Desde 1962, pasó mucho tiempo
Pasaron muchos años, muchos más de los que en mi juventud pensé que alcanzaría. Fue en 1962 cuando Graciano García y yo pusimos la primera piedra en las páginas de este periódico que nos abrieron de par en par Paco Arias de Velasco, director, y Juan Ramón Pérez Las Clotas, redactor-jefe. Éramos jóvenes e inexpertos, pero queríamos a toda costa ser periodistas, aunque aún no habíamos escrito una sola línea para una rotativa.
[–>[–>[–>LA NUEVA ESPAÑA fue nuestra cuna y nuestra casa, y aún lo sigue siendo, porque solamente se nace una vez y fue aquí donde vi mis primeras letras impresas en un periódico, que, además, era el líder en Asturias, y lo sigue siendo. Aquí escribí muchos de los cientos de reportajes, artículos y entrevistas durante los veinticinco años de mi estancia. En el moribundo «Región», defendí la Constitución cuando ocurrió el asalto al Parlamento el 23-F. Y más tarde en «Hoja del Lunes», semanario de la Asociación de la Prensa, escribí algunos de mis mejores trabajos, desde la entrevista con el Príncipe Felipe cuando juró la Constitución, al encuentro privado con el Papa San Juan Pabo II en el Vaticano.
[–> [–>[–>Y por el medio, el viaje a México en 1985, cuando ocurrió el gran terremoto; el secretario general de ONU, varios presidentes, primeros ministros, personalidades de la cultura y la política; viajes por el mundo que rebasaron mis expectativas de aquel joven que en 1962 colocó aquí su primera línea y escribió después, además, 31 libros, ocho de los cuales dedicados a Oviedo, número aún no superado, según alguien me apuntó. El último, «Encuentro con mi vida», que tiene solamente cuatro meses de vida. Además de muchas páginas en otros que dan testimonio de amor por esta ciudad en la que vivo desde 1957 cuando vine a la Universidad, amor que comparto con Moreda, mi irrenunciable pueblo de nacimiento,
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De todo lo conseguido, soy creyente, doy gracias a Dios que condujo mis pasos hasta este momento, ya cumplidos (hoy) los 91 años, en que he decido que estas serán, salvo excepción, mis últimas líneas en estas mismas páginas de mis comienzos. Doy gracias a quienes me apoyaron e hicieron posible mi trayectoria. Y en este momento en que me siento un anciano satisfecho, voy a repetir unos versos que guardo en mi memoria desde los años del colegio, cuyo autor no recuerdo:
[–>[–>[–>«Quisiera dejar de mí en pos / robusta y fértil semilla,/ de esto que tengo de arcilla, / de esto que tengo de Dios».
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Y no añado una letra más, porque ya no me quedan. Las gasté durante todos estos años, y ya solo guardo los recuerdos y sus posos. Pero seguiré mis lentos paseos por las calles de la ciudad y seguiré encontrándome con la misma gente, aunque ya me faltan muchos en la lista, hasta que me llegue la gran llamada.
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