Jesús Castro confiesa por qué este pueblo gaditano siempre tendrá un lugar en su corazón
«Hay un lugar que no se va aunque te vayas. Vejer de la Frontera se queda en tu mirada, en tu comprensión del silencio, en la calma que allí aprendiste sin darte cuenta. Creces pensando que es sólo tu pueblo, que sus calles blancas son normales, que el viento no es nada especial… hasta el día que te alejas de él. Y entonces lo entiendes. Entiendes que no eran sólo calles, eran recuerdos. Que esto no era una simple rutina, eran raíces. Y las raíces no se ven, pero tiran. Disparan cuando estamos lejos, cuando algo anda mal, cuando tienes que regresar sin saber exactamente por qué. Porque hay lugares que no visitamos… los llevamos dentro. Con estas palabras Jesús Castro resumió hace unos días el vínculo que tiene con la ciudad en la que nació y a la que, de una manera u otra, siempre regresa.
En un momento especialmente significativo de su vida -a punto de convertirse en padre doble con su pareja, la modelo mexicana Camila Canto-, el actor, que conquistó al gran público con la película el niño, compartió una reflexión que va más allá de la nostalgia. Es, en realidad, una declaración de amor a un lugar marcó su forma de ver el mundo.
“He tenido la oportunidad de viajar mucho y lo sigo haciendo, pero como mi tierra, Vejer… No hay dos como Vejer”. Cualquiera que llega por primera vez a esta localidad gaditana, situada a sólo 9 kilómetros de la costa y aferrada a lo alto de un cerro, comprende rápidamente el por qué de este apego. Sus casas blancas inmaculadas dispuestas como un laberinto en la colina, sus callejones y sus sinuosas laderas que te acercan a sus imponentes murallas y sus inmensos arcos, sus iglesias históricas, sus patios floridos, su castillo y sus miradores desde los que el paisaje se abre al infinito. Cada uno de estos lugares conecta con esta idea raíz que describe el actor.
Pero Vejer no es sólo estético. también es el ambiente de sus plazas, el sonido del viento del Este y esta sensación difícil de explicar de que el tiempo pasa de otra manera. Para alguien que creció allí, como Jesús Castro, todo era parte de la vida cotidiana, pero fue cuando se distanció cuando realmente entendió todo.
El mejor punto de partida para iniciar una visita a una de las ciudades más bellas de España es la Plaza de España, comúnmente llamada “de los Pescaítos”, su verdadero corazón. Alrededor de su bonita fuente de azulejos, los vecinos charlan al aire libre y los turistas intentan captar la belleza del lugar.
A unos pasos, después de haber subido una empinada colina, el Villa Arcoparte del 2 kilómetros de muralla de origen musulmán que aún rodea el centro históricoda paso a un entramado de calles donde historia y leyenda conviven en cada esquina. Los orígenes de Vejer se remontan a la Edad del Bronce, aunque fueron los árabes quienes crearon su actual entramado de calles blancas y sinuosas, tan propio de los pueblos andaluces.
Hablando de leyendas, la memoria popular cuenta que el emir marroquí Ali Ben Rashid se enamoró perdidamente de Catalina Fernández, una joven anciana cuya belleza le acompañó a Marruecos tras la Reconquista. Para aliviar la nostalgia de su amada, que añoraba las calles y plazas blancas de su ciudad, decidió reproducir en tierras lejanas un lugar que evocara su esencia misma. Así nació Chaouen, la pintoresca localidad marroquí que hoy mantiene un vínculo especial con Vejer, hermanada desde el año 2000.
Una vez conocidas sus historias, toca perderse por el laberinto de las callejuelas de la ciudad y hacer paradas en cada esquina, ya sea para entrar en tiendas de artesanía -como Juani Marchán o Ecléctica Deco Vejer- o para hacerse una foto frente a una colorida fachada de buganvillas. O entrar en la iglesia parroquial del Divino Salvador o, en lo alto del pueblo, ver los restos del castillo que corona el recinto fortificado. Fue construido en tiempos de Abderramán I y, siglos después, sirvió como residencia de los duques de Medina Sidonia.
Luego el paseo continúa hacia el Mirador de la Cobijada, uno de los lugares favoritos para tomar fotografías junto al Escultura de una anciana vestida con traje tradicional. y, al fondo, las fachadas blancas de Vejer.
En la judería, otro enclave a inmortalizar es el Arca de las monjasal lado se encuentra La Judería de Vejer (lajuderiadevejer.com), un albergue boutique con bonitas habitaciones y una taberna recomendable. Es recomendable reservar mesa en la terraza del primer piso para degustar su cocina tradicional con toques vanguardistas mientras disfrutas de otras fantásticas vistas de la ciudad a tus pies.
Muy cerca, junto a la fachada de la iglesia, otra visita obligada: Casa Varo (casavaro.com), el templo del atún en Vejer. Pero hay más, y restaurantes como Las 4 Estaciones (4estacionesvejer.com) o ya muy reconocido El Jardín del Califa (jardindelcalifa.com) –cocina marroquí– son un referente gastronómico. Este último con salón de té en la planta superior. Para algo más informal, el antiguo mercado de san francisco Alberga numerosos puestos de cocina internacional para disfrutar en mesas altas.
La última sorpresa de este pueblo de la comarca gaditana de La Janda es saber que Vejer tiene playa. Y no una playa cualquiera, no, sino la famosa playa de El Palmar: 11 kilómetros de fina arena blanca bañada por el Atlántico y con una oferta de chiringuitos en la orilla para todos los gustos, desde El Dorado hasta la clásica Casa Francisco (casafranciscoelde siempre.com), donde disfrutar de un buen mojito al son de la música. relajarse o cocina marinera, con el mar y en el mar.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí









