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los graves efectos de los desahucios en la salud

los graves efectos de los desahucios en la salud
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  • Publishedmarzo 27, 2026



¿Qué vida hay detrás de un desahucio? ¿El sistema pone en riesgo la vida de las personas afectadas? ¿La mayoría de las personas designadas como ‘ocupas ilegales’ deciden serlo? La primera pregunta se responde escuchando, la segunda con un rotundo «sí» y la tercera con un «no». Los datos existentes y por eso lo respaldan.

LaSexta ha acompañado a Maite, una okupa a su pesar, okupa involuntarioen una de sus actividades del ‘día a día’. Medicamentos para intentar conciliar el sueño, reducir la taquicardia y la ansiedad forman parte de su rutina.

Su pareja, John, se suicidó el pasado noviembre.apenas unos días antes de afrontar el desalojo programado del edificio en el que vivía. Asegura que todas las presiones detrás de este intento de desalojo condujeron a ello. Esta realidad, siendo el suicidio el caso más extremo, no es concreta: es un testimonio compartido por la mayoría de los afectados por un desahucio.

Efecto de los desahucios sobre la salud de los afectados

El 91% de las personas afectadas por los desahucios sufre depresión88% ansiedad y 32% riesgo de suicidio. Así lo demuestra un estudio realizado por científicos de la Universidad de Granada (UGR) junto con investigadores de la Escuela Andaluza de Salud Pública de Granada.

Los psicólogos consultados por laSexta coinciden en que «insomnio, ataques de ansiedad, depresión o trastornos alimentarios» son algunos de los problemas más comunes que afectan a quienes se ven obligados a salir de casa.

La (lamentable) realidad común

El efecto es masivo y generalizado. Como el de la comunidad de vecinos afectados por un posible desalojo generalizado a manos de Sareb, portal número 3 de la calle Piloña de Gijón. En su fachada se puede leer a metros de distancia la palabra ‘Sareb’ acompañada de un «depredador». Decenas de carteles cubren las paredes de su comunidad: «Sareb es el diablo»«engañan a las familias, se aprovechan de su debilidad», «acosan», «juegan con las casas».

14 familias alertan a los vecinos de la zona que llevan meses denunciando el incidente desalojo colectivo que afrontan «por culpa de Sareb». Todos los vecinos que han compartido su experiencia con laSexta afirman haber desarrollado problemas de salud desde que empezaron a llegar los primeros avisos de desalojo.

«Mi marido tiene Alzheimer y ha empeorado desde que llegó el primer pedido».

«estamos desesperados. Vivimos cada día con tensión. Mi marido tiene Alzheimer y como está escuchando que ‘si nos van a echar, nos van a desalojar’, está peor. Tiene miedo, no conoce nada más que este barrio. Sacarlo de aquí acabaría con él. Y, además, hemos intentado buscar otra alternativa para vivir. Pero nadie quiere alquilarle a gente tan mayor. Es muy, muy duro», cuenta Victoria a laSexta.

Ella y su marido tienen 81 años. Han pagado «siempre», dicen, el alquiler que firmaron hace más de una década. Y quieren seguir haciéndolo pero, como indican, «No podemos, con estas pensiones, asumir un alquiler de más de 800 euros«.

Al preguntarle a Alejandra, vecina del bloque desde hace más de cinco años, cómo le está pasando factura esta situación, su reacción es clara: “¿A mí? En mi corazón, porque sufro de un infarto. Desde que supimos que nos querían echar de nuestra casa he tenido muchas taquicardias y me han tenido que dar tratamiento.» El riesgo cardiovascular de las personas que se enfrentan a un proceso de desahucio es tres veces superior a la media.

Insomnio y ansiedad por «presión»

Vanessa, la madre de Pepo, 21 años, «siempre va a trabajar con ansiedad». Su hijo Pepo ha tenido que dejar los estudios a un lado para dedicarse «las veinticuatro horas del día» a su hogar y a su comunidad. Según explica, «nunca se sabe cuándo llegará el día en que nos saquen de aquí».

Desde que ella y su hijo enfrentan el desalojo afirma sufrir de insomnio. «Un día unos, otros, te llaman los mediadores. La presión que sientes es terrible. Cumples con la sociedad, trabajas, luchas por criar a tus hijos toda la vida y ahora nos quieren echar», afirma.

Esta es otra de las realidades detrás de cada desalojo: No sólo se quita un hogar, sino que se sacude una vida.. Testimonios como los de Maite, Victoria o Vanessa demuestran que el problema no es individual, sino estructural. Y en un Estado que presume de bienestar, la vivienda debería ser un refugio, no una amenaza. Pese a ello, hoy para miles de personas en España vivir es resistir.

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