La Administración Trump está entrando en una guerra de varios frentes con la Iglesia católica
James Martin (Plymouth Meeting, Pensilvania, 1960) es lo más parecido a una estrella del rock en el ecosistema jesuita. Editor de la influyente America Magazine, autor de superventas y con un pie siempre puesto en el barro de la opinión pública, Martin se ha convertido en el portavoz oficioso de ese catolicismo estadounidense que no se reconoce en el espejo de la extrema derecha. Su defensa de los migrantes y sus puentes tendidos a la comunidad LGTBI le han granjeado el cariño de los sectores más progresistas, pero también el odio más visceral de las corrientes más integristas, que lo tienen como el gran enemigo a batir.
[–>[–>[–>Este pasado lunes tampoco Martin se echó para atrás. Al revés. Tras las andanadas de Donald Trump, que cargó contra el papa León XIV tachándolo de «débil ante la delincuencia» y «pésimo en política internacional», el jesuita salió al paso de inmediato. Martin, que antes de colgar las corbatas para vestir el hábito pasó seis años analizando las finanzas en General Electric, sabe bien cómo se manejan los números y los símbolos. Con el músculo que le dan sus casi 300.000 seguidores en X y su presencia habitual en medios como la CNN, fue de los primeros en levantar el escudo en defensa del Papa. El jesuita respondió a preguntas de EL PERIÓDICO en medio de este cuerpo a cuerpo, un choque de trenes sin precedentes entre el Vaticano y el Despacho Oval.
[–> [–>[–>Usted tachó de «desquiciados, poco caritativos y anticristianos» los recientes comentarios de Donald Trump sobre el papa León XIV. ¿Qué fue lo que encontró más grave en este ataque?
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Que en lugar de plantear una discrepancia o expresar ciertas preocupaciones, asistimos a un ataque ad hominem contra el Papa por el mero hecho de, esencialmente, predicar el Evangelio.
[–>[–>[–>¿El ataque de Trump era de esperar o le sorprendió?
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Sinceramente, me sorprendió, a mí y a muchos otros. Por supuesto, el presidente suele atacar a sus oponentes en términos muy personales e incluso crueles. Pero uno habría pensado que el Papa estaba fuera de los límites, no solo por su estatura como líder moral, sino por una razón más práctica: hay muchos votantes católicos en los Estados Unidos. Me preocupa no solo porque degrada y embrutece aún más la conversación en este país y abre una brecha entre la Iglesia y la Administración, sino porque también aviva el sentimiento anticatólico, lo que en EEUU ha sido llamado de «último prejuicio aceptable». Les da permiso a algunos de los seguidores MAGA de Trump para odiar a los católicos.
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[–>¿Qué simbolismo e intención ve en la decisión de Trump de publicar una imagen generada por inteligencia artificial que le representaba como Jesucristo?
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Eso también fue bastante impactante. Publicar una imagen de uno mismo como Jesús es, por lo menos, vanidoso y, en el peor de los casos, idólatra. No es de extrañar que el presidente la borrara [tras la ola de críticas, Trump retiró su publicación] y luego trató de explicarlo como una imagen de sí mismo como «médico». (Habla irónicamente) Pero no conozco a muchos médicos que tengan manos brillantes y vistan batas rojas y blancas.
[–>[–>[–>La revista que usted dirige publicó recientemente un artículo que sostiene que la Administración Trump está entrando en una guerra directa con la Iglesia Católica. En su opinión, ¿cómo se manifiesta principalmente este conflicto?
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Como señalaba ese artículo, está ocurriendo en varios frentes. Hoy en día, las áreas más obvias son la migración y la guerra. Pero en ambos casos, Jesús nos da instrucciones claras en los Evangelios. Debemos acoger al extranjero. Y debemos trabajar por la paz. No se necesita un doctorado en estudios del Nuevo Testamento para entender esto.
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¿Cómo se percibe el contraste entre el Papa y Trump tanto dentro como fuera de la comunidad católica estadounidense?
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No estoy seguro de que muchos no católicos piensen demasiado en este contraste. Pero los católicos estadounidenses sí lo hacen. Casi todos los católicos que conozco, tanto progresistas como tradicionalistas, aman, o al menos admiran, al papa León. No puedo decir lo mismo de sus sentimientos hacia el presidente Trump.
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Hace unas semanas, se vio a Trump en la Casa Blanca rezando con líderes evangélicos en plena escalada de la tensión con Irán. ¿Qué lectura hace de ese gesto?
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No puedo saber qué pasaba por la mente de esos líderes evangélicos, pero es obvio que están pidiendo el apoyo de Dios para el presidente. El problema es que esto podría interpretarse fácilmente como una declaración pública de que Dios está, de alguna manera, a favor de la guerra. Existe, por tanto, una tensión entre pedir la protección divina para las tropas estadounidenses y afirmar que Dios está de «nuestro lado».
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