Apolo 10, la misión olvidada de la NASA que hizo lo mismo (o casi) que la Artemis 2
La estupenda serie ‘Para toda la Humanidad’, cuya quinta temporada acaba de estrenarse en Apple TV, fabula sobre un mundo en el que la carrera espacial jamás se detuvo después de que los rusos llegaran a la Luna por sorpresa unas semanas antes que los americanos. El protagonista de la serie, al menos el eje que vertebra su fascinante narrativa ucrónica, es el astronauta ficticio Edward Baldwin, comandante del Apolo 10, ensayo general del viaje a la Luna que culminaría dos meses después el Apolo 11 de Armstrong, Aldrin y Collins. La serie, por supuesto, es pura fantasía especulativa, pero la misión del Apolo 10 es cien por cien real y permite tender un emocionante puente con el presente: el regreso de la NASA a la órbita lunar con la misión Artemis 2. Porque al fin y al cabo, la Artemis 2 es, como el Apolo 10, una gran prueba práctica para un futuro alunizaje, previsto, si todo va bien, para 2028.
[–>[–>[–>Lanzada el 18 de mayo de 1969, la (auténtica) misión Apolo 10 debía ejecutar todos los pasos previstos para llegar a la superficie lunar salvo el descenso final. El día 21, la tripulación, formada por los astronautas Thomas P. Stafford, John Young y Eugene Cernan, llevó el módulo Snoopy (así se llamaba el predecesor del Eagle) hasta solo 15,6 kilómetros de la superficie, el límite de seguridad establecido por la NASA. No se trataba solo de acercarse, sino de comprobar que todos los sistemas —propulsión, navegación, radares— respondían con precisión en el vacío del espacio. Durante la maniobra, la misión pasó por algún apuro, pues un error en el sistema de guiado provocó que el Snoopy comenzara a girar de forma inesperada. Durante unos segundos, la nave quedó desestabilizada, lo que obligó a la tripulación a tomar el control manual para poder salir del embrollo y embarcar en el módulo de mando Charlie Brown (el equivalente al Columbia del Apolo 11). El incidente se resolvió sin mayores consecuencias, pero sirvió para detectar fallos de ‘software’ y procedimientos que serían corregidos para el siguiente vuelo.
[–> [–>[–>Joel Kinnaman, como el astronauta Edward Baldwin en ‘Para toda la humanidad’ / Apple TV
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El regreso a la Tierra tampoco era un trámite menor. La reentrada en la atmósfera se realizó a más de 39.000 kilómetros por hora, velocidad escalofriante cuyo análisis de datos sirvió para calibrar los escudos térmicos de la cápsula y los ángulos de entrada. Un dato curioso: de acuerdo con el Libro Guinness de 2002, la cápsula del Apolo 10 estableció la mayor velocidad alcanzada por un vehículo tripulado a 39.897 km/h (11,08 km/s) durante su reingreso el 26 de mayo de 1969. Otro dato no menos curioso, al menos visto con la perspectiva audiovisual de 2026: el Apolo 10 fue la primera misión en llevar una cámara para televisión en color en el interior de la nave, e hizo las primeras transmisiones en color desde el espacio.
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Pilotos de prueba y valerosos astronautas
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En la ficción creada por Ronald D. Moore (autor de la apoteósica epopeya espacial ‘Battlestar Galactica’), el comandante Baldwin (Joel Kinnaman) encarna la frustración de una generación de valerosos astronautas, todos ellos pilotos de prueba militares, que se queda a las puertas de la gloria ante el inesperado alunizaje del enemigo soviético. Como en la misión real, el Apolo 10 de ficción desciende hasta las inmediaciones de la superficie del satélite, pero no llega a completar el alunizaje. Ese límite es uno de los motores dramáticos del personaje y, en verdad, de toda la serie: lo que en la realidad fue un paso previo necesario al éxito del alunizaje del Apolo 11, en la ficción se percibe como una oportunidad perdida que marcará el rumbo de la feroz carrera espacial entre rusos y americanos durante décadas, casi hasta nuestros días. No en vano, la serie fabula durante sus cuatro temporadas (y lo que llevamos de la quinta) sobre la instalación de bases en la Luna, su militarización, la incorporación de la mujer a la carrera espacial y el inevitable planeta Marte como nuevo campo de batalla simbólico.
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Logotipo de la misión Apolo 11. / Nasa
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Vínculo casi conmovedor
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Volviendo al mundo real, la prudencia de la misión Apolo 10 fue clave en el éxito posterior del Apolo 11. Es cierto que, técnicamente, podría haber alunizado, pero no era previsible (en contra de lo que sucede en la serie) que los cosmonautas rusos adelantaran a los americanos por la derecha y, por tanto, lo sensato era que rematara sus tareas encomendadas como sofisticado vuelo de pruebas. La misión permitió calibrar datos fundamentales: se testaron las comunicaciones en tiempo real con la Tierra, se cartografiaron posibles zonas de alunizaje y se ensayaron los tiempos exactos de cada fase del descenso y ascenso. Cada dato recogido sirvió para reducir la incertidumbre de la misión definitiva de Armstrong, Aldrin y Collins. Reinvidiquemos, pues, las figuras de Stafford, Young y Cernan, héroes sin premio, aunque el destino les tenía reservado una merecida propina: Young pisó la Luna en 1972 como tripulante del Apolo 16 y Cernan fue el último humano que hizo lo propio ese mismo año como miembro del Apolo 17.
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En ese sentido, el vínculo con Artemis 2 es casi conmovedor, como un hilo invisible entre abuelos y nietos. Al igual que el Apolo 10, la misión actual no busca el hito simbólico del alunizaje, sino eliminar riesgos y demostrar que el sueño interplanetario vuelve a ser posible 54 años después de la última misión Apolo. La nave Orion reproduce perfiles de vuelo similares: órbita lunar, maniobras de aproximación y regreso a gran velocidad. La diferencia es tecnológica, pero la lógica es idéntica: probar en vuelo todo lo que no puede simularse en tierra. Y, de paso, regalar a la Humanidad palpitantes hitos de la conquista del espacio, como conseguir que el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover y los especialistas Christina Koch y Jeremy Hansen sean los humanos que han viajado más lejos de la Tierra, superando el récord del atribulado Apolo 13, o permitirles ver el quimérico, por poético y misterioso, lado oscuro de la Luna.
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