vecino de Vallobín y subcampeón de España con el Real Oviedo, deja el FIFA tras siete «largos» años
Nacho Abella cuelga el mando. El de Vallobín, que durante cuatro años representó al Oviedo en LaLiga eSports (competición similar a la Liga de fútbol, pero de FIFA, el videojuego), anuncia su retirada como gamer profesional de lo que ahora se conoce como EAFC tras siete años de carrera. Lo hace en el mejor momento deportivo de su vida y con la cabeza fría. «Ya no me llena. Ya no disfruto igual que lo hacía antes», reconoce.
[–>[–>[–>Abella cuelga el mando. / EA SPORTS
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La decisión llevaba tiempo cocinándose. En una entrevista con LA NUEVA ESPAÑA en 2024, Abella apuntó que podía ser su último año. Lo confirmó entonces para sus adentros, se lo dijo a su pareja Lucía, con la que empezó a la vez que comenzó a competir («lo que aguantó la pobre») y se marcó un objetivo: darlo todo en la última temporada y retirarse tranquilo, ganara o no. «Quería que el último año me lo marcase yo. Desde el día uno quería tener claro que ese iba a ser mi último año. Me dije: ‘Doy lo mejor de mí y cuando acabe, lo dejo’. Y siento que este año fue así».
[–> [–>[–>El 2024, además, le dio más de lo que esperaba. Abella terminó subcampeón de LaLiga FC Pro 2024 con el Oviedo, se clasificó para el Mundial y para la Champions League de los eSports en un mismo fin de semana. «Clasificarme al Mundial y a la Champions en un solo fin de semana no se puede describir», dijo entonces. Sin embargo, se marcha con una pena muy grande. Este año, el final de la competición llegó antes de que pudiera jugar las finales en el Tartiere, que este año se juegan en el campo carbayón y que era su otro gran objetivo para este curso. «No se dio, pero me voy tranquilo porque siento que lo di todo durante estos siete años».
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Desde que terminó la competición, la PlayStation no se ha encendido. «De hecho, tiene que estar llena de polvo, porque desde hace más de dos o tres semanas que ni la toco». No lo hizo por hastío, es que simplemente no ha sentido la necesidad. Siete años jugando entre ocho y diez horas diarias, sin fines de semana libres, sin horarios fijos, adaptándose a cada actualización del juego para no perder terreno. «El FIFA es siempre lo mismo. Pueden cambiar tres o cuatro cosas, pero siempre viene a ser lo mismo. Siete años haciendo lo mismo todos los días te desgasta mucho mentalmente».
[–>[–>[–>La historia de Nacho Abella no empieza en una sala de juegos con patrocinadores y luces de neón. Empieza en el barrio de Vallobín, en los recreos dando patadas al balón. Jugó en el Vallobín, en el Real Oviedo, en el Covadonga y en el Rosal. Ahora lo hace en el Celtic de Puerto. «No era de los que me encerraba en casa a jugar a la consola, mi hábitat estaba en la calle». Cuando tenía 19 años, su madre, Vicky, falleció a los 57. Dejó el módulo de Actividad Físico Deportiva que estudiaba en Grado y se puso a trabajar. Llegó a encadenar 90 días seguidos trabajando en hostelería y en actividades de turismo deportivo para poder independizarse. «Entraba a las ocho o las nueve para organizar rutas en bici por la Senda del Oso y luego me iba al Vips de Parque Principado, de donde salía a la una o las dos de la mañana». En sus ratos libres, un poco de PlayStation. «A diferencia de otros gamers, yo sé lo que es trabajar quince horas al día». Un día se apuntó a un campeonato de FIFA con su amigo Enol. A partir ahí, todo cambió. Representó al Deportivo de La Coruña, luego al Sevilla, con quien fue subcampeón de España, y al Elche, antes de cumplir el sueño de vestir de azul. «Ahora tengo 28 años y tengo toda la vida por delante. Estoy como cualquier chaval de mi edad porque en ese trabajo se gana un sueldo muy normal, aunque he conseguido tener unos ahorros». La siguiente etapa tiene poco de pantalla. Abella lleva desde el verano pasado preparando las oposiciones de policía municipal. Lo dejó aparcado estos últimos meses para centrarse al cien por cien en la competición, y ahora lo retoma. Gimnasio cuatro o cinco días a la semana, salir a correr, nadar… «Es algo que todo el mundo debería hacer, limpia mucho la mente».
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Y, por supuesto, del Oviedo no se va a despegar. El club le ha dicho que tiene la puerta abierta para lo que quiera, desde entrenar a los jugadores que puedan llegar hasta comentar torneos o participar en cualquier acción. «Tengo un vínculo que va muchísimo más allá de ser un jugador competitivo de FIFA, porque soy de aquí, por lo que represento y por el sentimiento». Reconoce que le costará ver a otra persona en su sitio, pero que ayudará en lo que pueda. Y seguirá en el Tartiere todos los fines de semana, viajando cuando puede, como lleva haciendo desde que regresó a vivir a Oviedo. «Estoy súper agradecido a todo el club porque nunca me faltó de nada. El presidente, Martín Peláez, me mandaba un mensaje de ánimo en cada competición».
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[–>Hay una camiseta que resume bastante bien lo que fue esta etapa. La de la Champions del Oviedo, con el escudo azul y el logo europeo. La única en la historia azul con el parche de la máxima competición europea. Tiene una en casa y otra está en las oficinas del club. «Cuando fui a jugar la Champions con la camiseta del Oviedo, iba como si fuera el mejor de todos. Me sentía el más realizado del mundo. Un chaval de barrio, normal y corriente».
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