Irán, 50 días en guerra y sin internet: «No tenemos ni alertas ni nada»
A Fatemeh, una iraní residente en Turquía, las conversaciones con su familia dentro de Irán durante las últimas cinco semanas siempre se le hacen cortas. Son todas parecidas y, todas, acaban abruptamente: «‘¡Hola! ¿Cómo estáis? ¿Ha pasado algo?’ ‘No, por aquí todo bien. De momento estamos todo bien, no te preocupes'».
[–>[–>[–>Fatemeh, de hecho, asegura que muchas veces las charlas se quedan ahí, a medias, tras unos pocos segundos después de conectar, porque las líneas de teléfono en el país no solo flojean, sino que están saturadas enun país que busca información, que busca saber si sus familiares y amigos se han visto afectados por el último bombardeo, del que saben muy poco.
[–> [–>[–>A los iranís les cuesta acceder a información sobre la guerra en curso y el origen está en el bloqueo casi total de internet impuesto en el país desde el inicio de la ofensiva israelí y estadounidense contra la República Islámica, el pasado 28 de febrero. Ese día, la aviación israelí consiguió matar por sorpresa al entonces líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí.
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Desde entonces, Irán ha bloqueado todo acceso a internet dentro del país, citando razones de seguridad: para que, básicamente, sus propios ciudadanos no pasen coordenadas e información «al enemigo».
[–>[–>[–>Pero el cierre de las redes provoca enormes daños, no solo para los iraníes fuera del país, que intentan saber qué es de sus familiares, sino para las víctimas de los ataques, gente cuyos edificios pueden han sido destruidos o que ha perdido a familiares atrapados bajo los escombros. «Por suerte, ahora nos hemos podido relajar algo con el alto el fuego. Ahora como mínimo sabemos que las posibilidades de que les pase algo a mis amigos y familiares son mucho más bajas, pero durante la guerra fue muy difícil. Siempre tenía ese pensamiento en la cabeza: ¿Y si no lo sé aún, pero le ha pasado algo a mi madre? ¿Y si mi amiga en Teherán se ha visto afectada por el ataque israelí de esta mañana? Cada día era una repetición de lo mismo, hasta que conseguíamos hablar por unos segundos», explica Fatemeh.
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Un cierre prolongado
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A pesar de que las bombas han callado —temporalmente, eso sí, gracias al alto el fuego declarado por Pakistán la semana pasada—, Irán sigue manteniendo su bloqueo de internet, por casi 50 días consecutivos. La medida no es nueva: Teherán ha hizo lo mismo, también por varias semanas, en enero de este año, cuando todo el país fue sacudido por la ola de manifestaciones más importante en irán desde 1979, el año de la revolución islámica y de la instauración del régimen actual iraní.
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[–>Esas manifestaciones terminaron abruptamente, tras dos días, el 7 y el 8 de enero, de represión, matanzas y brutalidad policial. Varias oenegés cifran las muertes en más de 10.000 personas, sobre todo en esos dos días. Testigos visuales aseguraron a este periódico que agentes de policía y paramilitares del gobierno iraní disparaban a bocajarro con escopetas y pistolas contra los protestantes.
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El bloqueo actual a internet, sin embargo, dista enormemente del de enero. Entonces, cerca de 50.000 personas en el país tenían estaciones de Starlink, el servicio de internet satelital desarrollado por de Elon Musk, que permiten el acceso a internet directamente a través de satélite. Eso permitió que, entonces, se filtrasen algunas imágenes y vídeos de las protestas. Desde entonces, las autoridades iraníes han multiplicado su presión contra estos usuarios, y han detenido a varias decenas de personas por la posesión de estos aparatos. Poseer un starlink en irán puede acarrear la acusación de «espionaje», lo que acarrea la pena de muerte.
[–>[–>[–>Además, desde enero, Irán ha promovido una especie de internet nacional propio, cerrado al mundo exterior, que permite el cierre de las redes pero manteniendo abierto el sistema autóctono de páginas gubernamentales y de bancos. En esta internet nacional, la República Islámica también ha desarrollado sus aplicaciones propias de mensajería.
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Apenas nadie ls usa, por el temor de ser vigilados. «Nosotros preferimos hablar por teléfono, aunque sea en llamadas muy cortas. Muchos tenemos la sensación que el gobierno empezará a vigilar mucho más a la gente, más aún cuando acabe la guerra. Así que no. Muchos nos negamos a usar este sistema nacional, que parece hecho para controlar a la gente más que nada. Si no, ¿por qué cerrar todo internet?», se pregunta Fatemeh.
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Una economía hundida
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El cierre de la conectividad también ha dañado enormemente a la economía iraní, hundida desde hace meses. Las protestas de enero, de hecho, arrancaron en los bazares de Teherán y Tabriz, ante la enorme devaluación del rial, la moneda iraní, en diciembre.
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«En Irán tenemos a 10 millones de personas empleadas en sectores de la economía que dependen de la conexión a internet o de ventas online. Estos negocios están ahora claramente en un enorme riesgo de quiebra», ha declarado Majid Jakpur, director de la Asociación de Negocios de Internet en Teherán.
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«Todo esto me apena mucho —se lamenta Fatemeh—. Cuando los países del Golfo e Israel han sido atacados, la gente allí recibe notificaciones del gobierno, alertas en el teléfono, puede saber a través de las noticias dónde esconderse. Los iraníes no tenemos nada. Ni alerta, ni lugares seguros. Ni internet».
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