Feijoo, el gran polemista del Siglo XVIII
El ciclo con motivo del Ciclo por el Tricentenario del Teatro Crítico del Padre Feijoo, continúa el miércoles 22 de abril, a las 19.30 horas, en el Club LA NUEVA ESPAÑA, con la charla «Feijoo, el gran polemista del siglo XVIII», a cargo de Xaime Martínez Menéndez, escritor y músico, que analizará la faceta de Benito Jerónimo Feijoo como polemista. Serás presentado por Eduardo San José, catedrático de Filología de la Universidad de Oviedo e investigador del Instituto de Estudios Padre Feijoo.
Xaime Martínez (Uviedo, 1993) es músico, filólogo y escritor en español y asturiano. Suyos son los poemarios Fuego cruzado (Hiperión, 2014) e Hibernia (Saltadera, 2017). Con cuerpos perdidos en morgues. Una novela policíaca (Ultramarinos, 2018) ganó el Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández, cuyo jurado destacó su lectura innovadora del poema y el uso ficcional de la poesía. Su obra ha aparecido en antologías como Nacer en otro tiempo (Renacimiento, 2016) o Millennials: nueve poetas (Alba, 2022). Como músico formó parte del grupo artfolk La Bande, con quien publicó dos álbumes. Como solista editó el libro-álbum Ósculos d& x02019;agua nel Imperiu asturianu (Araz, 2018). La Fuerza, publicada originalmente en asturiano por Hoja de Lata, fue su primera novela.
Feijoo, el gran divulgador de las Luces
El padre Feijoo, uno de los autores más representativos de la Ilustración, contribuyó a la formación del ensayo como género literario en nuestra literatura y difundió a través de su obra nuevas ideas filosóficas, críticas y científicas. Pasó más de medio siglo retirado en el monasterio de San Vicente de Oviedo, salvo dos visitas a Madrid en 1726 y 1728 para gestionar la publicación de sus libros. A pesar de su vida conventual, fue el gran divulgador de la Ilustración en nuestro país y uno de los españoles más cultos de su tiempo, pues a través de suscripciones a numerosas publicaciones nacionales y extranjeras estaba al tanto de todo lo que se escribía y ocurría en el mundo. Nació en una familia perteneciente a un antiguo linaje de nobles. Sus padres, Antonio Feijoo Montenegro y María de Puga Sandoval, eran personas interesadas en la literatura, dueños de una buena biblioteca y amantes de las tertulias. A pesar de ser el primogénito, decidieron que debía desarrollar sus cualidades naturales.
Estudió literatura antigua en Allariz y luego realizó sus estudios regulares en el Real Colegio de San Esteban de Rivas de Sil, situado a pocos kilómetros de su pueblo natal. No se sabe nada de su educación posterior hasta 1690, fecha en la que tomó el hábito de San Benito en el monasterio de San Julián de Samos y renunció a la primogenitura. Tras su profesión en la Orden Benedictina, a los dieciséis años, continuó su formación en otros centros monásticos: el colegio de San Salvador de Lérez, el de San Vicente (Salamanca), y el de San Pedro de Eslonza (León). Desde 1709 fue profesor de Teología en el monasterio de San Vicente de Oviedo, ciudad en la que residió a partir de esta fecha.
Ese mismo año se licenció y doctoró en Teología por la Universidad de Oviedo, donde, entre 1710 y 1721, ocupó la Cátedra de Teología de Santo Tomás. En este lugar, Feijoo se sintió más libre para expresar sus ideas, ya que le parecía menos dominado por la ideología que en la Corte. El ambiente de la montaña y del mar le resultaba agradable, ya que era un hombre que amaba el aire puro y la vida sencilla. También gozó de prestigio dentro de su orden, aunque su personalidad encontró mejor encaje en el ambiente académico universitario. Sin embargo, la realidad de aquellos años difíciles en los que Asturias estaba arrasada por el hambre tuvo que sacudirle de sus reflexiones intelectuales. Fue un punto de partida para tomar conciencia de la crisis de la cultura y de la sociedad, y remediar la situación de abandono que existía en el país.
En 1721 fue nombrado abad de su monasterio por dos años, y posteriormente, entre 1729 y 1737, ocupó también este cargo. En 1724 pasó a la cátedra de Teología Superior en Vísperas, y en 1739 fue honrado con la de Prima de la misma Facultad. Por motivos de salud se retiró de la vida pública en 1739 y a partir de entonces se dedicó a su labor como escritor hasta la fecha de su muerte en la capital asturiana.
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