la electricidad es un 10% más cara en España que en Europa pese al boom renovable
España paga la luz mas caro de lo que las apariencias sugieren. Aunque el flamante vicepresidente primero y nuevo ministro de Hacienda, Carlos Cuerpoalardeaba de que, gracias a la penetración de las renovables en marzo, la inflación había conseguido contenerse «sólo» en un 3,3% ya que la generación «verde» fijó el precio de la electricidad en el 84% de las horas, frente al 25% de 2019, lo cierto es que todo está bien. una ilusión un espejismo que no tiene en cuenta el impacto de los impuestos gubernamentales ni del poder adquisitivo.
Porque el precio final que pagan los hogares, con todos los impuestos incluidos y medido en euros ajustados por paridad de poder adquisitivo, se sitúa en 0,32€/kWh. es un Un 10% superior a la media de la Unión Europea y sitúa al país como el sexto con la luz más cara del continente.
Los datos chocan con el canto del Gobierno de que la transición renovable ha abaratado la energía final. Originalmente, así debería ser, pero el carga fiscal que arrastra la generación eléctrica infla los precioscomo en el caso de los combustibles, y engorda el arcas del tesoro.
España ha acelerado como pocos países europeos en el despliegue de la energía solar y la energía eólica. El mix eléctrico ha cambiado profundamente en apenas una década. La generación renovable ya supera más de la mitad de la producción anual. Y, sin embargo, la factura final no baja. No lo hace estructuralmente. Y en algunos tramos incluso sube.
La razón no está en el sol ni en el viento. Está en todo lo que no se ve primero en el recibo.
Y el precio de la electricidad Sólo no se incluye lo que cuesta producir.. tambien aparece cuánto cuesta ponerlo a disposición en cada segundo del día. Y ahí viene un complejo sistema de peajes, cargos regulados, impuestos, inversiones en redes, servicios de ajuste y, sobre todo, apoyo.
Para evitar otro apagón como el del 28 de abril, que pronto cumplirá un año sin que los españoles sepan todavía quién fue el responsable último del «cero eléctrico», hay un blindaje que hay que pagar con la máxima de que cuando no hay sol o cae viento, el sistema no para. Se activa gas, hidráulica o nuclear. Y Mantener esa capacidad de respuesta tiene un costo. estructural que rara vez aparece en el debate público.
Un informe del Centro Peter Huber de la Universidad de las Hespérides, elaborado por el economista Daniel Fernández Méndez y el físico nuclear Manuel Fernández Ordóñez, señala que el sistema eléctrico europeo está mal medido desde sus cimientos.

Según este enfoque, la política energética ha estado condicionada durante demasiado tiempo por el costo nivelado de la electricidad (LCOE), una métrica que calcula cuánto cuesta producir un megavatio hora durante la vida útil de una instalación. Según estos autores, esta radiografía está incompleta.
El LCOE no incluye el Costo de integrar esa energía a la red.ni su impacto en la estabilidad del sistema, ni la creciente necesidad de respaldo cuando los cada vez más La enorme producción renovable cae a cero en determinados momentos. Y ese desfase de cálculo acaba trasladándose al consumidor final.
¿Un sistema intermitente sin energía nuclear?
España ha construido un sistema eléctrico cada vez más dependiente de fuentes intermitenteslo que requiere un refuerzo constante de la red y el mantenimiento de capacidad de generación alternativa siempre disponible. Esa arquitectura tiene un precio. Y no es menor.
la energia nuclear sigue jugando aquí papel menos brillante pero decisivo. Proporciona estabilidad al sistema, generación constante y previsibilidad en un «mix» cada vez más variable. Sin embargo, aunque es por ahora el único escudo con gas que ofrece certeza, ha al borde del apagón nuclear que el Gobierno se empeña en mantener, lo que añade incertidumbre en el mediano plazo sobre uno de los pilares de seguridad del sistema eléctrico.
Además, la energía nuclear se enfrenta a una carga fiscal que supone un lastre para su competitividad; ha aumentado casi un 75%, pasando de 16 euros el megavatio hora a 28 euros el MWh, superando la media europea.
La energía se encarece de camino a los enchufes
El resultado es un equilibrio complejo: una electricidad que puede ser barato en origen, pero se vuelve más caroa medida que fluye hacia los enchufes.
Entre la generación y la facturación hay una cadena de costes que sigue creciendo. Redes más robustas ante las crecientes oscilaciones por la intermitencia de las renovables, más sistemas de control, más respaldo térmico, más ajustes en tiempo real. Y todo eso está pagado.
El informe en cuestión sostiene que este desfase entre el coste teórico de producir electricidad y el coste real de garantizar el suministro continuo es una de las claves que explican por qué España mantiene precios elevados respecto a otros países europeos.
A esto se suma otro elemento estructural: fiscalidad energética. Impuestos, peajes y cargos regulados que forman parte esencial de la factura y que amplifican la distancia entre el coste de generación y el precio final.
El resultado es una ecuación difícil de explicar en términos simples. Un país líder en renovables, con un crecimiento acelerado de la energía solar y eólica, sigue teniendo una de las facturas eléctricas más altas de Europa.
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