el gran proyecto vital de «un defensor de la verdad como espacio común»
Pablo Junceda Moreno, director general adjunto del Grupo Sabadell, analizó la figura de Javier Moll de Miguel, presidente de Prensa Ibérica, en el acto de entrega de la Medalla de Oro de la Cámara de Comercio. Este es el texto íntegro del discurso, que lleva por título “La España vertebradora”
[–>[–>[–>
En 1921 se editó uno de esos libros esenciales en la historia de un país que se convierten en imprescindibles porque son capaces de interpelar al lector sobre sí mismo y sobre su entorno, romper estructuras mentales e ideológicas y abrir un debate que aún no se ha agotado.
[–>[–>[–>Me refiero a la “España invertebrada” de José Ortega y Gasset, que ha sido quizá uno de los libros de pensamiento más citados en España, pero tal vez menos leídos, a tenor de los frutos que ha dado su semilla.
[–> [–>[–>Ortega escribe en una época de gran convulsión en nuestro país que mantenía paralizada la acción de los diferentes poderes públicos, incapaces de dar con la tecla que nos levantase de la depresión post 98 que nos había llevado a la inestabilidad política, a la polarización social y al desastre colonial.
[–>[–>[–>
El genial Ortega y Gasset se remontaba en la historia para tratar de explicar el presente. Había, a su juicio, muchas razones para la decadencia y la creciente desafección de muchos territorios hacia el proyecto común de país; pero se detenía en una que consideraba clave: el particularismo. Lo definía como “aquel estado del espíritu en que creemos no tener que contar con los demás”.
[–>[–>[–>Un primer impulso nos podría llevar a pensar que ese estado de las cosas que dibujaba Ortega y Gasset se mantiene en la actualidad. Que aquella España invertebrada de la que nos hablaba sigue invertebrada. Quizá haya argumentos para defenderlo, pero si he comenzado mi intervención con esta reflexión es porque hoy, aquí, se rinde merecido homenaje a un hombre que, en su ya dilatado desempeño profesional, ha hecho todo lo posible para vertebrar España, para cohesionar la diversidad de muchas Comunidades y pueblos y respetarla al mismo tiempo.
[–>[–>[–>
Solo por eso, Javier Moll de Miguel ya merecería esta Medalla de Oro.
[–>[–>
[–>Me he permitido comenzar con esta reflexión inicial, y les ruego me disculpen, ya que debería haber iniciado mi intervención dando las gracias a la Cámara de Comercio de Oviedo y a sus representantes por rendir tributo a un hombre grande en lo humano y en lo personal, y -por supuesto- darme la oportunidad y el honor de que sea yo quien le glose.
[–>[–>[–>
Gracias, por lo tanto, a la Cámara de Comercio por hacer hoy de este espacio un lugar de encuentro donde prima el “deber ser” de las cosas, que no es otro que reconocer la labor bien hecha y, gracias a Javier, por permitirme ahondar a través de su persona en un mundo -cada vez más complejo- como es el del periodismo y los medios de comunicación, donde cada día y en cada rotativa casi se empieza de cero, y donde parece que nunca llueve a gusto de todos.
[–>[–>[–>Un 21 de febrero de 1984, hace 42 años, un joven empresario de 33 años, Javier Moll, se hacía en subasta pública con uno de los buques insignia de la cadena de Medios de Comunicación del Estado: La Nueva España.
[–>[–>[–>
He citado en más ocasiones la gran frase de Albert Camus: “Un país vale lo que vale su prensa”, lo que, trasladado a nuestro caso, dice mucho de Asturias y de los asturianos: siempre hemos tenido y tenemos una prensa magnífica. Si ya lo era, La Nueva España, bajo la tutela del Prensa Ibérica, se reforzó, mejoró y se convirtió en uno de los grandes de nuestro querido país; y lo sigue siendo gracias a la permanente apuesta por la captación de talento, por la innovación tecnológica y lo que es más importante: por su independencia.
[–>[–>[–>
El periódico -fundado en Oviedo bajo la tristeza de la Guerra Civil- es una muestra; una feliz muestra de lo que ha sido capaz de llevar a cabo Javier Moll –siempre apoyado, en una unidad de dos, por su querida Arantza—con este y todos los periódicos del grupo.
[–>[–>[–>
Como bancario, entenderán ustedes que siempre me veo, de alguna manera, obligado por los números, los datos, las cifras.
[–>[–>[–>
¡Vamos con ellos!.
[–>[–>[–>
Según datos auditados de enero de 2026, La Nueva España, en sus diferentes formatos, tiene 5,8 millones de usuarios únicos digitales y 35,7 millones de páginas vistas al mes. En papel son 183.000 lectores al día y casi 810.000 seguidores en redes sociales.
[–>[–>[–>
Por su parte, la casa grande: Prensa Ibérica, arroja una media de 2,1 millones de lectores de prensa y revistas; 24,1 millones de usuarios únicos al mes y 515 millones de páginas vistas al mes. Todo ello resumido en sus 25 diarios; dos semanarios y 4 revistas.
[–>[–>[–>
Pienso que los datos encierran siempre algo más que información pura y dura. En este caso, son un fiel reflejo de la fortaleza de un proyecto empresarial editorial como Prensa Ibérica.
[–>[–>[–>
Pero el buen periodismo –y de eso sabe bien y mucho Javier Moll— no se detiene solamente ni en los datos ni en el mero relato de las cosas; así, si seguimos la estela del premio “Príncipe de Asturias” de Comunicación y Humanidades en 1996, Indro Montanelli, el buen periodismo se ha de caracterizar por la independencia de cualquier poder / la honestidad intelectual; es decir, contar los hechos con sinceridad / la claridad en la escritura / contar primero la verdad y luego interpretarla / cercanía al lector / escepticismo de las versiones oficiales / y coraje profesional.
[–>[–>[–>
Sin duda alguna, las cabeceras del Grupo Prensa Ibérica y sus profesionales destilan el espíritu de Montanelli.
[–>[–>[–>
Una trayectoria coherente, no exenta, como es lógico, de apoyos y discrepancias fruto de una lucha diaria por llevar la información más completa a sus lectores. Solo así, manteniendo ese deber ser de las cosas del que hablaba hace un instante, Javier Moll ha podido convertirse en el último gran editor de prensa español y, mientras otros decrecen, desaparecen o se cuestionan su futuro, este grupo de comunicación español no hace otra cosa que crecer y pensar en nuevos proyectos.
[–>[–>[–>
Algunos de los presentes saben que mis obligaciones profesionales trascienden al ámbito asturiano. Y en mi recorrido por diferentes comunidades españolas, tengo estrecho contacto con muchos de los periódicos del Grupo. Y en todos, sin excepción, encuentro un encomiable afán por defender el interés general -por vertebrar- sin que ello suponga dejar de lado el interés de cada territorio.
[–>[–>[–>
Aún recuerdo el consejo del recordado Pepe Cosmen, quien -por cierto- coincidió hace algunos años con el matrimonio Moll-Sarasola en el lejano Pekín (Algún día nos dirás, querido Javier, si estabais en busca de algún proyecto editorial por aquellos lares…).
[–>[–>[–>
Pues, cuando asumí la responsabilidad de poner en marcha el Proyecto del Banco Sabadell Gallego en la hermana Galicia, estaba preocupado y casi diría que un poco asustado. Enseguida el genial Pepe salió al quite: “Querido Pablo, compra unos bombones que en Oviedo hay muchos y buenos y vete a pedirle consejo al director del ‘Faro de Vigo’, él es el que mejor conoce esas tierras”. Y así fue y así sigue siendo muchos años después.
[–>[–>[–>
Los que estamos hoy aquí sabemos bien que este es el mismo caso de LA NUEVA ESPAÑA; elaborado con mimo -cada día y todos los días- por grandes profesionales que conocen bien nuestra tierra. Un elemento no sólo esencial en la reciente historia de Asturias, sino que –yo diría—parte principal de esa historia. Todos los asuntos importantes que como asturianos nos han afectado, han estado precedidos o pospuestos por el análisis y el debate serio y sereno desde LA NUEVA ESPAÑA, contribuyendo en no pocas ocasiones ha desanudar algún conflicto o movilizar para bien a los asturianos.
[–>[–>[–>
Esta profunda implicación territorial -que impregna a los 25 periódicos del Grupo Prensa Ibérica, de norte a sur y de levante a poniente- contribuyen, a día de hoy, a impulsar esa España vertebrada que existe por encima del ruido que a veces tratan de imponernos desde otros lugares y desde otros intereses que no son los generales.
[–>[–>[–>
Este -el de vertebrar España- es, sin duda, el gran proyecto de Javier Moll, que ya supera los 45 años de vida. Un espejo fiel y riguroso de esa España que se afana por abrir espacios de diálogo en un contexto que a veces lo dificulta en exceso. Pienso en esa fina capa de aluminio o plata que convierte al cristal en espejo: así son sus diarios, el elemento imprescindible para que nos miremos a los ojos olvidando esa tradición tan española de “estar siempre a la contra del otro”; sin muchas veces saber por qué.
[–>[–>[–>
Decía Mark Twain que “viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”. Yo les invito estos días a viajar por los centenares de páginas que a diario se imprimen en los periódicos de Prensa Ibérica para ver cómo su enorme capilaridad vertebra el esfuerzo que hace esa inmensa mayoría de españoles que levantan la persiana cada mañana: mejorarnos y mejorar nuestro entorno.
[–>[–>[–>
Hoy nos reunimos en torno a un gran editor, pero también ante un buen empresario. Decía otro premio “Príncipe”, Ryszard Kapuscinski que “para ser buen periodista hay que ser también buena persona”; y, es evidente, que lo es quien cada mes mantiene miles de puestos de trabajo, generando e impulsando desarrollo allí donde están ubicadas sus empresas, allí en donde están sus profesionales.
[–>[–>[–>
Qué acierto, querida Cámara de Comercio, al reconocer a quien cuenta, a quien vertebra y a quien crea puestos de trabajo.
[–>[–>[–>
Voy finalizando.
[–>[–>[–>
Ninguna de las virtudes que he citado sobre el buen ejercicio del periodismo en general –y del que practica el grupo Prensa Ibérica en particular—tendría sentido si no fuera para y por las personas.
[–>[–>[–>
Cuando el propio Javier Moll hablaba en un artículo hace apenas unos días de que “las noticias de proximidad son nuestra razón de ser”, pienso que se refería precisamente a eso, al servicio a las personas.
[–>[–>[–>
Un servicio que nos “abre los ojos” y nos incita a mirar más allá del bosque que todo -o casi todo- lo oculta y que nos anima a contrastar nuestra visión local con una perspectiva global, haciendo del periódico un miembro más de la comunidad, “formando parte de la conciencia y del tejido social del territorio” en sus propias palabras. La cumbre anual del municipalismo o el proyecto “Asturias Exterior” son un claro ejemplo de esta visión de Javier y su equipo.
[–>[–>[–>
En tiempos especialmente convulsos –o mejor, en tiempos que no dejan en ningún momento de ser convulsos— la Medalla de Oro de la Cámara de Comercio de Oviedo a Javier Moll de Miguel nos permite mantener la esperanza en los buenos empresarios, en los buenos editores que defienden la verdad como ese espacio común y vertebrado en el que cabemos todos.
[–>[–>[–>
Un reconocimiento que estoy seguro que extiende a su querida familia y a sus compañeros de este extraordinario viaje en Asturias: mis queridos José Manuel, Melchor, Isidoro, Ángeles, Gonzalo y, ahora, Eloy, y a todos sus colaboradores y trabajadores.
[–>[–>[–>
Finalizo ya.
[–>[–>[–>
Winston Churchill nos dejó dicho que “el problema de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles, sino importantes”.
[–>[–>[–>
Pienso que -en términos generales- el paso del tiempo no ha desmentido al viejo Winston; pero mientras haya personas como Javier Moll, que -pudiendo hacerlo-, no se sienten importantes sino útiles, todo lo mejor está por llegar.
[–>[–>[–>
Enhorabuena, querido Javier, enhorabuena querida Arantza por este bonito reconocimiento y enhorabuena por ser un espejo fiel que cada mañana nos vertebra a todos.
[–>[–>[–>
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí