Vox, con permiso de Putin
El pasado lunes se congregaba en Budapest una pléyade de líderes políticos en apoyo de Victor Orban, actual primer ministro de Hungría, que enfrenta el próximo 12 de abril sus elecciones más difíciles. Las encuestas adelantan una derrota de Orban, quien lleva ostentando la dirección del país de manera ininterrumpida desde 2010. En todo caso, aún quedan semanas para esos comicios, y este lunes Marine le Pen, Matteo Salvini, Geert Wilders y, por supuesto, Santiago Abascal quisieron darle apoyo público.
[–>[–>[–>El acto se celebraba dos días después de las revelaciones, nada sorprendentes por otra parte, de la labor de espionaje a las instituciones europeas que el Gobierno de Hungría habría venido desarrollando al servicio de Putin. Siguiendo la información publicada, el ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno húngaro, Péter Szijjártó, habría estado filtrando las conversaciones y debates de las reuniones del Consejo. Es más, incluso en los recesos de esas habituales largas citas, Szijjártó se habría comunicado directamente con el Kremlin para pasarle información y, previsiblemente, recibir instrucciones.
[–> [–>[–>La respuesta del Gobierno húngaro no ha podido ser más honesta. «Coordino antes y después de las reuniones de los ministros de Exteriores sobre las decisiones tomadas o que se están por tomar con las personas que son importantes para los intereses húngaros», afirmó a la prensa el propio ministro de Exteriores, confirmando así sus conversaciones con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov. Como decía, nadie debe sorprenderse a estas alturas de la noticia, habida a cuenta de que Orban y su gobierno se han venido comportando como un infiltrado de Putin en Europa, tanto por su afinidad política, como por sus intereses financieros compartidos. La cuestión, quizá también retórica, es qué hace Vox compartiendo atril, grupo parlamentario, e intereses con Orban y el resto de sus acólitos.
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Merece la pena detenerse un momento en las cuestiones económicas, que últimamente tanto están presentes en el seno de Vox a la luz de las acusaciones de sus purgados internos sobre la maraña de intereses financieros en torno a Santiago Abascal. Pues bien, el banco húngaro MBH Bank (Magyar Bankholding) concedió un préstamo de 9,3 millones de euros para financiar las campañas electorales de 2023, que el partido no comunicó al Tribunal de Cuentas, y dos años después, en 2025, logró un nuevo crédito por importe de otros 7 millones de euros. Realmente, resulta algo exótico recurrir a entidades bancarias húngaras, entre otras cosas porque su moneda no es el euro, de modo que unos u otros asumen el riesgo de tipo de cambio, habiendo multitud de bancos no ya en España, que también, sino en el conjunto de la zona euro. Quizás ayude a entender el motivo conocer que el banco MBH está participado directamente por el gobierno húngaro, y comparte accionariado con el oligarca Lőrinc Mészáros, un personaje que replica las trayectorias de los multimillonarios que rodean a Putin. Hay que decir también que este mismo banco ha financiado las campañas de Marine Le Pen en Francia. Además, el segundo crédito de este banco público-privado húngaro a Vox coincide en el tiempo con su paso al grupo que había creado años antes el propio Orban en el Parlamento Europeo tras su salida del Partido Popular. Así pues, Vox participa de un entramado financiero liderado desde Budapest con Victor Orban a la cabeza como testaferro de Putin en Europa.
[–>[–>[–>Por otra parte, en el lado ideológico son obvias las afinidades mutuas a través de ese grupo de «Patriotas», nacido en Bruselas en 2024. Sus coincidencias parten de una mirada cínica a la democracia liberal que aplican tanto en sus respectivos países como en Europa. A nivel nacional, es obvio el trabajo de erosión de las instituciones democráticas que Orban ha venido protagonizando en Hungría, apenas con el contrapeso de las instituciones europeas a través del control y, en su caso, bloqueo del despliegue de fondos comunitarios en el país. En cuanto a la arena europea, han avanzado posiciones en esta legislatura llegando a concertar coaliciones puntuales con el Partido Popular, en una alianza inédita hasta la fecha que debería avergonzar a cualquier demócrata.
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En este sentido, la pasada semana, el canciller alemán Friedrich Merz llamaba al orden al presidente del grupo parlamentario popular, Manfred Weber, por su cooperación con la extrema derecha, destapada con la publicación de distintos grupos de washapps donde colaboradores del partido popular orquestaban estrategias conjuntas con sus colegas de los Patriotas e, incluso, de los Soberanistas, grupo donde militan los nazis de Alternativa por Alemania. El asunto es que, más allá de intereses comunes en algunos ámbitos, lo que Merz denunciaba es que esa cooperación del Partido Popular europeo con la extrema derecha representa una puerta abierta para que Putin extienda sobre Europa, vía Hungría y Patriotas, el modelo antidemocrático que ha puesto en pie en Rusia durante el último cuarto de siglo.
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[–>En todo caso, volviendo a la cooperación de Vox con Putin vía Orban, sus coincidencias van más allá de su interpretación sobre la naturaleza de la democracia, una que, en su visión, parece más cercana a lo que en España se llamó «democracia orgánica» que a una democracia (a secas). Su agenda política comparte una concepción de las libertades civiles e individuales reaccionaria, en la que se aboga por la supresión del individuo (el ciudadano), que queda supeditado a formar parte de una uniformidad cultural definida por ellos mismos y donde se alienta la persecución del diferente que, en su contexto, puede ser cualquiera que no comparta dicha agenda. Y, todo ello, por supuesto, cubierto por un barniz religioso que supone retrotraernos, al menos, a los tiempos previos al Concilio Vaticano II, cuando no a la Europa previa al nacimiento de la Ilustración, al surgimiento del siglo de las Luces que consagró la división entre el poder terrenal y el celestial, abriendo la vía para la secularización de la sociedad europea, consagrando, así, el reparto de responsabilidades que anunció Jesús y que intentó tumbar Diocleciano.
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Pues bien, la actual democracia europea, las de los Estados y la de la propia Unión, representa una amenaza existencial para el régimen puesto en pie en Moscú y, por ello, temeroso Putin del efecto contagio de nuestro modelo social sobre millones de ciudadanos en su propio país y otras zonas aledañas, respalda y da cobertura ideológica a Lukashenko en Bielorrusia, a Orban en Hungría o a Vox en España, quienes actúan como los ejecutores de la política dictada por el caudillo ruso que exige desarrollar una amenaza de desestabilización permanente al servicio de sus intereses. Y aquí es donde las contradicciones, al menos, con buena parte de los votantes de Vox acaban por explotar.
[–>[–>[–>Las interferencias rusas en el proceso independentista catalán fueron una realidad. La agitación mediática en redes sociales mediante bots rusos y la participación de personas del entorno de Kremlin conformaron una estrategia de desestabilización de nuestra democracia que deben estar presentes a la hora de valorar el servicio que Vox presta a Putin. Las propias labores de espionaje en la Unión Europea, así como los enfrentamientos institucionales permanentes, desestabilizan a la Unión y ponen en riesgo políticas públicas concretas, como la supervivencia de la Política Agraria Común. Y es ahí donde se da la gran paradoja política de Vox, siempre grandilocuente. Porque mientras se erige como supuesto defensor de determinados colectivos, como el agrario, actúa como correa de transmisión de las políticas de desestabilización de Putin, contribuyendo críticamente a perjudicar a aquellos sectores que con tanto adjetivo dicen defender.
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Una misión con la que Putin cuenta además ahora con la cooperación de la Administración Trump. No es casual que, desde hace meses, no hayan escuchado ustedes una sola palabra de ese partido sobre el acuerdo comercial firmado entre la Unión Europea y los Estados Unidos de Trump y, sin embargo, hayan escuchado todo tipo de falsedades respecto al que la Unión firmó recientemente con Mercosur, que abre un boquete en la nueva estrategia Monroe de Trump en la región. Por alguna razón, a Vox sólo le preocupa la seguridad alimentaria de las importaciones que no vengan de Estados Unidos. Las importaciones de Rusia están bloqueadas por las sanciones que han combatido desde los Patriotas. Sin duda, los tontos útiles al servicio de Putin, también lo son al servicio de Trump, y la respuesta a la guerra iniciada por el propio Trump en Oriente Medio es otra buena prueba de quién mueve los hilos de Vox
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Esos son los verdaderos intereses que dictan su acción política: servir a los grandes poderes extranjeros y sus deseos de debilitamiento de nuestras democracias, ya vengan de Moscú o de Washington, y que, aquí en casa, todavía encuentran el apoyo de figuras como el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, quien en su praxis está más cercano al Patriarca Kirill de Moscú que del propio Vaticano. Caretas fuera.
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