Una de romanos
Me encantan las tradiciones de Semana Santa como ver películas de temática histórico cristiana. El domingo de Pascua tocó «La túnica sagrada», cuyo protagonista, Richard Burton, por lo visto se quedó muy sorprendido cuando lo nominaron al Oscar y dio mucho la lata durante el rodaje porque era ateo, aunque también hizo de Heatclift en su juventud y aparte de sobreactuado no se sabe que molestara, pese a encarnar a un trastornado enamorado.
[–>[–>[–>En mi modesta opinión, el británico parece pasmado en toda la película, con los ojos extraviados y como alelado, antes y después de su accidentada conversión. Sin embargo se trata de una historia emocionante, con la bella Diana y el entusiasta Demetrio, pese a la falta de carisma del protagonista, al contrario que el Supremo Ben Hur, héroe de los héroes, o el apuestísimo aún en su veteranía Marco Vinicio, enfrentado a un Nerón sublime en Quo Vadis.
[–> [–>[–>Ver una de romanos en Semana Santa sigue siendo gustazo relajante que evade y además se convierte en ejercicio instructivo. Ilustra sobre el pasado aunque añada invención y romance a las bellas historias de milagros, fe, pasión y sacrificio. Y aunque ficción sea, no lo es que en aquellos tiempos del imperio romano, como en imperios anteriores y posteriores que llegan hasta hoy, se comerciaba con seres humanos y una nación poderosa por la riqueza y la fuerza, esclavizaba y pretendía poner a sus pies al resto del mundo.
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Así, como en aquella dinastía Julio-Claudia, con el loquísimo Calígula como eximio representante, y otros antes y después, hoy dominan el mundo diversos orates que de egregios no tienen nada. Concretamente uno de ellos amenaza a diario con arrasar naciones enteras, gesticula, insulta, ordena masacres, grita, hace payasadas, desautoriza a sus fieles, los avergüenza y aterroriza con sus constantes cambios de humor. Semejante mandatario tiene el mundo a sus pies ante el pasmo, horror pero sobre todo, sumisión incomprensible de quienes le soportan. Se entiende en una película de romanos, pero el mundo en que vivimos no lo es.
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