el auge de los influencers virtuales
Con una identidad completamente fabricada, los influencers virtuales ya compiten con creadores humanos y abren un debate sobre autenticidad, marketing y el papel de la inteligencia artificial en la cultura contemporánea. Son indicadores tempranos de un cambio estructural mucho más profundo, que ya está transformando el modo en que funcionan el poder, la cultura y la identidad en un mundo conectado y dominado por la hipertecnología.
[–>[–>[–>Los influencers virtuales son personajes generados por ordenador, construidos mediante IA, animación y una cuidadosa estrategia de marca, que operan en plataformas de redes sociales exactamente como lo hacen los influencers humanos, generando comunidades de millones de seguidores. Un nuevo estudio publicado en la revista Fudan Journal of the Humanities and Social Sciences analiza este fenómeno cultural y muestra que puede ser un indicador de un cambio de época.
[–> [–>[–>Muchos de los “influencers” con mayor cantidad de seguidores en Instagram y otras plataformas no tienen cuerpo, biografía ni vida fuera de la pantalla: son personajes virtuales creados por empresas para operar en redes sociales como si fueran celebridades de carne y hueso. Lil Miquela, por ejemplo, suma 2,5 millones de seguidores en Instagram; otras figuras similares, como Liu Yexi en China, también han construido audiencias masivas.
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La perfección que vende
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La existencia de estos avatares fue analizada en el nuevo estudio firmado por Tommaso Durante, especialista de la Universidad de Melbourne, en Australia. El investigador sostiene que los influencers virtuales son “síntomas” de un cambio más profundo en la forma en que se produce, circula y controla la cultura global.
[–>[–>[–>La investigación describe la expansión de un “capitalismo digital global” y una “re-globalización” mediada por algoritmos, plataformas y lógica de mercado. De acuerdo a una nota de prensa, el punto central es que estas figuras no improvisan. Están diseñadas para publicar con constancia, responder con precisión y sostener una presencia sin fisuras. A diferencia de los humanos, no envejecen, no cometen errores públicos no previstos y no se apartan del guión.
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Ese control total las vuelve especialmente valiosas para las marcas y para los sistemas de recomendación, que premian el contenido estable, optimizado y atractivo para la mayoría de los seguidores. Durante remarca que las plataformas como Instagram no son neutrales: sus algoritmos moldean qué se ve, qué se comparte y qué alcanza visibilidad global.
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[–>El capitalismo global de los algoritmos omnipresentes
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En esa arquitectura, la autenticidad también se vuelve un producto. El análisis advierte que los influencers virtuales ya participan del llamado “activismo de marca”: apoyan causas sociales o políticas mientras refuerzan la lógica comercial que los sostiene. La paradoja es evidente: voces aparentemente comprometidas que, en realidad, son administradas por equipos corporativos y calibradas para maximizar la interacción en las plataformas. Aquello que parece una expresión espontánea de convicciones puede ser, en cambio, una estrategia de rentabilidad.
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Referencia
Capitalismo digital (global) y reglobalización. Tommaso Durante. Revista Fudan de Humanidades y Ciencias Sociales (2026). DOI: https://doi.org/10.1007/s40647-026-00462-x
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La investigación plantea además que los algoritmos están inmersos en la estructura misma del capitalismo contemporáneo y que actúan como vehículos de una nueva ideología global. En ese marco, la cultura digital no solo distribuye imágenes: también ordena deseos, identidades y jerarquías. La comparación entre figuras occidentales como Lil Miquela y personajes creados en China muestra que las estéticas opuestas esconden un mismo sistema de producción simbólica, gobernado por corporaciones y plataformas.
[–>[–>[–>El fenómeno es un emergente de una época en la que lo humano, lo comercial y los algoritmos se entrelazan hasta volverse difíciles de separar: sin dudas, uno de los grandes desafíos del futuro será comprender esta división y recuperar la capacidad de sorprendernos y de emocionarnos con la realidad.
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