Las izquierdas mundiales se conjuran en Barcelona para hacer frente común a la extrema derecha
Con la sombra del conflicto en Oriente Medio iniciado por el presidente Donald Trump y del que el mundo entero siente el impacto, Barcelona acogió este viernes la Global Progressive Mobilisation, donde líderes de izquierda de todo el mundo se conjuraron para crear un frente común contra la extrema derecha y ondearon la bandera de la diplomacia y el ‘no a la guerra’.
[–>[–>[–>El ministro de Exteriores de España, José Manuel Albares, llevó un mensaje inequívoco sobre Irán: la crisis sigue abierta pese al paso al lado de EEUU y la situación en el estrecho de Ormuz no puede darse por normalizada. «Se mantiene el bloqueo naval por parte de Estados Unidos», advirtió el ministro, antes de subrayar que no existe todavía una apertura «total, libre y segura» y que esa apertura debe producirse «por parte de todos». Fue, dijo, «un paso adelante, un buen gesto», pero insuficiente para despejar la incertidumbre.
[–> [–>[–>En ese marco, Albares defendió que las fuerzas progresistas deben dar «esperanza» y «poner por delante la cooperación» frente a quienes prefieren «la confrontación y la guerra«. El ministro llevó esa lógica al terreno europeo. «Tenemos que decidir, como el resto del mundo, si queremos orden mundial o queremos un mundo de caos«, y recordó que «la Unión Europea es una construcción de paz». También reclamó una política exterior que defienda «los mismos principios en todas partes», «ya sea en Ucrania, en Gaza, en Líbano», y remató con una frase dirigida contra los dobles raseros: «si los niños tienen el pelo rubio y los ojos azules o tienen el pelo oscuro y los ojos oscuros, son los mismos principios«.
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Se hizo eco de ese mensaje la vicepresidenta de la Comisión Europea, Teresa Ribera, que reivindicó la «defensa del derecho internacional, el respeto mutuo y la construcción de soluciones» frente al «uso de la fuerza» para imponer decisiones. Pidió a los progresistas no callar ante la desigualdad y las injusticias: «Necesitamos levantarnos y no callar cuando vemos cosas que no nos gustan. Necesitamos estar listos para luchar», dijo la líder, que ha ido más lejos que la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, al calificar de «genocidio» la ofensiva de Israel en Gaza.
[–>[–>[–>El mensaje de Zapatero
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El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, por su parte, situó el foco en una contradicción que, a su juicio, define el momento actual: mientras el gasto en defensa crece, la cooperación al desarrollo retrocede. «Estamos llevando el gasto de defensa al nivel más alto» mientras la ayuda para combatir la pobreza y la desigualdad se está «reduciendo un 25% en el mundo», recalcó. En respuesta, hizo un llamamiento a una gran «movilización contra la guerra como la de Irak o como la de Vietnam».
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Zapatero reclamó «más internacionalismo» y «determinación» en un momento en que, dijo, «nos estamos jugando qué siglo XXI queremos». También defendió que el gran horizonte político debe ser «la solución pacífica de los conflictos» y que la izquierda internacional llegue a 2030 con «una propuesta común».
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[–>Palestina, con España en primer plano
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El ex primer ministro de la Autoridad Palestina, Mohammad Shtayyeh, arrancó con un agradecimiento explícito a España, y definió al presidente Pedro Sánchez como «un luchador por la paz y la justicia» y «firme del lado correcto de la historia». Y lanzó una advertencia al resto del mundo: «(Binyamín) Netanyahu cree que, llevando la guerra a Irán, desplazará la atención de Palestina, pero no lo conseguirá».
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Shtayyeh sostuvo que la solución de dos Estados sigue siendo imprescindible, pero denunció una «destrucción sistemática» de esa posibilidad sobre el terreno ya que Israel ya es un Estado pero a Palestina no le dejan serlo. Señaló la presencia de 881.000 colonos en territorios palestinos «ilegalmente expropiados». También reclamó una defensa mucho más firme del derecho internacional y condenó a los gobiernos que permiten visitas de Netanyahu sin arrestarle: «Necesitamos reforzar la Corte Penal Internacional para que pueda tomar decisiones aplicables, no solo dejar papeles en las estanterías», insistió.
[–>[–>[–>La ministra de Igualdad, Ana Redondo, el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y la Primera Dama de Brasil, Janja Lula da Silva, este viernes en Barcelona. / ALBERTO ESTÉVEZ / EFE
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Latinoamérica, retrocesos y resistencia
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La brasileña Janja Lula da Silva, socióloga, enviada especial para las mujeres en la COP30 y primera dama de Brasil, llevó al debate el impacto de la extrema derecha sobre la vida de las mujeres. «En Brasil cuatro mujeres mueren al día por el simple hecho de ser mujeres», alertó, antes de denunciar que la extrema derecha no tiene «ningún interés en defender la vida de las mujeres». Habló de un país atravesado por los feminicidios y reivindicó la respuesta institucional impulsada por Lula con el Pacto Nacional contra los Feminicidios.
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Desde El Salvador, la diputada Claudia Ortiz desmontó el llamado ‘modelo salvadoreño’. «No hay nada que aprender de El Salvador», resumió, al denunciar que detrás del discurso de la seguridad hay «ausencia de debido proceso», además de denuncias de «torturas y muertes bajo custodia». Pero rechazó una salida nostálgica y defendió que «no necesitamos volver a la vieja democracia, sino reconstruir una nueva», con equilibrio de poderes y vigilancia internacional real.
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También Giorgio Jackson, exministro chileno y director ejecutivo del Congreso Panamericano, alertó sobre la circulación regional de las fórmulas de la nueva derecha inspiradas en la «receta de Steve Bannon«, el asesor de Donald Trump. «Son buenos haciendo campaña, haciendo promesas, pero no ofreciendo soluciones». Y aunque admitió la dificultad, insistió en la necesidad de «aunar una oposición diversa» de izquierdas.
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El coste de la vida como fractura global
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El coste de la vida apareció en el foro como expresión tangible de las desigualdades que atraviesan a todo el mundo. La eurodiputada socialista Lina Gálvez lo resumió con una idea sencilla: «La inflación no golpea igual a todo el mundo», siendo las personas con menos recursos las más vulnerables.
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Gálvez añadió que esa desigualdad afecta con más dureza a las mujeres, porque «cobran menos, dependen más de los servicios públicos y siguen asumiendo buena parte de los cuidados no remunerados». Su advertencia fue clara: cuando el Estado se retira y deja intactas esas brechas, la extrema derecha encuentra terreno fértil. Sin justicia social, vino a decir, también se erosionan los consensos democráticos.
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La vicepresidenta primera y comisaria de Competencia de la Comisión Europea, Teresa Ribera, participa en la cumbre internacional ‘Global Progressive Mobilisation’, en Barcelona / Alberto Estevez / EFE
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La crisis de la vivienda fue el foco del alcalde de Atenas, Haris Doukas: Grecia registra una de las mayores subidas de alquileres de la UE y en Atenas un piso de un dormitorio ya exige «el 70% del salario», mientras uno de dos dormitorios se lleva «casi todo el sueldo». La receta que propone la coalición de alcaldes entre los que se cuenta el de Barcelona, Jaume Collboni, pasa por el control de alquileres, limitar los arrendamientos de corta duración, proteger frente a los desahucios e invertir en vivienda asequible.
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La jornada de este viernes se cerró con una cena de líderes en el Museu Nacional d’Art de Catalunya. Entre los asistentes figuran Pedro Sánchez, Isabel Allende, Luiz Inácio Lula da Silva, António Costa y Teresa Ribera. La escena quiere condensar la aspiración central del foro: convertir la plataforma nacida en Barcelona en un frente estable de colaboración política ante el avance de la extrema derecha.
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