Me honra que se prohíba ‘La casa de los espíritus’ en Estados Unidos; quiere decir que la consideran peligrosa
Se enciende la pantalla y ahí está, con más de 70 medios españoles y latinoamericanos asomándose a su casa californiana, Isabel Allende (1942). La autora viva más leída en lengua española y, después de la treintena de títulos que ha publicado tras debutar a lo grande con ‘La casa de los espíritus’ (1982), una de las que más promociones internacionales debe cargar sobre sus espaldas. «En mi familia les da terror cuando acabo un libro», ironiza durante la multitudinaria rueda de prensa que precede a esta entrevista. En esta ocasión, la escritora chilena, afincada desde hace años en Estados Unidos, no presenta novela, sino una suerte de memorias de escritura que, como el ‘Escribir’ de Stephen King, recopila vivencias, consejos y trucos del oficio a partir de una serie de clases magistrales que le encargó la BBC. El resultado, ‘La palabra mágica. Una vida escrita’ (Plaza & Janés), llega a las librerías esta semana, justo a tiempo para sumarse a la febril y disputada campaña de Sant Jordi.
[–>[–>[–>¿Qué tal es Isabel Allende como profesora?
[–> [–>[–>Pésima. No me gusta mucho la gente, y cuanto más jóvenes, menos me gusta. Además, soy pésima para enseñar algo de manera estructurada y me da lata corregir. Imagínate.
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Entonces, ¿se puede enseñar a escribir?
[–>[–>[–>La técnica y el oficio sí, pero no el instinto. No se puede enseñar a contar. El instinto para la pausa, para el suspense… No sé si es talento, pero seguro que es oído. ¿Qué es lo más brillante? ¿Qué es lo más oscuro? ¿Qué son los grises entremedio que no valen la pena contar?
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Ha escrito un manual de escritura que tiene mucho de autobiografía. ¿Imposible desligar una cosa de la otra?
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[–>Eso fue intencional. Yo quería contar mi experiencia, mi proceso. La forma en que yo lo he hecho y lo que me ha servido y lo que no, pero sin generalizar, de una manera absolutamente personal. Los 45 años que llevo escribiendo son el fundamento para poder decir lo que me ha servido. Es pura experiencia.
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La escritora chilena Isabel Allende, el año pasado en Madrid / Europa Press
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El ‘boom’ latinoamericano de los años 60, dice, fue un fenómeno machista, «reflejo perfecto de una sociedad y cultura machistas».
[–>[–>[–>Bueno, el machismo sigue existiendo. Y, además, hay una vuelta universal al machismo. Pero también hay un ‘boom’ de la literatura femenina; mujeres que están escribiendo unas novelas y unos cuentos que te paran los pelos. En Estados Unidos, además, hay más mujeres que hombres escribiendo novelas. Ha cambiado la cosa, sin duda, pero para acabar con el patriarcado habría que empezar por eliminar la testosterona de alguna manera; de que inventaran una píldora para contrarrestarla.
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Para acabar con el patriarcado habría que empezar por eliminar la testosterona de alguna manera; de que inventaran una píldora para contrarrestarla»
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Aún así, en ‘La palabra mágica’ asegura que no le gustan expresiones como literatura femenina o feminista.
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No hay que ponerle adjetivos a la literatura. Y siempre se lo ponen cuando cualquiera que no es un hombre escribe. Literatura afroamericana, literatura femenina, literatura juvenil… Todo es menos. La literatura son los machos blancos.
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Habla de censura y de autocensura, de que durante 300 años no se permitieron novelas en las colonias por considerarlas subversivas y dañinas. Hace poco, en Estados Unidos se batió un nuevo récord de libros prohibidos: más de 7.000 en solo un año. ¿Cómo se vive tan cerca de algo así?
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Mira, ‘La casa de los espíritus’ está prohibida en varios estados. La prohíben y después vuelve. Y me honra, porque quiere decir que tocó una fibra en alguien, que la consideran peligrosa. Pero hay una censura muy grave en las universidades, en las escuelas, en los textos. No se puede mencionar diversidad, ni raza, ni la historia de la esclavitud. Como si no hubiera pasado. Esa forma de tratar de cambiar el pasado y olvidarlo me parece gravísima.
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¿Sigue siendo la palabra escrita subversiva?
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Cuando cuentas una historia que vale la pena ser contada llegas a un montón de gente y puedes cambiar la forma en que la gente piensa. El mejor ejemplo que se me ocurre siempre es ‘La cabaña del tío Tom’, un libro que hizo más por abolir la esclavitud que los movimientos abolicionistas que venían trabajando hacía décadas en contra de la esclavitud. En los Estados Unidos fue ese libro el que creó conciencia en gente que ni siquiera tenía esclavos. Creó una conciencia del pecado nacional que esto era. La ficción tiene poder porque penetra donde no llegan otros medios.
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Hay una censura muy grave en las universidades, en las escuelas, en los textos. No se puede mencionar diversidad, ni raza, ni la historia de la esclavitud. Como si no hubiera pasado.
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‘La casa de los espíritus’ se convertirá en breve en serie de televisión pero, en su día, a punto estuvo el manuscrito original de no ver luz. ¿Cómo fue eso?
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Estuvo a punto de perecer, sí. Se me quedó en la peluquería. Lo saqué de un basurero grande donde lo habían tirado. Por suerte, estaba guardado en bolsa de lona, y lo tuve en esa bolsa colgando del brazo un año entero. Porque no había copias. Ahora que lo pienso, ¿cómo escribíamos entonces? En una máquina portátil, sin papel carbón, porque era muy sucio. Una sola copia. Cortar con tijera, pegar con ‘scotch’ y con típex se corregía. Mi mamá quiso que cambiara el nombre del villano, porque era el nombre de mi padre, así que nos pusimos en la mesa del comedor mis dos hijos y yo: Paula con una regla iba línea por línea y donde veía el nombre lo pintaba con típex, mi hijo lo secaba con el secador de pelo y yo lo metía en el rodillo de la máquina y cambiaba el nombre, que tenía que tener menos letras o las mismas que el nombre original, porque si no no cabía.
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Isabel Allende, fotografiada el año pasado depositando su legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes / Europa Press
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¿Qué expectativas tiene con esta nueva adaptación audiovisual?
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Muchas, porque creo que la historia va a llegar a mucha gente que nunca leerá el libro, sobre todo gente joven. Yo quiero verla porque no he leído el libro… Bueno, lo escribí, ¿para qué lo voy a leer? Quiero verla para acordarme de qué trata. Pero sé que han hecho un trabajo estupendo.
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¿La película le gustó?
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Me gustó mucho, pero era otro tiempo. Para que una película tuviera éxito internacional tenía que tener estrellas, ser en inglés y tener una cierta estética. Esa película se filmó en Europa, con un elenco completamente gringo, todos de Hollywood, excepto Antonio Banderas, que era el único latino. Y de latinoamericano, de chileno, no tenía nada. Pero era una buena película.
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