sus usos reales y límites según la OCU
El jabón de Lagarto lleva más de un siglo colándose en los hogares españoles. Lo que empezó como un básico de limpieza sigue hoy en día ocupando un lugar fijo en muchas casas. Su olor, de los de «toda la vida» y su composición sencilla lo han convertido en un producto tradicional, pero también en objeto de debate: ¿sirve realmente para todo?
[–>[–>[–>Formatos y precio: parte de su éxito
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Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), uno de sus mayores atractivos es su versatilidad. Está disponible en varios formatos —pastilla, escamas o líquido— y su precio económico lo convierte en la mejor opción frente a otros productos de limpieza más especializados. En la mayoría de casos, puede sustituir varios de ellos sin disparar el gasto.
[–> [–>[–>Un aliado contra las manchas difíciles
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Uno de los puntos fuertes del producto es que destaca especialmente es en la eliminación de manchas. Según la OCU Funciona bien «contra grasa, sudor, restos de comida o maquillaje». Basta con frotar unos minutos directamente sobre la prenda antes de meterla en la lavadora. Sin embargo, no es aplicable a todo tipo de suciedad: manchas como las de vino tinto, rotulador u óxido se le resisten más.
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Limpieza del hogar
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La OCU también destaca su eficacia en tareas domésticas. «Es eficaz en casa para fregar el suelo de la cocina con unas virutas en el cubo», apuntan. Además, resulta útil «para desengrasar encimeras, campanas extractoras y menaje». Incluso «sirve para limpiar azulejos, lavabos o platos de ducha si se aplica con una bayeta suave», rematan.
[–>[–>[–>NO es para uso personal
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Pese a su extendida fama de “jabón para todo”, hay un límite importante. La OCU advierte que su uso no es adecuado para la higiene personal. «Su pH alcalino, superior a 13, puede resultar agresivo, especialmente en pieles secas o sensibles, provocando irritación o sequedad», señalan rompiendo con un falso mito.
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Una opción sostenible
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En el ámbito medioambiental, el jabón Lagarto se sitúa en la cúspide. Según la OCU «es biodegradable, reciclable y no contiene fosfatos», lo que lo convierte en una opción más sostenible frente a otros detergentes convencionales.
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