La misteriosa muerte de la influencer húngara Annabella Lovas en un barranco de Gran Canaria
El barranco de El Berriel es territorio prohibido para la mayoría de senderistas. Un desierto rocoso y paredes de más de cien metros en el que impera el silencio. Las rayas de cobertura oscilan y el GPS se desconecta. Lugar inhóspito en el sur de Gran Canaria, a la altura del Aeródromo de Maspalomas pero al otro lado de la autopista. Allí, en la parte alta y en una de las pozas que las lluvias forman en el cauce, hace un año la Policía Nacional localizó el cadáver desnudo de una mujer. Identificarla y dar por cerrada la causa fue «un reto» para los agentes de la Comisaría Local de Maspalomas al frente de la investigación.
[–>[–>[–>Quién era, cómo llegó al enclave y cómo murió fueron tres preguntas que durante meses estuvieron sobre la mesa de las Brigadas de Policía Judicial y Policía Científica. Annabella Lovas es el nombre de la víctima, pero por lo complejo del caso tardarían meses en averiguarlo.
[–> [–>[–>Cuando el 6 de marzo de 2025, los teléfonos de emergencias sonaron –a eso de las 16.30 horas– nadie imaginaba que el aviso terminaría siendo un rompecabezas tan difícil de componer. El cadáver de una mujer en descomposición y desnudo de cintura para abajo en un despeñadero; la ausencia de documentación y enseres personales de una víctima que no pudo ser identificada por sus huellas dactilares; autopsias que no revelaron causas de la muerte, y ADN no concluyente.
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El caso Berriel se convirtió en prioridad. Annabella, natural de Hungría y 32 años. Una exconcursante de televisión nacida en la ciudad de Kecskemét que se ganó la simpatía del público tras participar en un programa de búsqueda del amor, lo que le permitió convertirse en influencer y compartir su día a día en redes sociales.
[–>[–>[–>Para poder escribir la identidad pasaría tiempo, decenas de hostales recorridos, tiendas de tatuajes pisadas y correos cruzados con Interpol y Sirene, el sistema de cooperación de los países Schengen. El caso Berriel ha tenido tres fases y, por raro que parezca, se inicia en la segunda, ese 6 de marzo de hace ya un año. Era jueves y dos barranquistas –profesionales– se descolgaban para llegar a una de las charcas, cuando un hallazgo les obligó a detenerse. Allí localizaron el cuerpo sin vida de una mujer flotando bocabajo ataviada con una camiseta.
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Estanque en el barranco de El Berriel donde fue localizado el cadáver / LP/DLP
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La orografía impidió llegar por tierra a ella. Un helicóptero del Grupo de Emergencias y Salvamento (GES) la rescató, la trasladó al Aeródromo de Maspalomas y, acto seguido, al Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, donde comenzaron las pesquisas.
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[–>«Un caso muy raro, un reto para toda la comisaría por lo inesperado. Nunca esperas un hallazgo así, pero también por lo misterioso», cuenta ahora Pablo Fernández Sala, comisario jefe de la Comisaría Local de Maspalomas: «Una mujer muerta, medio desnuda, en un barranco al que es imposible llegar, en un charco».
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La investigación se presentó como un galimatías. «Era imposible identificarla«, recuerda Fernández Sala. Los forenses consiguieron establecer una fecha aproximada de la muerte: entre 15 y 20 días antes. Averiguar la data exacta no fue posible por el estado del cadáver, ya saponificado al pasar tanto tiempo en el agua.
[–>[–>[–>Mujer y joven eran los únicos dos datos. «Cómo había llegado hasta allí y por qué estaba desnuda de cintura para abajo era lo misterioso», dice el comisario, que pone el foco en tres interrogantes «esenciales»: la filiación, las causas de la muerte y cómo llegó al barranco. «Lo único que podíamos tener para identificarla en ese momento eran unos extraños tatuajes que tenía en el hombro y en la espalda».
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Porque las huellas dactilares no fueron una opción. «No disponía de huellas, los pulpejos estaban ya completamente destruidos. No había manera con los métodos tradicionales de identificarla», asegura.
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Quedarse quietos ante la falta de respuestas o –mejor dicho– a la espera de que llegase alguna, no era viable. El tiempo pasaba y ellos trabajaban contra reloj para identificarla. «Los compañeros de Judicial y Científica intentaron llegar a la charca, recomponer los hechos, sus últimos pasos, y hacer una inspección ocular, pero fue imposible», explica Fernández Sala. «Necesitas ser un profesional de la escalada, no cualquier excursionista».
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La opción –mientras formaban a agentes que pudieran recorrer El Berriel– fue inspeccionarlo por el aire. El helicóptero de la Policía Nacional y los drones fueron los ojos de los investigadores. «Comprobamos que en la zona no había ninguna de sus pertenencias: efectos, ropa que le faltaba, documentación… Nada. Peinamos los alrededores y todo fue infructuoso», asevera. El caso se torcía. Piedras en el camino. También cotejaron las bases de datos de denuncias por desaparición activas. De nuevo, sin resultados.
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Sin heridas visibles
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Al tiempo que los agentes trabajaban sin cesar en la comisaría de Maspalomas, recibieron una comunicación del Instituto de Medicina Legal. La autopsia no arrojó causa del deceso, pero sí descartó la muerte violenta, estrangulamiento, agresión sexual y ahogamiento.
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El estado del cadáver no permitía apreciar traumatismos o heridas que posibilitasen trazar la ruta que había seguido. Si había llegado andando hasta allí –cosa prácticamente imposible– tendría erosiones en los pies; si se había caído, magulladuras en torso y cabeza… La descomposición impedía descubrir heridas.
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«Se hizo un trabajo arduo, intenso«, recalca el comisario. Su equipo no se detuvo, aunque respiraba más tranquilo al no tener que buscar a un asesino. «El lugar tampoco era el propicio para que alguien tirase un cadáver. No es un sitio en el que tenga lógica cometer un crimen», asevera. Cómo murió Annabella Lovas es, un año después, una pregunta sin respuesta, pero los investigadores lograrían tener conclusiones más tarde.
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El Comisario de la Policía Nacional de Maspalomas Pablo Fernández Sala / ANDRES CRUZ
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Con el resultado forense, recorrieron los hoteles del sur de Gran Canaria para averiguar si echaban en falta a alguna huésped y lanzaron una alerta de cooperación internacional a través de Interpol y Sirene. «Miramos las localizaciones telefónicas pero no arrojaron resultado porque no hay cobertura ni antenas». Paso que daban, paso que llevaba a un camino sin salida.
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El comisario optó por formar a un equipo del Grupo Operativo Especial de Seguridad (GOES) para que llegar a la zona cero: la poza donde encontraron a Annabella. «Los agentes hicieron una inspección ocular e intentaron hacer el único recorrido a pie posible». ¿Hallaron algo? Nada. Mismo resultado que los drones: no había enseres.
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Tirar de archivo –y de buena memoria– fue la única solución. Y aquí empieza la primera fase del caso, como un flashback. El 29 de noviembre de 2024, la Policía Nacional recibió una solicitud de Sirene sobre una chica húngara desaparecida: Annabella Lovas. Los agentes la localizaron el 12 de diciembre en unos apartamentos de la Avenida 8 de Marzo de Playa del Inglés. Allí se hospedaba Annabella. Dijo que estaba bien y que no deseaba tener contacto con su familia. El caso se borró del sistema.
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Annabella dejó de comunicarse en redes dos días después. En febrero, los familiares denunciaron de nuevo su pérdida. Todo apuntaba a ella, pero los agentes necesitaban pruebas. A través de Sirene preguntaron si tenía tatuajes. Y así era. Se convirtió en la primera pista sólida.
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El barranco de El Berriel, donde hace un año se encontró el cuerpo de Annabella / LP/DLP
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Mientras tanto, intentaron recomponer los pulpejos con procedimientos químicos y sacaron ADN para cotejar con la familia. «La huella es el mejor método para identificar a una persona, pero hay países que no las toman», afirma Fernández Sala. El ADN tampoco resultó. «Era de muy mala calidad por el estado del cuerpo. No pudo ser validado para compararlo con la familia», explica. Hasta en dos ocasiones lo enviaron a Hungría. En vano.
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Annabella fue identificada en octubre. Y lo hicieron a través de una muela. «El molde se mandó por Interpol y dio datos concluyentes. Cuando ya tienes un nombre es más sencillo de averiguar porque la mayoría de personas tienen una ficha dental. Una dentadura es como una huella dactilar, tiene sus puntos característicos. La dentadura es la caja fuerte del cuerpo humano y lo que más perdura en altas temperaturas», detalla el comisario.
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Secuelas psicológicas
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Ya sabían quién era. La Policía Nacional trazó las teorías a posteriori sobre qué pudo ocurrir. No hay certezas. Annabella llegó a Gran Canaria de vacaciones seis meses antes del hallazgo tras superar una enfermedad que le había dejado secuelas psicológicas. El Consulado la calificó de «persona vulnerable» cuando comunicó su primera desaparición, en noviembre.
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«Las cicatrices causadas por el tratamiento contra el cáncer no desaparecen sin dejar rastro, pero he logrado superarlo todo y siento que me ha hecho más fuerte», dijo por redes sociales después de que la localizasen en diciembre. Tras eso sus perfiles desaparecieron. Allegados aseguraron a periódicos húngaros que «estaba muy afectada al enterarse de la enfermedad y veía el futuro con mucha tristeza», recoge el tabloide Blikk, en un artículo de 2024 en el que informan de las tareas de búsqueda.
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En su país de origen, Annabella se había convertido en una celebridad cuatro años antes, cuando participó en un programa para buscar el amor. No fue la elegida, pero se ganó el favor de un público que la convirtió en influencer. Hasta que el cáncer se cruzó en su camino, cuando se volcó, según Bors Online, en su espiritualidad y comenzó a viajar. Así llegó a España.
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La teoría policial es que se le terminó el dinero y acabó en la calle. Sobre la causa de la muerte, todo son hipótesis. En febrero del año pasado, una DANA azotó el norte, centro y sureste de Gran Canaria. «Pensamos que pudo morir en otra zona, ya sea por un accidente o una autolisis, y que la riada la arrastrase hasta El Berriel», explica.
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Y esa riada habría hecho también que la ropa se desprendiera. «Estar tanto tiempo en el agua que hace que el cuerpo se hinche y se deshinche. Por esto creemos que le faltaba la parte inferior de los ropajes», justifica. La familia ya ha sido notificada sobre los pormenores del caso. Annabella Lovas fue –al menos hasta el informe forense– en una Laura Palmer para la comisaría de Maspalomas que se enfrentaba, al igual que en la serie Twin Peaks, al hallazgo de una chica muerta, flotando. Las piezas encajaron poco a poco. Tercera y última fase. La Policía ha cerrado un caso en el que trabajaron Policía Científica, Judicial, GOES, unidad de drones, helicóptero… «Un reto», decía el comisario. Ahora resuelto.
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