incorporación como titular de la cofradía, desde el 12 de marzo, del Santísimo Cristo de la Misericordia, una imagen que, según Pládano, «impresiona por su mirada viva, pidiendo clemencia al cielo». Es inquilino en la iglesia ubicada frente a El Solarón, por lo que es benefactor del mismo cariño que todas las otras tallas. Con él, por el momento, solo se ha realizado el Vía Crucis por dentro del templo, debido a las inclemencias metereológicas. «No ha pisado calle», como hará en unos días su nuevo gran paso, dice el hermano mayor aunque, seguro, todo se andará.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí