Contaremos que nuestros políticos son peligrosos
María Eugenia perdió a su marido en el accidente. «Mi vida está destrozada. Mi marido se ha ido», nos dijo, tratando de contener las lágrimas. Ambos viajaban en el forma Iryo. Volvían de Málaga a Madrid, después de un fin de semana en pareja. Tenía 52 años. «Era una ruleta rusa bastante macabra», dice.
Como el resto de familiares de las víctimas, declara: “Queremos exigir justicia y verdad. Sentimos que se están burlando de las víctimas”. Piden a instituciones y políticos que aclaren responsabilidades: «Me siento muy impotente. Nos sentimos frustrados y desmoralizados», añade María Eugenia. Aún no se ha recuperado físicamente de las lesiones provocadas por el accidente y mucho menos psicológicamente. Aunque puede volver a caminar, por ahora debe utilizar una silla de ruedas: “Ni el dinero ni la compensación compensarán mi vida”.
María Fernanda perdió a su hijo Agustín, que llevaba veinte años formando parte de la tripulación del AVE. Entre lágrimasDijo que le habían robado la vida: «Me dijo que los caminos estaban muy malos y que el día menos pensado lo iban a recoger con cucharas, porque estaba todo terrible». Y agrega: “Recuerdo que me decía que ‘un día iba a pasar algo malo, pero nunca creí que le iba a pasar a mi hijo’.
Agustín tenía 39 años y ahora su madre se siente engañada: “Esto no se puede permitir, Se sabía que muchos tramos de la carretera estaban en malas condiciones.“Dice que no le convencen las explicaciones que le están dando”.
47 sillas vacías
Se quejan de que a estas alturas nadie les ha pedido disculpas. Exigen la verdad y que se respete su dolor. «Queremos responsabilidades y acciones. Queremos dimisiones y dignidad política», subrayó el portavoz de la Asociación de Víctimas del Descarrilamiento de Adamuz, Mario Samper. Se dice que Adamuz no fue un accidente, sino una masa de irresponsabilidades.
Alba, vino en coche desde Huelva, porque dice que no puede subir a tren. Nos cuenta que se siente afortunada de que su madre y su hermana se estén recuperando de las heridas que sufrieron. Una dura prueba que nunca olvidarán: “Para nosotros, ellas renacen”. Y añade: “Mi hermana y mi madre no tienen fuerzas para estar aquí, por eso estoy aquí. Hay que exigir justicia, hay muchas víctimas que lamentablemente ya no tienen voz”.
Leyeron un manifiesto, el mismo que los representantes de la asociación entregaron a la secretaría del Congreso. Un texto con palabras duras. Porque 87 años después, la herida de Adamuz sigue abierta.
En tu corazón y en tu memoria cada una de las víctimas. Para ellos colocaron 47 sillas vacías, 46 nombres de quienes perdieron la vida en el accidente de Adamuz y otro, el del maquinista del tren sevillano fallecido en el accidente de Rodalies de Gelida, ocurrido poco después.
47 familias truncadas que exigen el cumplimiento de responsabilidades para que tragedias como estos, no volverá a suceder.
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