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En el Mediterráneo hay ganadores y perdedores, pero la suma global es negativa

En el Mediterráneo hay ganadores y perdedores, pero la suma global es negativa
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  • Publishedabril 14, 2026




El Mediterráneo es otra de las regiones afectadas por la guerra de Irán, un conflicto que añade inestabilidad a una zona ya de por sí frágil. Esto es lo que señala a LA RAZÓN Joan Borrell, vicesecretario de la Unión por el Mediterráneo (UpM), organización dedicada a promover la cooperación y el diálogo. En una entrevista, Borrell -responsable de Estabilidad y Resiliencia- analiza las posibles consecuencias energéticas del conflicto y los retos a los que se enfrentan los países mediterráneos.

¿Cómo está afectando la guerra de Irán al Mediterráneo?

Las consecuencias para la energía y el transporte marítimo son tan graves y evidentes que afectan a nivel global. Para Asia principalmente la energía, para África los fertilizantes… Para el Mediterráneo la disrupción también es muy importante, aunque no sea igual para todos. Lo primero es que afecta a la percepción del riesgo, y cuando el riesgo aumenta, las primas de los seguros aumentan, la inversión baja, el turismo baja, la confianza en la inversión directa también baja… Evidentemente, afecta más al Mediterráneo Oriental y Oriente Medio, en países como Chipre, Israel y Jordania. Hay ganadores y perdedores, pero en general la suma global es negativa para toda la región porque al final el crecimiento económico se reducirá en toda la zona. De hecho, el Banco Mundial y el FMI apuntan a una reducción del crecimiento estimado y que, con la volatilidad financiera y el aumento de la inflación y la perturbación de todos los flujos, se traducirá en un peor escenario económico para la región. Lo que pasa es que llueve sobre mojado, porque esta crisis acentúa fragilidades que ya existían.

¿Cuáles son los principales desafíos de la región?

La región mediterránea tiene problemas muy graves de desequilibrio norte-sur. Desequilibrio económico y desequilibrio demográfico. La combinación de ambos se traduce en presión migratoria. Y la única manera de abordar esto es el desarrollo económico en el sur. La crisis alimentaria, la crisis del cambio climático, la crisis económica, el desempleo… todo ello se traduce en los problemas de presión migratoria que conocemos. Y creo que hay un tercer nivel que nos afecta, la Unión por el Mediterráneo. Somos una organización que trabaja para promover la cooperación entre los países del norte, sur y este del Mediterráneo. Tenemos países que están literalmente en guerra entre sí, como Israel y el Líbano, o no están en guerra, pero no tienen relaciones diplomáticas o las tienen muy deterioradas. Nuestra misión es crear espacios de diálogo a nivel técnico, incluso en contextos en los que los países se llevan muy mal. La guerra complica y genera crisis, que también complican nuestro trabajo.

En el actual contexto internacional, marcado por un aumento de las tensiones regionales, ¿considera que Gobiernos y Estados perciben hoy el Mediterráneo como un espacio menos seguro?

Sí, estos dos últimos años y ahora con esta aceleración con Irán, la región está en un momento difícil. Ahora, apostamos por un enfoque cooperativo entre países que permita avanzar en esto, porque el Mediterráneo siempre será un espacio de comercio, de interdependencia entre países y de movilidad. Y, para lograrlo, tiene que haber un espacio de cooperación. Sin duda, está el agravamiento del conflicto árabe-israelí, la entrada de Irán en la región… esto se solapa con otros conflictos que ya existen antes, como el cambio climático, la presión demográfica, la presión económica, la escasez de agua… Pero creo que casi todos somos conscientes de que estos desafíos son regionales. Un solo país no podrá afrontarlos por sí solo.

¿Qué tendencias observa en materia energética tras el inicio de la guerra?

Las consecuencias energéticas dependen en gran medida del tipo de países. Hay países que son productores, hay países que son importadores, hay países que tienen un muy buen sistema de energías renovables, hay países que están muy bien interconectados… Lo que sí noto es que ahora, con la guerra en Irán, no es sólo el tema emocional y el tema de seguridad, es el tema energético. Con el tema energético sí veo un cambio que aún no se ha asentado del todo. La inseguridad energética y el aumento de los hidrocarburos añaden leña al molino de quienes sostienen que hay que acelerar la transición energética. Los que dicen que hay que redoblar esfuerzos en energías renovables, porque, aunque tienen problemas de coste y sostenibilidad, merece la pena. Hay un cambio general en todos los países europeos cuando dicen «esto nos va a empujar a avanzar más rápido en temas de energías renovables». Es que, por muy rápido que avancemos, los hidrocarburos siguen siendo necesarios y seguirán siendo necesarios durante muchos años en el mix energético. No creo que en los próximos 20 años veamos en casi ningún país ningún mix energético que no incluya una parte importante de hidrocarburos, aunque se reduzca. Y es que las energías renovables no permiten almacenamiento; Por lo tanto, la única manera de avanzar en las energías renovables es aumentando la interconexión entre países, lo que requiere voluntad política.

¿En qué ámbitos es más fácil la cooperación entre los países mediterráneos?

En temas de cambio climático. Creo que todos entienden que todos salimos juntos o todos caemos juntos. También en materia de agua todo el mundo entiende que es fundamental. Que existen soluciones tecnológicas y que debemos cooperar porque realmente es una manera muy sencilla de mejorar la calidad de vida y la agricultura en los países del sur. En cuestiones energéticas hemos visto todas las dificultades, pero al mismo tiempo hay que reconocer que el sur tiene un potencial espectacular en términos de energías renovables. Luego, en temas de cooperación universitaria. Erasmus hizo mucho por los europeos y no hay razón para que modelos como este ayuden a los europeos a conocer los países del sur y viceversa.



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