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enfado político y la otra guerra con su hijo mayor

enfado político y la otra guerra con su hijo mayor
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  • Publishedabril 1, 2026



Sevilla se ha rebelado contra Miguel Ángel de Solís y Martínez Campos (78 años), XI Marqués de La Motillatras una decisión un tanto inesperada que ha tomado: vender uno de los dos cuadros de El Greco -el que le pertenece- que se exponían en la ciudad de Sevilla.

Él marqués ha decidido deshacerse de una de estas dos obras pictóricas, según adelantó Loc. El ex marido de Carmen Tello (70) ha surgido, concretamente, de una cristo en la cruz, de 1590, adquirido por el colección casacubertamarsans.

El cuadro ha salido de Sevilla para llegar a Cataluña. Un extremo que ha molestado a algunas instituciones que no entienden ¿Por qué no ha sido valorado antes? la venta ni al Ayuntamiento ni a la junta de andalucíani a museo de bellas artes de Sevilla.

Esta transacción, por tanto, ha reabierto un viejo debate sobre el patrimonio en Sevilla: ¿Hasta dónde llega el derecho de un propietario privado? y donde la responsabilidad comienza con la ciudad y su historia.

Miguel Ángel de Solís y Martínez Campos, en una imagen de archivo.

Miguel Ángel de Solís y Martínez Campos, en una imagen de archivo.

Gtres

El reproche no se centra sólo en la venta, que es totalmente legal, sino también en la forma: el marqués no ofreció previamente la posibilidad de compra a las citadas instituciones, romper una práctica no escrita cuando se trata de piezas de excepcional relevancia.

El detonante se produjo después La Vanguardia ha alardeado de que Cataluña ya tiene su octavo Greco y anuncia que el lienzo, una de las primeras crucifixiones cretensesSe puede ver en el Hospital Sant Sever de Barcelona.

Pronto la prensa local de Sevilla ha alzado la voz, denunciando que Cristo en la cruz –un óleo de 178 x 104 centímetros procedente de la colección del II Conde de Águila-Se ha marchado sin que las instituciones andaluzas hayan tenido opción de retenerle.

El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento habla de «Nueva pérdida irreparable para el patrimonio histórico y artístico«, acusa al alcalde y a la junta directiva de «pasividad«y hablar abiertamente de los demás»saquear«vivido, por Murillo y Velázquez.

Fernando Solís, hijo mayor del marqués, con su esposa.

Fernando Solís, hijo mayor del marqués, con su esposa.

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El valor del cuadro de El Greco no es sólo emocional. Ya a principios del siglo XX, el historiador Manuel B.. cossio lo describió como «el superior, sin lugar a dudas» entre las crucifixiones de El Greco, mientras que el crítico Julius Meier Graefe La definió en 1911 como una obra «colosal».

Su historia, además, tiene algo de novedoso: durante años, el lienzo quedó olvidado bajo una capa de polvoen un rincón oscuro de la capilla de los Marqueses de La Motilla.

Los miembros que integran este ilustre apellido, según fuentes contemporáneas, no comprendieron del todo que este Cristo «con la cabeza tan pequeña y el cuerpo tan largo«podría valer mucho.

Restaurado en 1904 y luego colocado en el reclinatorio familiar, El cuadro vive desde hace más de un siglo a salvo en el palacio sevillano de La MotillaSalir a la calle muy raramente.

En concreto, sólo ha visto la luz a través de dos préstamos para exposiciones del Año Greco en Toledo y budapesty, más recientemente, una exposición organizada en Sevilla por el Fundación Enfoque.

En los últimos años, por tanto, dos aspectos importantes han pesado sobre el trabajo: quejas. Por un lado, una obra tan importante hha sido retirado del disfrute público durante tanto tiempo. Y, por otro lado, que, justo cuando se abría tímidamente al gran público, haya abandonado la ciudad.

La Administración andaluza insiste en que la Junta no fue informado de la operación y que no hubo negligencia, sino un vacío legal.

Es importante aclarar, en el marco del limbo jurídico, que El cuadro no fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC)por lo que gozaba de libre circulación dentro del territorio español.

Carmen Tello en una imagen de archivo.

Carmen Tello en una imagen de archivo.

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Sólo si hubiera tenido esa protección o si la venta implicara salir al extranjero habría sido obligatorio comunicar la transacción y el derecho de tanteo podría haberse ejercido.

El procedimiento, recuerdan, es conocido: una obra se declara BIC cuando se detecta riesgo de salida o cuando un ciudadano o perito lo solicita formalmente, como ocurrió con Las lágrimas de San Pedrode Murillo, cuyo expediente fue impulsado por la propia comunidad académica.

En este caso, ese paso nunca se dio a tiempo. El profesor Benito Navarrete, una de las voces más respetadas de la historia del arte andaluz, ha expresado su decepción por no haber activado la protección de El Greco antes de que cambiara de manos.

Navarrete eleva la responsabilidad al Ministerio de Cultura, a quien reprocha falta de reflejos en la defensa del patrimonio.

Al mismo tiempo, lanza una crítica directa al Marqués de la Motilla, al considerar que No ha mostrado interés real en que su legado artístico permanezca en Andalucía..

Es aquí donde la figura de Miguel Ángel de Solís se convierte en objeto de debate público: para algunos, simplemente ejerce su derecho como propietario de un bien desprotegido.

Enrique Solís, en un acto público hace unos meses.

Enrique Solís, en un acto público hace unos meses.

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Para otros, traiciona una forma de compromiso moral con la ciudad que le ha dado título, historia y prestigio. Él precio de la operación se mueve, según estimaciones de los expertos, dentro de un amplio rango, entre uno y hasta ocho millones de euros.

La colección Casacuberta-Marsans, por su parte, defiende la «pertinencia» de incorporar la obra a su conjunto, donde conviven tablas medievales y esculturas de la Corona de Aragón con pinturas de finales del siglo XIX y principios del XX.

Este discurso, legítimo desde el punto de vista del coleccionista, choca con la sensación en Sevilla de que la ciudad pierde un elemento irrecuperable de identidad.

Guerra con su primogénito

La polémica sobre El Greco llega también en un momento especialmente delicado para la imagen del marqués de la Motilla, que en los últimos años ya había sido protagonista de otra tormenta familiar y mediática: la disputa con su hijo mayor, Fernando.

Una disputa, no hace falta recordarlo, sobre la venta del palacio sevillano de La Motilla. Esa operación supuso deshacerse de la gran casa solariega que había sido emblema de linaje y el escenario de gran parte de la vida social de la familia.

Allí se había radicado Fernando de Solís en 2013, cuando se casó con su esposa, Eva Morejóncon quien tiene tres hijos, y la venta fue vivida por él como un golpe particularmente duro y significó – entonces – un grieta emocional en el ámbito padre-hijo.

De la noche a la mañana, la residencia heredada pasó a manos de un nuevo propietario: el empresario cordobés Mario López Magdalenoquien tomó las llaves de la propiedad histórica.

Los motivos esgrimidos por el marqués para justificar la venta del palacio apuntan a una realidad muy común en las grandes casas nobles: los enormes costos de mantenimientodifícil de asumir incluso con un patrimonio notable.

El costo de preservar el edificio, mantenerlo en buenas condiciones y hacer frente a los impuestos y las reparaciones habría sido insostenible, Obligándote a tomar la decisión de vender..

Lo cierto es que Miguel Ángel de Solís-Beaumont siempre había cultivado una imagen de gran discreción.

Licenciado en Derecho y dedicado a la administración de las actividades agrícolas y financieras del clan, había logrado mantener su vida privada razonablemente fuera del foco de los medios.

Más allá, por supuesto, de los inevitables ecos que su extensa familia -y su anterior matrimonio con Carmen Tello- generaron en la crónica social.

Miguel y Carmen: su historia de amor

El romance entre Miguel Ángel y Carmen Tello unía dos mundos muy visibles en la alta sociedad sevillana: la de una de las sagas nobiliarias más antiguas de Andalucía y la de una mujer que, con el tiempo, se convertiría en una figura muy cercana a la Casa de Alba.

Su relación se enmarcó en ese universo de caza, eventos de caridad, hermandades, ferias y vida social sevillana de alto niveldonde ambos formaban una pareja elegante, discreta y muy integrada en los círculos aristocráticos y culturales.

En ese contexto nacieron sus hijos y se consolidó una familia que, durante años, fue referente de aquel estilo de vida clásico de la aristocracia andaluza. Con el paso del tiempo, el vínculo se rompió y el matrimonio terminó en separación.

Del matrimonio de Carmen Tello con el marqués de Valencina nacieron cuatro hijos: Fernando, María del Carmen, Miguel Ángel y Enrique. El más destacado es Enrique Solís, quien tuvo una relación con Tamara Falcó (44).

Desde muy joven ha trabajado en el ámbito empresarial, especialmente en el sector hotelero: Fundó su primera empresa cuando sólo tenía 21 años.mientras estudiaba Negocios Internacionales entre Madrid y Nueva York.

Junto a sus hermanos impulsó Un disparouna cadena de hoteles de diseño con presencia en varias ciudades españolas; Además, desde hace cinco años preside The Seëlk, marca de complementos masculinos que abrió su primera tienda en Salamanca en 2021.



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