Los negocios, los bajos, los discursos
Basta pasear por cualquiera de nuestras calles, incluso las más concurridas, para sentirse entristecido al ver la sucesión de antiguos locales comerciales en los que cuelgan carteles anunciando su venta o alquiler. En aquellos que llevan más tiempo en esa situación se han adherido a sus cristales, sobre la suciedad, pintadas o anuncios de reclamos varios.
[–>[–>[–>Esa situación es prácticamente universal, ocurre en las grandes ciudades, en las pequeñas y en las medianas. En unas ocasiones, recientes, la trayectoria de esos negocios ha sido efímera; en otras se ha desarrollado durante un largo tiempo; en algunas ha llegado justo hasta la jubilación de sus dueños. En estos casos, podemos a veces asistir al mismo tiempo, a través de los medios, al júbilo y la resignación de sus propietarios: han alcanzado extenuados la meta, pero nadie quiere hacerse con su negocio, no tiene atractivo ni para los descendientes ni para gentes ajenas. En los pueblos pequeños, ese cierre supone muy frecuentemente la pérdida del único centro de sociabilidad o atención.
[–> [–>[–>Es cierto que se abren ahora algunos negocios que atienden nuevas necesidades, que son en su mayoría franquicias y que ofrecen servicios a precios bajos: manicuras, peluquerías, bares. En mi conocimiento, están atendidos muchos por sudamericanos u orientales, y no son pocos los que tienen también una vida efímera.
[–>[–>[–>
Las causas son evidentes: la competencia de las grandes superficies, los supermercados y la venta por correo; el que ofrecen servicios o productos que ya no poseen la demanda que tenían; el precio de los locales o los impuestos de los autónomos; la falta de atractivo para los jóvenes el trabajar en tajos que requieren una atadura de muchas horas, y, no menor, la política de los ayuntamientos contra los automóviles.
[–>[–>[–>Esos son los problemas de los negocios, pero queda otro aspecto: el de los locales. Es uno urbanístico, el de la fealdad y desánimo de los comercios vacíos; otro económico, las pérdidas para los propietarios. La razón estructural es que, en el pasado, se pensaba que los bajos deberían ser siempre negocios y que el comercio directo seguiría una expansión permanente. Hoy, eso ha muerto.
[–>[–>[–>
Añadan ahora un fenómeno paralelo: la falta de vivienda. ¿Podrían convertirse esos bajos, con las condiciones necesarias, en viviendas? Sí, y algunos están haciéndolo. Ahora bien, ese cambio está produciéndose con lentitud y encuentra –al margen de las condiciones del local– muchas restricciones por parte de los ayuntamientos o los discursos contrarios de partidos y asociaciones de todo tipo.
[–>[–>
[–>Una enumeración de los proyectos para revertir la situación o para impedir destinar a viviendas los bajos comerciales muestra bien a las claras que, en el mejor de los casos, se trata de iniciativas bienintencionadas que pretenden poner diques de arena a las avenidas de agua; en la mayoría, se elaboran discursos que desconocen la realidad del mundo en que vivimos, sino es que constituyen, simplemente, un hablar por hablar.
[–>[–>[–>
De un plan presentado entre el Ayuntamiento de Xixón y los comerciantes (https://www.lne.es/gijon/2025/02/20/gijon-quiere-combatir-cierre-comercios-114488953.html) les destaco a ustedes lo siguiente: «Gijón quiere combatir así el cierre de comercios: un plan para garantizar relevo y sugerencias de horarios». «El nuevo plan estratégico prioriza el uso de los bajos para negocios y quiere regular los locales vacíos y su mantenimiento y enlazar zonas de compras». De otro del PSOE: «Bajar negocios de los entresuelos a locales vacíos a pie de calle: el plan que el PSOE quiere arrancar con un gran estudio». «El informe serviría de base para la toma de medidas que activen la vida comercial de los barrios y liberen espacio para viviendas en bloques residenciales». O estas otras, a título personal, de la responsable de la Asociación de Comerciantes: «La solución al problema de vivienda no pueden ser los bajos comerciales». «El comercio local es sostenible en lo ambiental, social y económico». Y, mientras tanto, se multiplican las denuncias de que se retrasa la conversión de bajos comerciales o se ponen nuevos impedimentos para esa transformación.
[–>[–>[–>A mi entender, lo que se debe tener en cuenta en esta cuestión es, ante todo, el derecho de los propietarios a disponer de un bien que es suyo, cuestión de la que nadie, por cierto, habla. En segundo lugar, facilitar la conversión en viviendas de aquellos locales en que sea posible hacerlo, lo que, sobre atender al derecho de los propietarios, pone una línea de mejora, por tímida que sea, al problema de la vivienda. Y, sobre todo, entender que el pasado ya no va a volver y que hay que enfocar las actuaciones legislativas y urbanísticas con esa perspectiva, sin perder el tiempo ni el dinero en planes ineficaces por su concepción.
[–>[–>[–>
¡Ah!, y en la medida en que sea posible, no entorpecer más el comercio existente ni poner en marcha actuaciones que sigan expulsando a los compradores hacia las grandes superficies.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí