EMPLEO EN ESPAÑA | Mejora desigual en el empleo de España: cuando los datos récord de ocupación no llegan a todo el mundo
Ya hace tiempo que los datos sobre creación de empleo en España no dejan de crecer. Sin ir más lejos, hoy trabajan en España 22.463.300 personas, lo que deja la tasa de paro en un 9,93%, la más baja desde la crisis de 2008. Mejora también la estabilidad en los contratos; desde la aprobación de la reforma laboral de 2021 han aumentado hasta los 16 millones los trabajadores indefinidos, mientras que cerca de tres millones de empleados siguen hoy en día con algún contrato temporal. Sin embargo, el crecimiento del mercado laboral español no está llegando a todo el mundo por igual. Prueba de ello es que hoy, el 11,6% de los trabajadores españoles están en riesgo de pobreza, una cifra que sitúa a España a la cola europea en materia de precariedad laboral. Esta problemática afecta especialmente a mujeres, jóvenes y migrantes y grupos que, además, también tienen más problemas para acceder a un empleo pese a los datos al alza de ocupación.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Según los últimos datos del Eurostat, la agencia europea de estadística, tan solo los trabajadores de Luxemburgo (un 13,4%) y los de Bulgaria (un 11,8%) tenían más riesgo de caer en la pobreza laboral –es decir, cobrar menos del 60% de la mediana nacional– que los españoles (11,6%). Son cifras muy lejanas a la media europea, que está en un 8,2%.
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Precariedad laboral
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La precariedad laboral es, precisamente, uno de los principales motores para que el riesgo de pobreza afecte a un cuarto de los ciudadanos españoles (un 25,7%), según recoge el IX Informe Foessa 2025, un estudio que cada dos años ofrece una radiografía completa del estado social de España. Este informe asegura que el 47,5% del mercado laboral español, o lo que es lo mismo, 11,5 millones de personas, sufren hoy en día precariedad laboral. No solo se trata de personas que permanecen bajo el umbral del riesgo de pobreza mientras trabajan, sino también empleados que sufren inseguridad en su puesto de trabajo o insuficiencia de ingresos.
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Daniel Rodríguez, sociólogo y uno de los autores del informe FOESSA, asegura que la reforma laboral impulsada por el Gobierno de coalición en 2021 ha reducido la temporalidad de los contratos “de forma notable”, aunque en la norma todavía quedan puntos ciegos que abocan a millones de personas a la precariedad. “Sobre todo la parcialidad no deseada de los contratos”, destaca Rodríguez.
[–>[–>[–>Ser mujer
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Según la última Encuesta de Población Activa (EPA) del INE, el 13,8% de los contratos se firman a tiempo parcial en España. El estudio ‘Empleo y Pobreza’ de la Red Europea de Lucha Contra la Pobreza en España (EAPN) también lo pone de manifiesto. El 20,5% de las personas con contratos parciales es pobre. Además, estos contratos siguen siendo especialmente prevalentes entre las mujeres. El 76,3% de los contratos parciales lo firman ellas, según los datos del INE. El sesgo de género es evidente: entre los principales motivos que las personas que trabajan menos de 30 horas a la semana señalan para no ampliar sus horarios, solo el 4% de los hombres argumentó tener demasiado “trabajo en el hogar”, frente a un 12% de las mujeres. La tasa de paro también es más alta entre las mujeres (un 11,24%) que entre los hombres (8,76%).
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El 12% de las mujeres que trabajan a tiempo parcial no amplían su contrato por el tiempo que deben dedicar a los cuidados en casa
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Salarios más bajos
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Aunque no solo estos contratos parciales provocan el aumento de la precariedad laboral. Uno de los indicadores que más remarcan los expertos en estos casos son los bajos salarios. En 2022, el 18,8% de los trabajadores tenía sueldos por debajo del umbral impuesto por los académicos del Informe FOESSA. “En casi todos los territorios ha habido incrementos salariales los últimos años, pero si los ponemos en relación con el coste de la vida, los incrementos salariales han sido muy reducidos”, explica Rodríguez.
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[–>Es una declaración que avala el informe de ‘Perspectivas del empleo de la OCDE 2025:España’. El informe asegura que pese al “notable descenso del desempleo en los últimos años, el crecimiento de los salarios en España no se ha mantenido al ritmo de la inflación”. En concreto, apunta que el importe que llega a los bolsillos de los trabajadores sí que ha aumentado desde 2023 y 2024, pero que en términos reales –es decir, ajustado a la inflación–, los sueldos están un 4,2% por debajo del primer trimestre de 2021. De nuevo, quienes salen más perjudicados, según el Informe FOESSA, son los jóvenes menores de 25 años, que tienen un 40% más de posibilidades de acabar cobrando poco; las mujeres (un 25-30% de posibilidades) y los trabajadores extranjeros (un 25%).
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Ser inmigrante
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Los trabajadores extranjeros, de hecho, no son solo más susceptibles de cobrar menos por su trabajo, sino que lo tienen más complicado para acceder a un puesto de trabajo. Los últimos datos del INE indican que la tasa de paro entre la población extranjera a finales de 2024 es de un 15,79%, por encima del 10,6% de la media nacional en ese momento. No entran en estas cifras aquellas personas que todavía no tienen regularizada su situación administrativa y que muy a menudo se ven abocadas a trabajar en negro. “Lo que ocurre es que tienen que agarrarse a lo primero que les llegue, independientemente de si las condiciones son dignas o no”, denuncia Rodríguez, que recuerda que si en el conjunto de España la tasa de exclusión social es del 19%, las personas en situación administrativa irregular alcanza el 70%.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>En este aspecto tiene que jugar un papel fundamental la regularización extraordinaria impulsada por el Gobierno, que prevé estabilizar la situación de 500.000 inmigrantes. “Va a suponer un beneficio para muchas personas”, sintetiza el responsable del grupo de Empleo de la Red Europea de Lucha Contra la Pobreza en España (EAPN-ES), Victor García.
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Ser joven
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Los jóvenes son también uno de los colectivos que más complicado tienen acceder a un empleo digno. “Se están incorporando al mercado laboral con salarios más bajos de lo que lo hacían las generaciones previas”, explica el investigador de FOESSA Rodríguez, que explica que cuando un joven accede al mercado laboral en un periodo de crisis, arrastra la diferencia salarial “varias decenas de años”. “Lo hemos llamado ‘efecto cicatriz’”, explica el sociólogo.
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Esta precariedad se traduce también en una crisis de salud mental entre los jóvenes. Lo pone de manifiesto el estudio ‘La sensación de precariedad afecta a la salud mental de los jóvenes’ desarrollado por varios investigadores para el Observatorio Social de la Fundación La Caixa.
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El informe resuelve que el principal motivo que llevó a un 40,6% de sus encuestados a afirmar sufrir algún tipo de problema de salud física o mental por su inseguridad económica tiene más que ver con su sensación de precariedad y no con el empleo en sí. En esto tiene mucho que ver la crisis de la vivienda. Muchos jóvenes que no pueden emanciparse no sienten que hayan accedido a un nivel de vida digno.
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«La precariedad es ganar un sueldo mileurista con el que no puedes casi ni ahorrar, ni hacer la compra o acceder al alquiler de una vivienda», definió Milagros, de 34 años, una de las participantes del estudio. «Es estar en un bucle. Tengo 24 años y siento que si he de estar así toda la vida no conseguiré nada», lamenta María, otra de las participantes.
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«La salud mental es un gran problema de salud pública entre los jóvenes»
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«Hay una dimensión objetiva de la precariedad» que se basa en las condiciones del trabajo, según explica la coordinadora del artículo, Lara Maestripieri, y otra subjetiva. «Hemos hablado con personas que tenían un empleo estable y que se sentían muy precarias por varios motivos», resume la experta, que asegura que existe una resignación generalizada entre los jóvenes. «Y la resignación se traduce en una mala salud mental; es un grave problema de salud pública», defiende.
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Por todo ello, investigadores como García, del EAPN, piden que las políticas de empleo vayan de la mano con políticas de vivienda y políticas sociales. “Es importante que las políticas activas de empleo se dirijan a los grupos de personas con mayor dificultad”, sentencia García.
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