Sus dueños saben que tienen un tesoro
La salvaguarda de los hórreos y paneras tiene en Asturias en la actualidad muchos frentes abiertos. Subvenciones para rehabilitaciones, planes de difusión públicos y privados, iniciativas para reutilización de piezas, hasta propuestas de trueques. Y nada sobra cuando se habla de un patrimonio que representa a Asturias como ningún otro, pero que ha pasado décadas en el inmovilismo, acumulando escayos y desidia. Unas construcciones que, como bien se sabe y se reprocha, ni siquiera tienen un inventario total. De ahí que los cerca de 15.000 ejemplares incluidos en los catálogos urbanísticos de algunos concejos (solo Gijón tiene casi mil y Cabranes más de 250) puedan ser 20.000 o 25.000 cuando se echen cuentas exactas. Porque ni todos los concejos tienen catálogo ni todos han incluido sus hórreos en ellos.
[–>[–>[–>El último de esos frentes vencidos está en la decisión adoptada el martes en el Consejo de Ministros de reconocer estas construcciones del norte de la península Ibérica como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial. Una declaración con la que se quieren combatir una serie de riesgos detectados para su mantenimiento, como «la desvinculación funcional del hórreo y su homogeneización, la desconexión intergeneracional o la pérdida de contextos culturales».
[–> [–>[–>Falta por ver el alcance y el calado real de la declaración, pero los más optimistas ven en la medida otro puntal para sacar de esa especie de limbo en el que están los hórreos, paneras y cabazos de la región, lo mismo ante las administraciones que ante los propietarios.
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Una panera estilo Allande, ubicada en el concejo de Allandes / Irene Muñiz
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En busca de la declaración BIC
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Pero si se trata de frentes abiertos hay uno, largamente demandado por todos los expertos, que está en marcha. Se trata del trabajo para seleccionar los mejores exponentes de los hórreos y paneras asturianos para iniciar la declaración como Bien de Interés Cultural (BIC). El máximo nivel de protección patrimonial.
[–>[–>[–>En esa catalogación de «joyas» lleva inmersa desde 2024 la geógrafa candasina Irene Muñiz, como miembro de la Asociación del Hórreo Asturiano, en un trabajo que inició en colaboración con el arqueólogo Fernando Mora, de la misma entidad. El objetivo a cumplir es presentarle cada año a la Consejería 50 construcciones destacadas perfectamente inventariadas. Ya han presentado cien y este año cumplirán presentando otras 50. Y hay más que de sobra para seguir algunos años buscando y retratando ayalgas, en una labor sistemática que no se había hecho hasta ahora, aunque sea de alguna manera heredera de los estudios que otros expertos hicieron sobre el tema, entre ellos Juaco López, Rafael Balbín, Armando Graña, Astur Paredes, Efrén García….
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La Consejería de Cultura, con Vanessa Gutiérrez como titular, se ha comprometido a iniciar esas declaraciones BIC con solo un centenar de ejemplares. «Nuestra intención es que así, poco a poco pero de forma paulatina, se vaya catalogando la mayor parte posible de los hórreos, paneras y cabazos», expone Muñiz.
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[–>Una base de datos con más de cien construcciones
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«Lo que estamos haciendo es generar una base de datos con las características de los hórreos: medidas, decoraciones si las tienen, policromías, tallas si las hay, tipo de estilo, su estado, fotos actuales…, y hasta añadidos de la intrahistoria de estas construcciones según nos cuentan sus propietarios», explica la geógrafa. Toda la información se traslada a la Consejería de Cultura «y serán ellos los que decidan» qué ejemplares quedan incluidos en esa primera selección de la declaración BIC para la que aún no hay fecha.
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Por ahora la prioridad en esa base de datos se la están dando a los hórreos y paneras que cumplen criterios de «antigüedad, conservación, usos, atendiendo a los que tienen tallas o decoraciones singulares…» enumera. Criterios todos que puntuarían alto cuando se plantee si son merecedores de ser reconocidos como un Bien de Interés Cultural. «Parecen todos iguales, pero no lo son», puntualiza la geógrafa sobre una obviedad que no lo es tanto.
[–>[–>[–>En la selección con la que han empezado la base de datos van tirando de las fuentes informales y algunas formales. El inicio es fácil. «Nuestra asociación conoce mucho el territorio y sabemos dónde hay buenos ejemplares de hórreos; y hay algún catálogo urbanísticos que también tienen referencias claras». Ahí están los incuestionables. «Y luego están las aportaciones de nuestros contactos: entidades vecinales, personas que conocen bien los pueblos… Les preguntamos y siempre hay quien te pone en la pista», reconoce.
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Decoración de un hórreo en Quintueles / Irene Muñiz
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La panera más antigua está en Quintueles
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En este momento de la búsqueda es prioritario «contactar con los propietarios, para que nos den la autorización de que nos plantemos allí y nos pongamos a medir y a documentar». Ese contacto genera también información para el catálogo. «Muchos dueños te acaban contando historias personales vinculadas a su hórreo y algunas las incorporamos a esa base de datos porque lo merecen. Recuerdo una panera en Quintueles (Villaviciosa), la más antigua de la que tenemos constancia hasta ahora ya que es de 1631, lo que la hace tener una alta relevancia cronológica, que ha formado parte del Arzobispado de Oviedo, la Fundación Evaristo Valle, y fue modificada durante la guerra civil. Todo eso merece estar registrado», dice. Como hórreo destacable se le va la mente «al de la Casona-Palacio de los Argüelles, en Siero, que forma parte de un conjunto de excepcional valor».
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También es prioritario que haya una selección de construcciones representativa de toda la región. «Intentamos recopilar en todos los concejos para que al final de año entreguemos un catálogo equilibrado». Y respecto a los años de datación, «hay de todo. Desde el siglo XVI al XIX». Pero es destacable «que hay muchos del siglo XVI».
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Algunos están abandonados
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Asegura Irene Muñiz que en esta primera selección se está encontrando la realidad de Asturias: «Desde ejemplares muy bien conservados por sus propietarios, que igual son la mayoría, a otros que pese a su importancia están más bien abandonados. Muchas veces soy yo la que les doy información que ellos no sabían. Es bonito y te dan las gracias porque aprenden contigo». Eso sí, su sensación es que «todos los propietarios valoran lo que tienen, aunque no puedan dedicarle el dinero o la atención que requieran».
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Insiste Irene Muñiz en que el discurso de preocupación sobre todos los hórreos que están cayendo, demasiados para lamento de muchos, no debería orillar que «se están haciendo cosas». Como los 2,5 millones destinados por el Gobierno regional desde 2019, en un programa continuado de conservación que ha permitido apoyar rehabilitaciones en 445 construcciones tradicionales.
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«De unos años para acá la consideración sobre los hórreos y paneras ha crecido notablemente. Y creo que nuestra asociación tiene algo que ver. Se sacó el hórreo a la calle, por decirlo así. Es un elemento distintivo de la región que estamos cansados de ver, que lo tenemos delante, pero que no conocemos. La asociación siempre insistió en que había que darlo a conocer no solo como elemento arquitectónico, sino porque tiene un valor mucho más allá. Y vemos que la gente lo siente como suyo. Lo valoran la sociedad y los propietarios. Creo que hay menos desidia, aunque eso no quita que es un patrimonio muy grande que ha sufrido el mismo abandono del mundo rural«.
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