Claudia y los libros de trenes
Como soy mayor pero no estúpida, el otro día intenté sacar un billete Cáceres-Madrid en la web de Renfe. Me fue imposible y, aunque se debiera a mi reconocida aunque combatida a diario incompetencia digital, numerosos amigos y conocidos jóvenes coincidían en que a ellos les había pasado lo mismo. Tan incompetente no soy, porque conseguí billete –carísimo- en bus, pues la página de la compañía es una cosa normal de esas que con pinchar, continuar y pagar con tarjeta te manda el ticket a tu correo, tan sencillo como comprar una entrada en un multicines.
[–>[–>[–>Pero con los trenes todo es complicado, desde llegar puntual a que circulen estos con normalidad, pasando por sacar un billete en línea o salir a la calle de la estación de Atocha. A lo mejor por eso, porque ya entonces funcionaban como el orto, Claudia Montes, la amiga de Ábalos virtual (porque le ayudaba a culturizarse políticamente y no la miraba mal ni le metía miedo como Koldo), se aplicó en su trabajo y, aunque no iba a su puesto, pues la tenían cara a la pared y sin ordenador (que ella no es mayor ni tampoco idiota y le mola la informática), acudía a la biblioteca cada día para leer libros de trenes.
[–> [–>[–>Severamente se sorprendió el interrogador por que hiciera eso en horario de trabajo, pero una, que ama los libros, justifica a Claudia, que en lugar de protestar se dedicó a ilustrarse. ¿Qué leería la ex mis? ¿Se deleitaría con novelas de suspense como Asesinato en el Oriente Exprés, Extraños en un tren o La chica del tren? ¿Preferiría relatos cortos como «El tren de las tres y diez», historias reales como El maquinista de la general, o narraciones profundas y terribles como El tren llegó puntual?
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Suertuda Claudia que en tiempos del antecesor de Óscar Puente, ministro actual de transportes que funcionan trágicamente mal, gracias a un enchufe que nunca le confesó Jose, pudo deleitarse con Agatha Christie, Milan Kundera o Patricia Higshmith. Al menos alguien hizo algo intelectual en aquel carajal de sexo, enchufes y dispendios pagados con nuestro dinero.
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