La banca teme la irrelevancia de España dentro del BCE
El riesgo de que España acabe siendo prácticamente irrelevante dentro del Banco Central Europeo (BCE) es más que real. Y eso es algo que temen las entidades financieras de nuestro país, que ven como todo apunta a que nos quedemos fuera tanto del comité ejecutivo- … desde donde se dirige la institución – como uno de los máximos órganos supervisores, con lo que ello implica en la toma de decisiones, reputación y peso internacional.
Hasta hace unos meses, España estaba ampliamente representada con Luis de Guindos de vicepresidente; Ramón Quintana como director general de supervisión de grandes bancos sistémicos e internacionales; y Óscar Arce como director general de Economía. él se unió a ellos José Manuel Campa como presidente de la Autoridad Bancaria Europea (EBA).
El mandato de De Guindos finaliza en mayo y será sustituido por el croata Boris Vujcic. Campa dimitió por sorpresa y fue sustituido por el francés François-Louis Michaud. Y Quintana abandonó su puesto, dejando paso al alemán korbiniano Ibel. El único que sobrevive es Arce, que fue ascendido por el Banco de España de Pablo Hernández de Cos. Asimismo, dentro del organigrama del BCE hay otra figura, la de Fernando Monar, encargado de la gestión de riesgos, aunque de menor importancia a los ojos de los bancos.
En teoría, el Gobierno español tendría posibilidades de hacerse con un puesto en el comité ejecutivo ya que de aquí a este año y el próximo se avecina una renovación profunda. Tras la elección del vicepresidente del BCE -tras la cual España queda al menos temporalmente fuera del organismo- en 2027, por este orden, terminan los mandatos del irlandés Philip Lane como economista jefe y de los franceses Cristina Lagarde como presidente, así como Isabel Schnabel como miembro del comité.
El vicepresidente y ministro de Economía del Gobierno español, Carlos Cuerpoha insistido en los últimos meses en que lucharán por tener una fuerte representación en el citado organismo. De sus palabras se deduce que el Ejecutivo buscaría hacerse con la presidencia o el cargo de economista jefe, el más jugoso; Sin embargo, no se ha especificado absolutamente nada sobre a qué puesto optará nuestro país de los tres que quedan vacantes.
Y mientras Economía juega con los posibles candidatos, países como Alemania y Francia, como avanzó ABC, ya están realizando maniobras para compartir esos dos puestos: el primero conservaría la presidencia por primera vez en su historia y el segundo tendría el papel de economista jefe. Fuentes bancarias señalan que este pacto entre las dos grandes del euro ya es una realidad conocida en el sector.
Pacto entre paises
La banca española lamenta que Alemania y Francia ya se hayan repartido los grandes puestos vacantes, como informó ABC
En el sector financiero van aún más lejos al resaltar que España se ha quedado ya sin opciones para ocupar el puesto de socio de rango de Isabel Schnabel. En este caso, señalan que se podría admitir a un país de tamaño medio y, con ello, se consumaría la salida de España del comité ejecutivo. En este sentido, las fuentes consultadas destacan que existe una norma no escrita según la cual los únicos países a los que siempre se les garantiza un asiento en el órgano son Alemania, Francia e Italia.
El banco lamenta la «enorme oportunidad perdida» que supondría dejar pasar la presidencia cuando hay una figura que economistas y entidades de todo el Viejo Continente coinciden en que sería ideal: el exgobernador Pablo Hernández de Cos. Pero dada la sucesión de acontecimientos, el sector financiero considera que esa puerta ya ha sido cerrada por el pacto Alemania-Francia; De hecho, Carlos Cuerpo ha evitado apoyarle en público. Los bancos, por tanto, no dan a De Cos ninguna posibilidad de convertirse en candidato a presidir el BCE. A esto se suma que la publicación del ‘Financial Times’ de que Lagarde planea adelantar su salida para que la elección de su sucesor sea antes de las elecciones francesas -y así neutralizar el riesgo de la ultraderecha de Marine Le Pen- ha pillado a España con el pie izquierdo.
Sin peso de supervisión
La otra pata en la que nuestro país caería en la irrelevancia es en la supervisión bancaria de la zona euro. En 2023 llegó el primer revés: España ascendió al vicegobernador Margarita Delgado presidenta del consejo de supervisión del BCE pero el cargo recayó en la alemana Claudia Buch. Las fuentes comentan que esta decisión se debió a la falta de apoyo del Gobierno y también a un esfuerzo de Lagarde.
Con la marcha de Ramón Quintana, España se queda sin directores generales en supervisión bancaria, una situación que puede tardar años en revertirse
En noviembre de 2025, Ramón Quintana anunció su salida como director general supervisor de los grandes bancos europeos. Apenas unos días después, el BCE anunció su sucesor y otro movimiento de presidentes de supervisión bancaria en el que España quedó completamente fuera. Fuentes financieras lamentan que se trata de un duro golpe a la reputación bancaria de nuestro país y que tardará años en recuperarse.
Gobierno y Banco de España
Así, en banca señalan dos factores de la notable pérdida de peso de España en la institución. Por un lado, creen que el Ejecutivo nacional ya debería haberse movido para intentar posicionar sus intereses en Europa, especialmente en lo que respecta al comité ejecutivo. Por otro lado, creen que el Banco de España También debería desempeñar un papel más activo en la promoción de perfiles de alto nivel hacia las instituciones comunitarias.
El temor en la banca es que se repita la situación de la gran crisis. En 2012, por primera vez, España se quedó sin representación en el comité ejecutivo tras el final del mandato de José Manuel González-Páramo. En aquel momento, los problemas financieros tanto de España como de sus bancos -además de cierta torpeza del Gobierno de Mariano Rajoy, dicen en el sector- pesaron mucho para dejar sin escaño a nuestro país, que no recuperaría un puesto hasta 2018 con la vicepresidencia de Luis de Guindos. Ahora el viaje por el desierto podría no ser tan largo ya que en 2028 se abriría la siguiente ventana de oportunidad para volver al máximo órgano de gobierno, aunque allí España ya habría acumulado más de dos años sin representación.
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