1.000 habitantes y 7 km de costa con arena dorada y fina
Cada verano, cuando sube el termómetro en Madrid y los platós se vacían, Paz Padilla siempre hace el mismo gesto: mira hacia el sur, apaga el ruido y se refugia en un mínimo rincón de la Costa de Cádiz donde el tiempo parece ralentizarse.
No hay grandes avenidas ni hoteles gigantescos, sino calles cortas, casas blancas y una playa que se abre como una alfombra dorada frente al atlántico.
Para muchos turistas es un punto más en el mapa, pero para el presentador se ha convertido en sinonimo de hogarde luto curado al sol y de risas en la arena compartida con su hija ana y sus amigos de siempre.
el lugar, Zahara de los Atunesun pequeño distrito de Barbado con poco más que un miles de habitantes En invierno vive una doble vida. Un pueblo casi dormido el resto del año y bullicioso de chiringuitos, terrazas y pareos de lino cuando llega julio.
Su trazado urbano se organiza en torno a una modesta iglesia y una antiguo palacio-fortaleza vinculado a la nobleza andaluza, huella de un pasado en el que el mar era a la vez sustento y frontera.
No hay rascacielos ni grandes cadenas hoteleras; ellos envían el casas bajas encaladaslos patios interiores y ese silencio que sólo rompe el viento de levante y las conversaciones que se alargan a las puertas a medida que cae la tarde.
La verdadera carta de presentación de este refugio son sus playas, un lenguaje casi ininterrumpido de fina arena dorada que se extiende por más de 7 kilómetrosdesde el núcleo principal hasta las urbanizaciones que ascienden hacia el cabo.
A un lado, dunas y matorral costero; al otro, un mar de azules cambiantes donde el sol se esconde con una teatralidad que ha hecho del atardecer un ritual colectivo.
es eso paisaje, abierto y poco domesticadolo que ha seducido a un buen número de rostros conocidos que encuentran aquí algo tan valioso como escaso: el anonimato.
Entre ellos, Paz Padillaa quienes se les puede ver descalzos en la orilla, bailando en la arena o cenando en lugares donde el glamour se mide más en risas que en etiquetas.
Pero este pueblo no se entiende sin el pescado que le dio nombre y carácter. Durante siglos, la llegada de atún rojo marcó el calendario, la economía y hasta la arquitectura del lugar, construido en torno a la trampas y a las antiguas instalaciones donde se despiece y salazón del pescado.
Hoy esa herencia late en un oferta gastronómica que gira obsesivamente en torno al atún: el tártaro, panza asadamorrillo, encebollado… En primavera, un ruta culinaria Convierte sus bares en un laboratorio creativo y atrae a curiosos de toda España, dispuestos a peregrinar hasta este rincón del mapa para adorar el «oro rojo» del Estrecho.
Es en ese contexto, entre la memoria marinera, la devoción por el atún y una costa que sigue resistiendo una brutal masificación, donde la El enamoramiento de Paz Padilla por Zahara de los Atunes.
Para la mayoría, un pequeño pueblo de Cádiz; Para ella, el escenario silencioso donde organizar su vida entre baño y baño, y el refugio emocional al que siempre acaba regresando cuando se acaba la temporada de focos.
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