En esto no hay ensayo, ni florituras; solo llegar y hacer flamenco
Juan Antonio Fernández Montoya, conocido artísticamente como «El Barrullo» (Sevilla, 1990), lleva el flamenco grabado en el ADN antes incluso de tener conciencia de sí mismo. Nieto del legendario Antonio Montoya Flores, «Farruco»; hijo de Pilar Montoya, «La Faraona», y primo de «Farruquito», el bailaor creció en un hogar donde el arte no se estudiaba, sino que se respiraba en cada habitación. Recuerda con cariño cómo, a los cuatro años, intentó negociar ausentarse del colegio porque su verdadera ambición era irse «de gira» con su madre. Fue su abuelo quien, con sabiduría, le convenció para asistir a clase a cambio de una sorpresa que marcaría su vida: sus primeras botas de baile y el ingreso formal en la academia familiar. Aquel día, ante la mirada incrédula de toda su estirpe, nació un tecnicísimo y muy respetado bailaor que no se queda con la herencia recibida sino que le añade su «impronta personal». «El Barrullo» actúa este viernes 27 en Gijón, a las 20.30 horas en la sala Dragón Pass, una cita que servirá de preámbulo a una masterclass de tangos, alegrías y bulerías que impartirá el sábado.
[–>[–>[–>¿Cómo es nacer y crecer en una de las dinastías más importantes del flamenco?
[–> [–>[–>Tengo la grandiosa suerte de haber nacido en una familia de artistas y tener un gran referente como es Antonio Montoya Flores, el «Farruco». En mi casa se aprende antes a escuchar que a nada, porque desde el vientre somos una familia gitana y flamenca. Es cierto que en todos los oficios ocurre, y en el nuestro también, que no todos en la familia terminan siendo artistas; hay muchos que son grandes aficionados y entienden el baile, pero no lo ejercen. Aquí la saga sigue porque nuestros niños, desde que nacen, ya están con un instrumento en la mano jugando a bailar y cantar.
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Pertenece a una escuela muy definida, pero la crítica destaca que su baile tiene un sello propio. ¿Cómo define ese estilo?
[–>[–>[–>Es difícil describirlo con palabras. Mi madre amaba por encima de todo al baile, en mayúsculas. Ella me decía que amaba más al baile que a todo el mundo y a su familia, incluidos sus hijos. Me trasladó esa pasión de una forma tan única que al final eso va en la genética. Aunque venga de la misma raíz y también haya aprendido de mi primo «Farruquito», mi forma de bailar es quizá un poquillo más personal. Mi madre nunca me enseñó con un zapato de baile en la mano ni marcándome una patada o un remate. Ella me enseñaba simplemente dejándome verla, siguiendo su camino y mirándola. Punto.
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Llega a Gijón muy bien acompañado. ¿Qué nos puede decir de los artistas que estarán con usted en el escenario?
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[–>Al que conozco profundamente es a Nano del Amalio, que es un pedazo de guitarrista y de persona. A raíz de nuestra amistad íntima nace este proyecto. Al resto de los compañeros no los conozco personalmente, pero he visto sus vídeos y hacen un trabajo estupendo. Al final, como dice el refrán, Dios los cría y ellos se juntan.
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¿Qué va a encontrarse el público asturiano?
[–>[–>[–>Músicos y artistas contando su mejor versión en cuanto a repartir emociones se refiere. Vamos a entregar el corazón al máximo posible, sin quedarnos nada dentro, porque cuando se entrega el corazón nace la personalidad de cada uno. Aunque todos los corazones latan y bombeen sangre, no todos lo hacen con el mismo sentir.
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¿Habrá mucho espacio para la improvisación?
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Va a ser algo totalmente improvisado. No va a haber ensayo, no hay envoltorio, no hay florituras. Esto es llegar y hacer flamenco, hacer música pura. Se trata de que el cantaor me cante por soleá, el guitarrista me toque por soleá y yo les baile a ellos. Es un ejercicio de sincronización y sintonía.
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Además de la actuación, habrá clase magistral. ¿Qué busca transmitir a sus alumnos?
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Estaremos trabajando tangos, alegrías y bulerías en Alma de Tablao, en Gijón. Lo que intento es trasladar esa forma de entender el flamenco que me dieron en casa. Es una oportunidad para compartir esa sintonía que buscamos los artistas encima del escenario con los aficionados.
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