Milei busca negociar con Londres la retirada del embargo de armas
– Europa Press/Contacto/Delfina Corbera Pi
MADRID, 5 de abril (EUROPA PRESS)-
Argentina conmemoró esta semana el 44 aniversario del asalto a las Islas Malvinas, administradas por Reino Unido y reclamadas por el país sudamericano, una guerra que terminó con la rendición de Buenos Aires y un embargo de armas impuesto por Londres, que ahora el presidente Javier Milei busca levantar con su próximo viaje a la capital británica, previsto entre abril y mayo.
Será la primera visita de un jefe de Estado argentino al Reino Unido desde 1998, con Carlos Menem en la Casa Rosada, y once años después de que ambos países retomaran relaciones diplomáticas tras una guerra no declarada de 74 días.
El propio Milei confirmó contactos con las autoridades británicas para que suspendieran una medida que permitiría al país latinoamericano adquirir alta tecnología militar y modernizar sus Fuerzas Armadas, en una entrevista concedida al diario ‘The Telegraph’ a finales del año pasado.
El presidente defendió entonces que «no hay potencias mundiales sin poder militar» y que «ningún país tiene relevancia en el contexto internacional si no puede defender sus fronteras» y, aunque ‘Downing Street’ se adelantó negando la existencia de conversaciones «concretas» al respecto, fuentes gubernamentales señalan que Londres y Buenos Aires seguirán abordando temas de defensa a lo largo de 2026.
En cualquier caso, está por ver qué artimañas utiliza el Gobierno argentino para lograr el retiro del embargo de armas, si para ello un líder ultranacionalista como Milei tiene que aparcar su reclamo de soberanía sobre las Malvinas.
Esta misma semana, el presidente defendió su «pleno derecho» a la soberanía sobre el archipiélago como una reivindicación «inquebrantable» durante el acto de conmemoración de la guerra de 1982, al tiempo que insistió en su «voluntad de alcanzar una solución pacífica y duradera» al diferendo, mediante la reanudación de las negociaciones con el Reino Unido.
Pese a este reclamo, la solución de Milei requiere el consentimiento de quienes residen en Malvinas, lo que ha sido percibido en algunos sectores del país como una rendición o transferencia a favor de Londres. «El voto más importante de todos es el que se hace con los pies y esperamos que el pueblo de Malvinas decida algún día votarnos con los pies. Por eso buscamos ser una potencia, al punto que ellos prefieren ser argentinos, que no hace falta recurrir a la disuasión ni a la convicción para lograrlo», afirmó en su discurso del año pasado.
Hasta el momento no se han revelado detalles sobre la visita de la ultraderecha al Reino Unido, pero en la Casa Rosada se espera que en la agenda se incluya un encuentro con el primer ministro del país, Keir Starmer. El Partido Laborista ha defendido en repetidas ocasiones que las Malvinas «son británicas» y que lo seguirán siendo, citando el referéndum celebrado en marzo de 2013, en el que el 92% de los poco más de 1.500 votantes optaron por mantener el estatus político del archipiélago como territorio de ultramar del Reino Unido.
EL EMBARGO DE ARMAS, UNA CUESTIÓN DE RECURSOS NATURALES
El embargo de armas, impuesto originalmente durante el primero de los tres mandatos consecutivos de Margaret Thatcher (1979-1990), se ha endurecido o suavizado dependiendo de las relaciones entre Londres y Buenos Aires. Estas sanciones impiden la venta de equipos «que se considera que mejoran la capacidad militar argentina» desde 2018, cuando el gobierno conservador de David Cameron eliminó una serie de restricciones adicionales que se habían impuesto cinco años antes.
Las tensiones entre ambos países por este archipiélago alcanzaron su punto máximo en 2012, cuando, coincidiendo con el 30 aniversario del desembarco, Londres acusó a la Argentina de Cristina Fernández de Kirchner de «perjudicar los intereses económicos» de los habitantes de las Islas Malvinas.
El Gobierno británico respondió así a las acciones diplomáticas y criminales que la dirigente peronista afirmó que emprendería contra cinco petroleras británicas, entre ellas Rockhopper Exploration, por realizar exploraciones de yacimientos sin permiso del Gobierno argentino, y en cambio de las autoridades del archipiélago.
La disputa recuerda a la polémica que surgió a principios de este año cuando dos empresas, Rockhopper Exploration y la israelí Navitas, anunciaron el proyecto ‘Sea Lion’, una plataforma de explotación de crudo a 220 kilómetros al norte de las Malvinas que prevé extraer 170 millones de barriles de petróleo.
Esta iniciativa les permitiría recaudar más de 10 mil millones de dólares sólo en su primera fase, cifra estimada en base al precio del barril en enero, meses antes de la sorpresiva ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Irán, el bloqueo del Estrecho de Ormuz por parte de Teherán y, con él, las fuertes subidas de los precios de los hidrocarburos.
El proyecto no prevé la primera producción petrolera hasta principios de 2028, pero ya provocó una protesta en Buenos Aires que considera estas actividades «ilegales» e «ilegítimas», según un comunicado del ministro de Asuntos Exteriores, Pablo Quirno.
LA DOCTRINA MONROE DE EE.UU. EN LA ECUACIÓN DE LAS MALVINAS
En este contexto, Estados Unidos ha mostrado interés en ampliar su área de influencia sobre lo que llama hemisferio occidental, y la ubicación del archipiélago -a unos 500 kilómetros al este de la Patagonia argentina- convierte a las islas en un poderoso atractivo en este sentido.
En esta ecuación, Milei, aliado del presidente estadounidense Donald Trump, puede ganar incluso si Washington prioriza la cuestión de la soberanía de las Malvinas sobre el levantamiento del embargo de armas deseado por Buenos Aires.
A su ubicación estratégica hay que sumar importantes reservas de petróleo, pesca y minerales -especialmente zinc, litio y cobre- y su fácil acceso a la Antártida, que posee la mayor reserva de agua dulce del planeta, en un mundo donde los recursos hídricos se han convertido en un bien tan preciado o más que el petróleo.
La guerra en curso en Medio Oriente, una de las regiones más secas del planeta, ha puesto de relieve esta realidad. Los ataques a plantas desaladoras -tanto en Irán como en sus vecinos del Golfo Pérsico- están poniendo en riesgo la vida de millones de personas que dependen de estas instalaciones no sólo para su propio consumo sino para la industria, el desarrollo urbano o la actividad agrícola.
El conflicto, que entra ya en su segundo mes, también ha puesto de manifiesto la fragilidad del vínculo entre Washington y Londres, debido a la negativa inicial de Starmer a apoyar la aventura de Trump, que se mostró «muy decepcionado» con el Partido Laborista, refiriéndose a su tradicional aliado como «débil» y «poco fiable». Sin embargo, el Reino Unido ha autorizado al país norteamericano a utilizar sus bases militares en la región para operaciones defensivas en el Estrecho de Ormuz.
La cuestión ahora es ver qué pasos da la Administración estadounidense para presionar al Gobierno británico a favor de la Argentina en el tema Malvinas y a cambio de qué, aunque las intenciones explícitas de la era Trump en materia de política exterior hacen que la posibilidad de una base militar en el extremo sur del continente no sea una idea descabellada.
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