el antes y el después de tres hórreos premiados por su rehabilitación
Todavía es pronto para saber lo que significará, con los años, la declaración de Patrimonio Cultural Inmaterial que el gobierno de España acaba de anunciar para los hórreos y paneras de Asturias. Más allá de la posible conquista de un reconocimiento similar ante la Unesco, como sucedió con la cultura sidrera, propietarios y asociaciones conjeturan sobre las modificaciones legales que podrían venir asociadas para garantizar un futuro mejor para estas construcciones muebles. Pero en el caso de Keko Marcos, Xandru González y Adharo García, su trabajo por la recuperación de este patrimonio no ha esperado a estos nuevos títulos. Los tres han sido premiados en los últimos años por la recuperación de hórreos y paneras. Con casuísticas distintas, coinciden en que el futuro de estos elementos tan singulares no puede ser su museificación. Han de tener uso y han de estar cuidados.
[–>[–>[–>Keko Marcos se lanzó a desarrollar un proyecto de permacultura (sostenible con el territorio) en Susacasa, en Gozón, entre Luanco y Verdicio. Aquel laboratorio cultural tenía, casería, cuadra y una panera. La restauraron en 2022. «Estaba bastante tocada, en un punto en que o la coges o la pierdes, y fuimos bastante rigurosos, aplicando procedimientos de bioconstrucción».
[–> [–>[–>Panera de Susaca (Gozón) / LNE
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La panera era, en realidad, el resultado de haber juntado dos hórreos anteriores. Son de finales del XIX, construcciones sencillas pero ahora muy bien conservadas gracias al trabajo de Marcos junto a un carpintero. Algo reacio a las trabas de la ley de protección, razona que las intervenciones tienen que seguir el «sentido común». «Hay que respetar al máximo el bien mueble, pero es más una cuestión de sensibilidad la que te lleva a no abrir ventanas o colgar geranios
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Después de cinco años, el proyecto de Susacasa está en una fase de descanso. Inicialmente incluyó la rehabilitación de la casería y un proyecto de producción agrícola. La panera, con un aforo de 22 personas, sirvió para desarrollar una parte cultural de la mano de la asociación de Luanco Más Norte. Dentro han realizado sesiones de literatura, música, formación, meditación, yoga…
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El complejo hórreo de Puerma / LNE
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Keko Marcos es partidario de las soluciones de turismo habitacional para los hórreos, «pero siempre y cuando estén asociados a una casa y una familia», matiza. «No vale que entren empresas dedicadas a restaurar hórreos y destinarlas al turismo, pero sí apoyar la economía familiar». Insiste en que el camino es la sensibilidad con el patrimonio. «No tengo más fórmula que el respeto a la construcción y sentido común. El triunfo, para mí, sería que no se cayeran más, eso sí sería un triunfo, pero por otra parte está claro que el uso agrícola ya no lo tiene, así que habrá que buscarle otro».
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Un albergue de hórreos
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Susacasa recibió el año pasado uno de los premios del Festival Adar, que organiza conciertos de cámara dentro de estas construcciones. En esa misma convocatoria también se reconoció al conjunto de hórreos de Puerma (Las Regueras) de Xandru González y Paz Mesa, que cuatro años antes ya habían recibido el premio «Hórreo Asturiano». Su caso no es para menos. La pareja, naturales de la zona, compró la casería en el año 2000. Hórreo había tenido, pero en ese momento sólo quedaban los pegollos, así que Xandru González buscó un hórreo de características similares (siglo XVIII) en la zona y lo encontró en Candamo, propiedad de una gente que lo quería quitar de una casa. Una empresa de Maeza (Salas) se lo instaló y, al poco tiempo, le avisaron de otro que regalaban en Pravia. Premio gordo, Xandru González se encontró con una construcción del siglo XVI, estilo Villaviciosa, con pinturas de las que quedaba poco pero que lograron restaurar con la ayuda de Armando Graña. Utilizaron la composición, conocida, de los pigmentos propios de la época y él mismo se encargó de volver a montar el hórreo en su casa. A la quintana llegaría todavía otro, de Salas, del siglo XVIII.
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[–>De todo este proceso, Xandru González extrae una característica principal del hórreo: «Están planteados para desmontarse y montarse, y la mayoría ya se han movido varias veces. Yo ya tengo experiencia y lo ves, las tablas están marcadas como un puzle, un sistema de líneas o de números, es más sencillo que un mueble de Ikea y eso explica que haya tenido tanto éxito, porque llevamos cinco siglos con el mismo modelo y ha cambiado muy poco». Insiste en que el hórreo asturiano es una solución brillante y que aguanta mucho tiempo al equilibrio sobre cuatro puntos de diversas fuerzas que actúan sobre un edificio. «Estamos tan acostumbrados a verlo que no nos damos cuenta de lo que ye, el bosque no nos dexa ver los árboles, pero el éxito fue inmediato y se empezaron a copiar al instante».
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¿Qué pasa ahora con el nuevo reconocimiento? Nada nuevo, viene a decir. «Yo me retrotraería a la primera ley de protección, de 1973, inspirada por historiadores como Menéndez Pidal. En el 75 ya se estaban empezando a poner paneras en las playas y estos historiadores sabían que si se seguía por ahí se iba a acabar con todo. Entre los pueblos se instaló el mito de que, con esa ley, no podías tirar un hórreo, y eso fue lo que los salvó».
[–>[–>[–>Descarta Xandru González el uso como vivienda. Fue ocasional cuando llegó el aluvión de trabajadores para la minería y en cuanto podían dejaban el hórreo. ¿Por qué? Porque una característica del hórreo es su permeabilidad. Al revés, la vivienda tiene que estar aislada. «Ese aire ye lo que lo fai al horro tan bueno como conservador, por dentro y por fuera. Pero si lo aislas se petrifica, y esos hórreos que se van convirtiendo en casas van dejando de ser hórreos, como se puede ver en algunos casos en la Pola de Somiedo. Estoy falando de horros vieyos, claro, que no te dan esas prestaciones, con uno moderno que caún faga lo que quiera».
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No tiene Xandru González problema con el debate del uso. «Para mí no son elementos sin uso. La belleza ye importante, pero no solo. Tienen una función, todos los horros que conozco la tienen. Da igual que sea para meter muebles, trastos, almacén de comida, lo que quieras, pero no son pieces de museo».
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Hórreo del caserío de Prámaro / LNE
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Sin uso real
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Al revés, Adharo García, al que la asociación del hórreo premió la recuperación de su hórreo del XIX en Prámaro, Cudillero, sostiene que no tienen «un uso real», y defiende el de vivienda asociada. En octubre de 2023 compraron esta casería que llevaba 20 años de abandono para un proyecto de alojamientos rurales . Al hórreo se lo comían los artos. Contrató a Santiago Trabe e hizo una restauración rigurosa. El problema, lamenta, es que ahora, por ser empresa, la administración no le dio la subvención a la recuperación de hórreos. «No se hace el enfoque adecuado, para que el hórreo tenga segunda vida tiene que tener un uso real. ¿Quién va a invertir 25.000 euros en rehabilitarlos si el único provecho es meter cuatro sillas debajo o aparcar el coche? No es rentable, hay que cambiar».
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