¡los robos de los adoquines lo complican todo!
La preocupación es real dentro de la organización. Desde hace años, Thierry Gouvenou, director de la ruta, ve cómo el problema se agrava. «Cada año nos enfrentamos a más robos. Estos tramos son legendarios y la gente se lleva los adoquines como recuerdo, sin pensar en los enormes agujeros que dejan. Esto puede provocar graves caídas durante la carrera», explicó. La respuesta fue inmediata. Cuadrillas de trabajo recorren las áreas con picos y palas, revisando cada tramo y reemplazando adoquines de repuesto hasta el día anterior para dejar lista la ruta.
Los tratamientos Pavé no se limitan a volar. Correr también convive con el desgaste natural y las visitas inesperadas. Cabras limpiando la hierba entre las piedras, jabalíes quitando tierra y hojas. Todo suma para trabajar en una prueba donde cada detalle cuenta. Pero Gouvenou se apresura a señalar el riesgo mayor. «Esto es lo que más nos preocupa en los últimos años. Los agujeros profundos pueden afectar no sólo a la seguridad, sino también al transcurso de la carrera».
El adoquín marca la diferencia
El director de ruta insiste en el peso de estos sectores en una de las cinco grandes clásicas del calendario. «En secciones como Het Bos van Wallers puedes perder la carrera, pero no ganarla. Cada movimiento en estas secciones es decisivo y puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso». En París-Roubaix no hay tregua. Técnica, resistencia y colocación se mezclan sobre piedras que no perdonan errores ni improvisaciones.
Los equipos y corredores supervisan de cerca cada reparación. Saben que un adoquín mal colocado puede provocar una avería, un choque en cadena o un corte permanente en medio de una batalla. La organización mantendrá hasta el último momento las inspecciones, afinando los 30 sectores empedrados para que el domingo el adoquín vuelva a pronunciar su sentencia con su dureza habitual, sin escollos adicionales.
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