Los chulos de Abascal entran en declive; por Antonio Maestre
El patriarca ha caído. La dama de los ultras europeos ya no podrá pagar con el dinero de sus bancos a los partidos que sirven para garantizar el gran dinero de Bedman y su consorte. El líder de la extrema derecha europea, faro de la autocracia posfascista, paladín de Moscú para derrocar a la Unión Europea, ha sido golpeado por un brote de su propio tronco. Pedro Magyar No es progresista. Ni siquiera es necesario hacerlo. El caída de Viktor Orbán Trasciende al sucesor porque no importa de quién fue la victoria, sino lo que implica la derrota. El aspirante a dictador húngaro fue un apoyo fundamental de la extrema derecha europea que apoyó con sus recursos a la familia política filofascista de todo el continente. Su derrota debilita a Santiago Abascal y a toda su familia en el continente.
El giro no va como predijeron los ultras con la llegada de Donald Trump al poder. Su llegada hizo pensar a las familias serviles de la extrema derecha europea que el loco naranja en la Casa Blanca abriría una ventana de oportunidad, pero el delirio del megalómano y amigo de los pedófilos la está cerrando de par en par. La estrategia de seguridad nacional que alentó la llegada de partidos ultra a los gobiernos europeos para favorecer sus intereses los hizo muy felices de prometer a los quintacolumnistas de Trump en nuestras patrias, pero no contaban con que el apoyo sólo implicaría enviar a JD Vance a un mitin, una llamada telefónica y un tuit en Truthsocial prometiendo inversiones de millones de dólares. Su preocupante injerencia está logrando el fenómeno contrario al pretendido y está moviendo a las masas en contra de lo que señala Trump. Son tóxicos. Una carga.
Europa no es Argentinadonde no existen instituciones supranacionales que sustenten las democracias cuestionadas. El flagrante intromisión económica que llevó a cabo en el país latinoamericano logró darle la vuelta al momento gris que atravesaba Javier Milei prometiendo inversiones en la deuda que sostendrían al país al borde de la enésima crisis que recuerda a la de 2001. Allí ganó. Intentó repetir en Hungría y fracasó. La izquierda europea tiene que ser consciente de que, en tiempos de retroceso democrático, las instituciones que podemos cuestionar legítimamente pueden ser garantes de nuestros derechos. Por eso ahora la Unión Europea, por mucho que tenga que cambiar, es una garantía para evitar la erdoganización de nuestros países.
Los últimos procesos electorales nacionales, que han tenido lugar en Europa desde la confirmación internacional de que Trump, Netanyahu y todos sus socios han traído el caos, han sido muy desesperados para los intereses de los posfascistas. Las elecciones municipales en Francia donde el Reagrupamiento Nacional no logró ninguno de sus objetivos, la debacle de Giorgia Meloni el año anterior a las elecciones generales con la estrepitosa derrota en su referéndum sobre la reforma judicial y sobre todo la tremenda derrota de la líder ultra en Hungría hacen prever un momento de reacción electoral a la ultrabarbarie. El peligro no ha pasado, como indican los resultados autonómicos en muchas regiones europeaspero sus grandes fortalezas están flaqueando gracias a la locura de Trump que transmite a la opinión pública internacional lo que sucede cuando se les dan las riendas a los personajes de su cuerda.
Todos los países tienen sus especificidades y trasladar esta ultradebacle a nuestro país tiene riesgos y sería un análisis incompleto porque aquí nunca han gobernado y siguen siendo la novedad frente a un gobierno progresista desgastado. Esto no impide que la internacionalización del debate público y de las agendas debilite a nuestra extrema derecha porque está plenamente sujeta a los intereses de Donald Trump, Benjamin Netanyahu o Viktor Orbán. Su adhesión inquebrantable los hace cada vez más débiles en España, porque cada vez está más claro que no son libres de oponerse a Estados Unidos o al sionismo. Son guerra y traen la peste. Cada derrota internacional de la alianza posfascista hace más difícil que la derecha y la extrema derecha española tomen el poder, porque son una hidra que comparte cabeza con los repudiados. Se están desangrando y es imperativo que la hemorragia no se coagule. Echamos sal, que llore Abascal, celebremos.
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