El nuevo horno de Saint-Gobain pasa por una bajada del precio de materias primas y una seguridad tecnológica
El dinero -el mucho dinero (entre 17 y 255 millones)- concedido a la multinacional Saint-Gobain Glass no alcanza a solucionar las dificultades que presenta el porvenir que los trabajadores están pintando para Avilés: de ir adelante, la fábrica de La Maruca seguirá produciendo al menos veinte años más. Según ha podido saber este periódico, la operación del nuevo horno precisa la activación del Anillo Energético del Centro de Asturias, el abaratamiento de materias primas (calcín y carbonato sódico, mayormente) y la congelación del precio de las emisiones de carbono a la atmósfera (ahora andan por los 75 euros por tonelada métrica; en 2030 la prospección de los expertos la sitúan en 130).
[–>[–>[–>La multinacional Saint-Gobain Glass, con fábrica en Avilés, tiene dos años para aceptar la ayuda millonaria que le concedió la Agencia Ejecutiva Europea del Clima, Infraestructura y Medio Ambiente la semana pasada. La empresa se había presentado al concurso de estas ayudas -se llaman Convocatoria de Tecnologías de Emisiones Netas Cero de 2024 (IF24)– con la intención de lograr que los fondos europeos se hicieran cargo de hasta el 60 por ciento del coste absoluto del proyecto que se quiere llevar a cabo.
[–> [–>[–>Así que Saint-Gobain tiene mucho en qué pensar en estos dos años si lo que pretende es devolver al presente el futuro de uno de los negocios que hicieron de la comarca de Avilés uno de los polos industriales más potentes del país; un negocio que que desde 2024 -desde que ordenó cerrar su departamento de automóvil- vive sus horas más bajas, situación que se vio agravada el pasado verano ,cuando el horno sufrió dos averías consecutivas, precisamente en el horno float, el que está en solfa, el que Europa quiere ayudar a cambiar con el dinero concedido.
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Dos años
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Los dos años que tiene Saint-Gobain Glass para aceptar la ayuda tienen su explicación: el cierre del proyecto. Se da la circunstancia, en un principio, que la multinacional no pasó el primer corte para hacerse con la partida millonaria (lo hizo a la segunda), con lo cual, la posibilidad de levantar un horno dejó de ser urgente (al no contar con la reserva millonaria completa). La vuelta a la rueda supone, sin embargo, volver a colocar las piezas del artefacto que está llamado a garantizar el porvenir industrial de Avilés.
[–>[–>[–>Los expertos consultados buscan los modos para que Saint-Gobain se manifieste de manera favorable a la construcción del nuevo horno. Y, porque son expertos, saben de las dificultades a las que se enfrenta la planta de Avilés.
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Derechos de emisiones
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La Unión Europea da permiso a las empresas a emitir una tonelada de CO2 a la atmósfera si cada una de las fábricas emisoras compran los derechos correspondientes. El horno que Saint-Gobain planea para Avilés va a ser híbrido. El modelo, de hecho, se llama “Furhy”, que viene de “Hybrid Furnace” (“horno híbrido”): habrá gas, pero también electridad.
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[–>El abono de esos derechos nace con un objetivo: acortar las emisiones contaminantes; el planteamiento de la Unión Europea es que si hay que pagar millones por emitir carbono al cielo, el hecho de pagar por ello incentiva la creación de sociedades más verdes, un planteamiento lejos de la realidad. Por el momento.
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Materias primas
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Saint-Gobain tiene ante sí dos problemas de primera envergadura: el “Anillo Energético del centro” que viene con el cierre de todas centrales térmicas que, aparte de trabajar con carbón, servían como malla para la conexión eléctrica. Esto se traduce en que no hay posibilidad para una transformación adecuada de los 400 MW/h que llegan a la subestación de Tabiella, en Avilés. Esa subestación es la que utilizó la antigua Alcoa (y cuando producía, también Alu Ibérica). La administración se ha puesto manos a la obra para conseguir adecuar las infraestructuras eléctricas a la reclamación de las zonas correspondientes (la de Tabiella tiene reclamaciones industriales), pero va con retraso (tenía que haber terminado en 2025, pero no ha empezado siquiera: el nuevo límite es 2030).
[–>[–>[–>Esto corre parejo con la caída de la producción de carbonato sódico. La histórica Solvay produjo hasta 2024 un millón de toneladas de este material que, junto a la arena de sílice y el calcín, terminan siendo vidrio flotado. Solvay se encuentra inmersa en una regulación de empleo y una caída de producción de ese carbonato sódico (ahora está en 400.000 toneladas). ¿Qué ha pasado? Que el carbonato sódico también tiene origen natural a través del mineral de trona, que se encuentra en Wyoming, en Estados Unidos y también en China. Su explotación ha hecho entrar en crisis a la empresa cántabra, que es la principal proveedora de este material a Saint-Gobain. Los porcentajes, más o menos, del vidrio flotado son: 70 por ciento de sílice, 20 por ciento de calcín y el 15 por ciento restante para el carbonato sódico.
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