El retrete de Orión
Es lugar común en la narrativa oral montañera que momentos antes del inicio de una gran vía de escalada, al deportista le sobrevenga el síndrome conocido como «la cagada del miedo». Por escrito queda fea esa palabra, hiede, y suele sustituirse por algún eufemismo peor: defecar, evacuar, obrar, deponer, excretar, jiñar, hacer de vientre o hacer caca. Sea como fuere, esta necesidad fisiológica en la que se demuestra, entre otras cosas, que lo urgente no necesariamente es importante, puede provocarla el miedo; el miedo, al tensar el sistema nervioso, relaja los músculos rectales y perdemos el control del intestino.
[–>[–>[–>Pues bien, sabemos por nuestro ingeniero Carlos García-Galán, director de la NASA, que en la nave Orión, donde viajan los astronautas de la misión Artemis II para conocer la cara oculta de la Luna (el culo de la Luna), el retrete funcionaba malamente, al menos hasta el lunes, 6 de abril, que lanzo este S.O.S. Al margen de esta circunstancia tan prosaica, nos envían una fotografía, acaso realizada desde la ventanilla del aseo, en la que vemos el mar con algunas nubes y una gran masa de color marrón, que según dicen corresponde a África.
[–> [–>[–>Quizá nuestros héroes del espacio sideral, entrenados para rebasar la estratosfera y hacerle más de un guiño a la Ley de Newton, en esos momentos en que rompieron el hilo umbilical terrestre, acusaron un miedo que, añadido a la ausencia de presión atmosférica, alteró el funcionamiento de sus esfínteres y los condujo de manera perentoria al excusado. Pero el retrete no va, las aguas negras no fluyen, contradicen a Heráclito, con el riesgo inminente de que, a menos que surja un buen fontanero en Robledo de Chavela, haya que abortar la operación, prescindir de alguna órbita, so pena de que se bañen en las mismas aguas Artemisa, Orión y Baal-Phegor, y nuestra cápsula, embajadora del planeta azul, se torne caqui. n
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