La soprano Serena Sáenz pone en pie al Auditorio en Oviedo
La XIII edición de la Primavera Barroca llegó anoche a su ecuador en una velada excelente que protagonizaron la soprano Serena Sáenz y el conjunto Vespres d’Arnadí, residente en este curso del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) que, en coproducción con la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo organiza este ciclo. La expectación que había despertado la cita se tradujo en una sala de cámara completamente abarrotada que, desde las primeras arias, demostró un respeto notable hacia los artistas, premiando con cerradas ovaciones la interpretación de cada una de las piezas que conformaban el atractivo programa.
[–>[–>[–>Bajo la experimentada dirección de Dani Espasa -también en las funciones de clavecinista-, la orquesta barroca, con una plantilla flexible de poco más de una docena de integrantes, ofreció cuidadas versiones de la «Sinfonia» de «Dorilla in Tempe» (Antonio Vivaldi) y números de «Les indes galantes» (Jean-Philippe Rameau). Culminaron sus intervenciones a solo en una magnífica ejecución del «Concerto grosso en Sol mayor», op. 6 número 1 (George Friedric Haendel), preciso y equilibrado, destapando el brillante sonido de la agrupación.
[–> [–>[–>Sin embargo, la soprano Serena Sáenz fue la gran conquistadora del público ovetense, exhibiendo una voz bien timbrada en todo momento, capaz de enfrentar arias de mayor lirismo, como «Rossignols amoureux» (Rameau) o «Lascia la spina» (Haendel), luciendo un poderoso fiato y una facilidad para solventar, con una musicalidad excepcional, las exigentes coloraturas. Particularmente destacadas fueron sus ejecuciones de «Aux langueurs d’Apollon» (Rameau), teatralizada, interactuando con los músicos, y del aria de Morgana, «Tornami a vagheggiar», de la ópera «Alcina».
[–>[–>[–>
La concurrencia, agradecida ante la calidad y el esfuerzo de los músicos –tras dos horas de recital– recibió como propina las arias «Agitata da due venti» (Vivaldi). que la propia Sáenz definió como un reto, y «Piangero la sorte mia» para poner en pie la sala de cámara.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí