GLOBAL PROGRESSIVE FORUM EN BARCELONA
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, denunció en Barcelona la deriva belicista liderada por Estados Unidos, con el genocidio de Israel en Gaza, y los ataques de EEUU e Israel contra Irán que han abierto una nueva guerra. «Por el amor de Dios, cumplan con su obligación de garantizar la paz del mundo y paren esta locura de la guerra, porque el mundo no la soporta más«, reclamó Lula, que también defendió que «hay que restituir la credibilidad de la ONU, corroída por la irresponsabilidad de sus miembros permanentes».
[–>[–>[–>«La invasión de Irak fue una mentira. La destrucción de Libia fue otra mentira. Y el genocidio cometido en Gaza es otra gran mentira«, dijo ante una audiencia que se alzó en pie en el foro de izquierdas mundiales, el Global Progressive Forum, que se celebra este fin de semana en Barcelona. Alertó de que el mundo vive una deriva peligrosa: «Hoy tenemos la mayor cantidad de conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial». Y frente a ese escenario, insistió en una idea de fondo: «Defender la política internacional hoy es defender un multilateralismo reformado. Es defender que prevalezca el derecho sobre la fuerza y que la paz prevalezca sobre la guerra».
[–> [–>[–>Gaza, la guerra y el pulso geopolítico
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En su crítica a Israel, a la guerra en Oriente Medio y al deterioro del sistema internacional, Lula apeló a frenar la escalada. «No quiero guerra. Quiero paz, amor, fraternidad y ver al mundo progresar para que el pueblo viva mejor y con dignidad», afirmó. Remató esa idea con una frase de cierre casi programática: «Mi arma es el argumento. Mi arma es la razón».
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Señaló sin tapujos al EEUU de Donald Trump como creador de sucesivas guerras y crisis derivadas, desde los aranceles hasta el cierre del estrecho de Ormuz. «No queremos una Guerra Fría entre China y Estados Unidos. Queremos libertad y libre comercio; no queremos proteccionismo», dijo. Y dejó otra advertencia de calado: «Esta lucha tiene que ser global. De nada sirve mantener la casa en orden en un mundo en desorden».
[–>[–>[–>Medio ambiente en el pleno de la Movilización Progresista Mundial durante la intervención de Lula da Silva / Jordi Otix / EPC
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Irán, la ONU y el sur global
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Lula puso sobre la mesa su propia experiencia personal tratando de contribuir a la resolución del conflicto en Oriente Medio desde la diplomacia: «En 2010 fui a Irán, junto con Turquía y con India, a negociar un acuerdo para que no enriqueciera uranio por encima de ciertos límites. Después de dos días, conseguimos un acuerdo«, recordó. Según explicó, aquella vía fue desactivada por Occidente: «Cuando publicamos el acuerdo, pensé que nos iban a felicitar. Pero la Unión Europea y Estados Unidos no lo aceptaron«.
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Expuso así el doble rasero de Occidente: «Ahora vuelven a intentar construir la idea de que Irán iba a fabricar una bomba atómica. Nosotros necesitamos acabar con esa costumbre de mentir sobre los pueblos y después destruirlos«, afirmó. También denunció que «el sur global paga la cuenta de guerras que no provocó y de crisis que no causó» y que hoy es tratado «como rehén de las grandes potencias, asfixiado por aranceles abusivos y por deudas impagables».
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[–>Para Lula, parte del problema está en la parálisis institucional del sistema nacido tras 1945. «Las Naciones Unidas fueron creadas después de la Segunda Guerra Mundial para cuidar la paz, la cordialidad y la fraternidad, pero el Consejo de Seguridad se ha convertido en un bloqueo permanente«, aseguró, que impide por ejemplo tomar medidas contra Israel.
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Autocrítica progresista y desigualdad
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El mandatario también hizo una autocrítica del espacio progresista y reconoció que, aunque la izquierda avanzó en Brasil en favor de los derechos y mejoró la vida de trabajadores, mujeres y población negra, no logró romper el marco económico dominante. «Pero el progresismo no logró superar el pensamiento económico neoliberal. Ese proyecto prometió prosperidad y entregó crisis, dificultades y sufrimiento», sostuvo.
[–>[–>[–>En ese punto reclamó una enmienda interna sin rodeos. «No podemos ganar unas elecciones con un programa y después traicionar la confianza del pueblo«, señaló, y defendió que, incluso cuando parte de la sociedad no se define como progresista, sigue aspirando a un horizonte muy reconocible: «Aunque buena parte de la población no se vea a sí misma como progresista, quiere exactamente lo que nosotros proponemos: comer bien, vivir bien, escuelas de calidad, hospitales de calidad, empleo digno, una jornada equilibrada y un salario justo».
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Lula situó además la desigualdad en el centro de su diagnóstico político. «Nuestro papel es señalar a los verdaderos culpables. Un puñado de multimillonarios concentra la mayor parte de la riqueza mundial», dijo. A continuación cargó contra «la falacia de la meritocracia», porque, en sus palabras, esos sectores «patean la escalera para que los demás no tengan la misma oportunidad de subir«. La conclusión fue tajante: «La desigualdad no es un hecho natural: es una elección política«.
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El presidente de Brasil, Lula da Silva, participa en el Foro Global Progresista de Barcelona / JORDI OTIX/ EL PERIÓDICO
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Democracia, vida cotidiana y cierre personal
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En el tramo final, Lula bajó el foco de la geopolítica a la vida diaria: «La democracia se elige cada día«, afirmó. Y lo aterrizó con imágenes cotidianas: «No hay democracia cuando una madre pasa horas en un autobús abarrotado y no puede darle un beso de buenas noches a su hijo». Tampoco, añadió, «cuando alguien es discriminado por el color de su piel» o «cuando una mujer muere simplemente por ser mujer».
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Lula pidió cambiar el clima político: «Tenemos que sustituir el desaliento por los sueños y el odio por la esperanza». Enmarcó el foro de Barcelona (que impulsa él mismo junto a Pedro Sánchez) en una tarea mayor: rearmar al progresismo para proyectar «un futuro mejor, con justicia social, igualdad y democracia».
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El cierre fue más personal. “Tengo 80 años. Empecé a hacer política a los 30. Salí de una región muy pobre de mi país para no morir de hambre”, compartió, y añadió: “Uno no envejece por cumplir años; envejece quien pierde una causa”, algo a lo que no se mostró dispuesto. “Mi causa es la democracia. Mi causa es la libertad”, concluyó.
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